Crítica de ‘La inocencia’: La vida sometida al “¿qué dirán?”

Las críticas de José F. Pérez Pertejo: 
La inocencia
 

1.Estado del alma limpia de culpa. 2. Exención de culpa en un delito o en una mala acción. 3. Candor, sencillez.

Estas son las tres acepciones que el diccionario de la lengua española recoge en la entrada de la palabra inocencia. Y es, fundamentalmente, a su tercera acepción (sin desdeñar las dos primeras) a la que Lucía Alemany recurre en su primer largometraje, La inocencia, para barnizar de candor y sencillez a su protagonista, una cría de 16 años en ese momento vital en el que está a punto de perder la cualidad que da título al film.

Existen decenas (puede que centenares) de películas sobre la pérdida de la inocencia, lo que hace particular la de Lucía Alemany es el hecho de situarla en un medio rural en una época como la actual en la que incluso en los pueblos más aislados (y no es el caso del pueblo donde tiene lugar la película) la sociedad urbana ha impuesto muchos de sus modos y maneras. Alemany acierta al recrear la atmósfera un tanto opresiva en la que se desarrolla la vida de esta joven y sus amigos, un medio en el que todo el mundo conoce a todo el mundo y nadie puede hacer nada que se salga de lo “normal” sin convertirse en la comidilla de vecinos y familiares.

También supone un acierto de la concepción de la película hacer que su trama suceda durante las fiestas patronales, lo cual, además de para retratar algunas de las tradiciones de su propio pueblo, la localidad castellonense de Traiguera, sirve a Alemany para dar fuerza argumental y credibilidad a algunas de las cosas que suceden en el film. La protagonista, Lis, magníficamente encarnada por la jovencísima Carmen Arrufat transita por esa época de incertidumbres e inseguridades en la que todos tratamos de construir una identidad sin saber muy bien lo que estamos haciendo. Lis tiene un novio al que no quiere llamar novio, unas amigas un tanto superficiales y puñeteras (a excepción de una) y unos padres demasiado antiguos, demasiado preocupados por el “qué dirán” que durante tanto tiempo determinó la manera de comportarse de tanta gente.

Pero además Lis tiene un sueño, el de convertirse en artista de circo, algo demasiado poco convencional para la estrechez de miras de sus padres y vecinos. La escuela de artistas de circo de Barcelona se presenta como el paraíso: la única escapatoria posible de ese pueblo que la encierra, de esos padres que la reprimen, de esas amigas que la cohiben y de ese novio (Joel Bosqued) que no termina de acertar a quererla. 

Lucía Alemany suple cierta inexperiencia en la puesta en escena con un desbordante desparpajo filmando, la narración fluye sin desmayo, sin tiempos muertos, sin contemplaciones y sin permitir nunca que lo anecdótico se coma lo sustancial que no es otra cosa que el personaje de Lis y su atribulado momento vital. El derroche de naturalidad tanto en la filmación como en las interpretaciones es sin lugar a dudas el mayor activo de un film que, sin embargo, adolece de cierta inconsistencia en la construcción de los personajes, algo que, en mi opinión, procede de un guion al que le habría venido bien una mayor carga de profundidad.

Sergi López y Laia Marull son dos intérpretes magníficos y están fantásticos como los padres de Lis pero sus personajes son tan arquetípicos, especialmente en el caso del padre, un bruto de manual, que no caben matices ni sutilezas a la hora de abordar las situaciones. Un poco más matizado está el papel de la madre en la que parece adivinarse cierto deseo de que su hija no se convierta en lo que ella se ha visto obligada a ser: abnegada esposa y madre continuamente pendiente de “ser y parecer” como la mujer del César, para no dar que hablar.

Pero sin lugar a dudas lo más destacable del film es la irrupción de Carmen Arrufat asumiendo un protagonismo absoluto (no creo que haya muchos planos en los que ella no esté presente) con un auténtico derroche de naturalidad y autenticidad en esa búsqueda de libertad y en su incapacidad para la asunción de responsabilidades. Su Lis resulta creíble cuando ríe, cuando llora, cuando agacha la mirada y cuando decide que la única manera de sentirse cómoda en el mundo es mirándolo del revés.


¿Qué te ha parecido la película?

6

Puntuación

6.0/10

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