Crítica de ‘Muñeco diabólico’: Revisión actualizada con suspenso interpretativo

Las críticas de Óscar M.: Muñeco diabólico

La primera vez que vi Muñeco diabólico fue en un pase televisivo, un domingo por la noche, y con la luz encendida. Aún siento escalofríos cuando recuerdo aquella escena del pequeño y malvado Chucky cuchillo en mano corriendo con sus pequeños zapatos (a medio camino entre los de un muñeco y un niño) por los pasillos de la casa. Esa escena de terror se quedó marcada en mi mente y no he sido capaz de volver a verla, aunque recuerdo como si fuera ayer el pánico que me produjo la posibilidad de que el niño fuera el asesino.

Después llegaron las secuelas (partes 2 y 3) alquiladas en el videoclub y el nuevo siglo trajo un nuevo punto de partida (ya con el nombre de Chucky en letras grandes, aunque la protagonista fuera su novia) que continuaba con la historia, pero estaba más centrada en humor negro de la época (Scream 2 reventaba la taquilla y era el estilo a seguir, estética y argumentalmente). Luego le perdí la pista, creo que La semilla de Chucky no la he visto y estoy totalmente seguro de que de las posteriores secuelas directas al mercado doméstico no he visto ni el tráiler.

La idea de una nueva versión no me parecía del todo descabellada para una nueva audiencia (ya se sabe que los nacidos en el 2000 consideran todo lo anterior como “antiguo” y el resto de sus compañeros de asesinatos ya han resucitado en nuevas versiones hace menos de diez años) y un nuevo “Juego de niños” (traducción literal del título) podía ser interesante. Ahora llega la nueva Muñeco diabólico, respetuosa con la original (hasta el punto de mantener el tipo de letra en los créditos o recuperar el logo de Orion Pictures) y que replantea el origen del malvado muñeco de una manera más creíble y actual, pero manteniendo puntos en común con la versión original.

El hilo argumental se desarrolla más o menos igual que el que ya hemos visto, hay pocas diferencias (la mayoría en la génesis del muñeco) y los escasos asesinatos están algo más justificados gracias a la crítica sangrante a la educación y la desatención en la sociedad actual del uso de teléfonos y tabletas por parte de los menores de edad, añadido al exagerado abandono por parte de los padres (esta reflexión ya estaba en la película original y se ha empeorado con los años). Es, sin duda, la mejor parte de la nueva versión.

El cambio del origen malvado del muñeco del factor místico por algo más real y actual, hace que la presencia omnipresente de Chucky sea ahora, hasta cierto punto, más terrorífica que la posesión de la primera película. Aunque el terror que viví con la película original (que dejaba la posibilidad más abierta de si los asesinatos los cometiera un niño) aquí se ha perdido, ya que el niño es un adolescente y no va vestido como el muñeco.

En el tramo final se echa en falta un poco más de locura y, sobre todo, un poco más de presupuesto. Hubiera sido deseable un final tipo Gremlins 2: una buena apoteosis de carnicería y persecución, pero la falta de dinero deja en evidencia un final más intimista (similar al final original) y, aunque satisfactoriamente resolutivo, se queda a medio camino y deja en el espectador una sensación de conclusión contenida.

Dónde Muñeco diabólico tiene un merecido suspenso es en el apartado interpretativo: Aubrey Plaza no tiene, precisamente, mucho registro y su capacidad para interactuar con el resto de actores es prácticamente nula. Como viene siendo habitual, tiene cara de no saber dónde está y que no le gusta lo que está haciendo. Básicamente lo mismo que hacía en Parks & Recreation, aunque en esa ocasión parecía que se hubiera escrito el papel específicamente para ella, algo que no parece haber superado.

Gabriel Bateman tampoco se esfuerza mucho, casi es justificable dado que tiene 8 años y, aunque tiene una carrera bastante extensa para su edad (ya ha estado en Annabelle y Nunca apagues la luz, por destacar un par de trabajos), corre el riesgo de encasillarse en el género de terror sin demasiado esfuerzo. El gran descubrimiento son los vecinos (Bryan Tyree Henry y Carlease Burke), que roban cualquier escena, con muy poco diálogo y son en contrapunto cómico a la historia. Son capaces de hacer maravillas cada vez que están en pantalla, sobre todo la madre del policía.

Respecto a Mark Hammill (que pone la voz al muñeco Chucky) hace un trabajo excelente, y transmite la sensación de habérselo pasado como un niño doblando y cantando como si fuera el muñeco. Su trabajo le ha costado dar alma a un muñeco con una cara que provoca rechazo y unas expresiones tan limitadas. Gracias al insistente soniquete consigue que salgamos de la sala cantando la canción promocional del ficticio anuncio.

Cuando el espectador termina de ver Muñeco diabólico es esperable que se replantee el tiempo que dedica a la educación de sus hijos porque abandonarlos con el teléfono, la tableta o un juguete ya sabe que no es una opción. Y, como todo está en la nube (teniendo en cuenta que hoy en día nada se pierde y la imperiosa necesidad de las compañías en que estemos “permanentemente conectados”), queda claro que la continuidad de Chucky en el cine (y en nuestras vidas) está asegurada.


¿Qué te ha parecido la película?

7

Puntuación

7.0/10

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