Crítica de ‘Génesis’: Crónica de la adolescencia y otras turbulencias

Las críticas de José F. Pérez Pertejo: 
Génesis 
 
La adolescencia es esa edad en la que (casi) todo queda por delante, en la que hay que empezar a tomar decisiones, algunas de ellas de las más trascendentes de la vida, justo cuando uno menos ganas tiene de tomar decisiones y, probablemente, menos preparado esté para hacerlo a pesar del casi total convencimiento de saberlo todo. La edad del despertar al deseo sexual, de fraguar las ambiciones personales, de querer cambiar el mundo para luego comérselo, de divertirse sin límite, de desobedecer por regla, de oponerse a todo lo establecido, de pedir explicaciones a todo, de cuestionar la educación recibida y de empezar a tomar conciencia de que no existen los paraísos de fantasía en los que nos refugiábamos cuando la infancia apretaba las entrañas ni los príncipes azules o las princesas encantadas a las que rescatar con un beso.

De la adolescencia se ocupa en su tercer largometraje el canadiense Philippe Lesage, documentalista en sus orígenes como cineasta, que debutó en el largometraje de ficción con la desapercibida e inencontrable Copenhague, a love story (2015) que trataba de un profesor de cine canadiense afincado en Dinamarca (el propio Lesage) mientras caminaba por la ciudad con un grupo de estudiantes de cine (sus alumnos). Es decir, mucha ficción no debía haber teniendo en cuenta el sustrato del relato.

Será ese mismo año cuando alcance notoriedad con su segundo film, Los demonios (Les démons, 2015), una película acerca de la infancia en la que bebía de su propia vida para escribir un guion tenebroso y desasosegante según se dijo durante su paso por el Festival de San Sebastián de hace tres años. En la pasada edición de la SEMINCI de Valladolid fue galardonado con la Espiga de Oro y los premios de dirección e interpretación masculina con su tercera película, Génesis (Genèse), en la que nuevamente se inspira en material autobiográfico para abordar una historia de adolescentes, que no para adolescentes.

Pero no nos equivoquemos ni confundamos al potencial espectador de la película, que Lesage se inspire en sus propias vivencias (¿qué creador no lo hace en mayor o menor medida?) no quiere decir que nos esté contando su vida por capítulos. Ni el protagonista de la película se llama Philippe ni propone localizaciones temporales o espaciales que identifiquen a personaje alguno con él mismo. La pretensión de Lesage es más bien, con una deliberada ambigüedad temporal, explorar los turbulentos sentimientos propios de esta etapa vital mediante la observación y (en cierto modo) análisis de las vivencias de una serie de jóvenes.

Lo que ocurre con Génesis (Genèse) es que su director ha ideado un dispositivo formal que resulta, como mínimo, discutible. Lesage cuenta dos historias en una, pero en lugar de entremezclar los argumentos mediante el montaje, coloca una después de otra sin transición alguna más que un fundido a negro. Como dueño y señor de su película, está en su perfecto derecho a hacerlo, pero el espectador no advertido, sentirá que se le ha abandonado en una película inacabada para empezar a contarle otra, más aún teniendo en cuenta la notable asimetría entre los dos relatos, cien minutos el primero y apenas treinta el segundo. Es decir, Génesis es, en términos prácticos, un largometraje sobre la adolescencia tardía seguido de un cortometraje sobre el inicio de la adolescencia.

Esta decisión poco habitual que a buen seguro hará las delicias de los transgresores de lo común, no debe empañar todo lo bueno que hay en una película de gran sensibilidad en la que Lesage demuestra, por encima de todo, una excelente capacidad para mirar a sus personajes y hacer al espectador mirar mediante sus ojos. En toda la primera parte (el grueso de la película), seguimos las vidas de dos hermanastros cuyos relatos transcurren paralelos y solo confluyen en un par de ocasiones, Guillaume (Théodore Pellerin) vive en un internado masculino en un momento vital de indefinición sexual y autodescubrimiento en el que los límites entre el amor y la amistad están poco definidos. Su hermanastra Charlotte (Noée Abita) más cercana a la transición entre la adolescencia y la vida adulta, sopesa la consistencia de su actual relación con un novio insustancial mientras experimenta con otras relaciones, más o menos fugaces, con las que explora la indefinición de vínculos y límites entre el amor y el sexo.

Lesage omite deliberadamente cualquier referencia a las figuras parentales que únicamente aparecen en una secuencia en la que ni siquiera se les ve, el mundo adulto está sucintamente representado por un par de profesores y el cuidador de habitaciones del internado en el que vive Guillaume y son meros instrumentos argumentales, la cámara no se detiene en ellos más allá de lo imprescindible. Prevalece en todo momento la particular mirada de Lesage sobre los dos protagonistas y sus coetáneos con un ritmo quizá demasiado pausado.

En la segunda parte del film, sin hilazón argumental (aparente) ni transición alguna, Lesage se desplaza al otro extremo de la adolescencia, es decir, al inicio, al abandono de la infancia, al descubrimiento de unos sentimientos desconcertantes que, en este momento inicial, están todavía desprovistos de deseo sexual. Félix (Édouard Tremblay-Grenier) y Béatrice (Émilie Bierre) son dos prepúberes que se sienten atraídos durante un campamento de verano y solo aciertan a hacerse saber que se corresponden cuando éste llega a su fin. Con un tono bucólico y naif, la cámara se detiene en los rostros de ambos intérpretes que, a pesar de su juventud, transmiten muy bien la turbación de no saber manejar muy bien unos sentimientos que les despiertan a la vida afectiva.

Nada que objetar a este tramo de película que está impecablemente filmado salvo el cuestionamiento de su propia existencia. Podría ser, o bien un cortometraje en si mismo, o bien el germen de un próximo largometraje desarrollando la idea y los personajes. Lesage no lo ha querido hacer así, sus razones tendrá y como la película es suya, nada que objetar. Buen trabajo interpretativo de los cuatro jóvenes protagonistas y evocadora selección de canciones para acompañar el relato.


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7.5

Puntuación

7.5/10

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