Crítica de ‘Clara y Claire’: El naufragio y la balsa

Las críticas de José F. Pérez Pertejo: 
Clara y Claire
 

Clara y Claire es el título con el que se estrena en España el más reciente trabajo del actor y director francés Safy Nebbou, un largometraje que tras su aparente simpleza argumental (una mujer en su cincuentena crea un perfil falso en Facebook para llamar la atención de un hombre joven y guapo y termina obsesionándose por el artificioso enamoramiento) esconde numerosísimas capas de lectura sobre las diferencias generacionales, las distorsiones de la identidad, la incapacidad de algunas personas para ser felices, la reafirmación del ego y la cruda melancolía del abandono, la soledad y la pérdida.

Claire (Juliette Binoche) es esa mujer perdida en una edad de permanente crisis existencial, consciente de su inevitable declive físico (declives como el de Binoche quiero yo para mí) y de que los sueños sin alcanzar se quedarán para siempre ahí, inalcanzados. Trabaja como profesora universitaria de lengua y literatura, lo cual, además de otorgarle un barniz culto y refinado sirve a Nebbou para puntuar determinados momentos emocionales de la protagonista a través de las diferentes obras literarias sobre las que versan sus clases, algunas referencias a los personajes de Las amistades peligrosas (Choderlos de Laclos) o Casa de muñecas (Henrik Ibsen) resultan inequívocas en este sentido.

Como contrapunto argumental y apoyando el dispositivo narrativo, la historia está contada desde la consulta de una psiquiatra (la espléndida Nicole García) ante la que Claire reconstruye toda su dualidad como la Claire Milaud de 55 años en la vida real y la Clara Antunes de 24 años en la ficción informática que ha creado para contactar con el joven Alex (François Civil) estableciendo un conflicto de identidad que, acaso más en el plano inconsciente que en el consciente, distorsiona su contacto con la realidad y huye, con más o menos habilidad, de todo aquello que la pone cara a cara con su soledad.

Este sofisticado mecanismo narrativo que terminará por desdoblarse en una especie de segunda oportunidad, permite a Nebbou dibujar con precisión unos personajes complejos que evolucionarán desde diferentes estadios emocionales a lo largo del metraje. El personaje de la psiquiatra interpretada por Nicole García parte desde una posición estrictamente profesional, negándose a emitir opiniones y mucho menos juicios, y llega hasta una implicación que resultará determinante. Claire, por su parte, transita desde la (impostada) alexitimia con la que inicia las sesiones con su nueva psiquiatra hasta un desbordamiento emocional que revela su auténtica naturaleza herida.

Se me ocurren pocas actrices tan dotadas como Juliette Binoche para este tipo de personajes que con un fondo de melancolía llegan a sus límites emocionales y afectivos, Binoche mantiene inalterada su capacidad para resultar al mismo tiempo tierna y turbadora, terrenal y etérea, lánguida y vitalista. Uno tiene las mismas ganas de abrazarla que de sacudirle los hombros y gritarle que deje de hacer estupideces, y eso está al alcance de muy pocos intérpretes.

El resto del reparto funciona sin altibajos para acompañar una realización que Nebbou lleva en su mayor parte por un terreno funcional aunque, en algunos momentos, se permite ciertas veleidades poéticas tanto en la concepción de los planos como en el apoyo literario que los sustenta. La fotografía de Gilles Porte y la banda sonora de Ibrahim Maalouf encajan a la perfección con esta doble concepción narrativa y visual. Clara y Claire funciona como un drama muy bien contado con algún elemento de suspense y un par de giros argumentales que mantienen al espectador pegado a la pantalla. 


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Crítica de ‘Clara y Claire’: El naufragio y la balsa
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