Crítica de ‘Viaje al cuarto de una madre’: Cortando el cordón

Las críticas de José F. Pérez Pertejo: 
Viaje al cuarto de una madre
 

Hay historias que solo pueden ser contadas sin estridencias, apurando los silencios, a través de miradas, de gestos, de sobreentendidos. En Viaje al cuarto de una madre, la debutante directora Celia Rico pone en imágenes un guion depuradísimo de todos los artificios que suelen adornar al drama para construir su película en torno a dos presencias y una ausencia, las dos primeras, madre (Lola Dueñas) e hija (Anna Castillo), ocupan un espacio interior, un piso como cualquier otro en el que se desarrolla la mayor parte del metraje; la ausencia, la del padre, se hace presente en los vacíos que ambas comparten con esas miradas y silencios acaso rotos, solo de vez en cuando, por algún reproche de esos que se dicen sin sentir, que se escapan porque el dolor no permite sujetarlos.

Pero Viaje al cuarto de una madre no es la historia de un duelo aunque la ausencia del padre planee durante todo el metraje, el film es exactamente lo que su título aventura, un viaje emocional al cuarto físico y emocional de una madre que, perdido su marido, ve como la presencia de su hija, plena de juventud, se le escurre entre los dedos. Lola Dueñas y Anna Castillo, Estrella y Leonor, comparten su lánguida existencia a través de una cotidianidad que la directora filma con un naturalismo tan exquisito que la película resulta abrumadora desde su minimalismo. A través de acciones tan comunes como preparar un desayuno, ducharse o compartir un rato de manta y sofá delante del televisor, Celia Rico teje unos vínculos entre dos personajes a los que quiere sin disimulo.

Anna Castillo, una actriz a la que estamos más acostumbrados a ver derrochando energía en papeles expansivos, se come el primer tercio de película desde una contención absolutamente cautivadora con un rostro al que la cámara adora. En los ojos de Anna Castillo están, sin necesidad de verbalizarlos, todos los miedos, inseguridades e incertidumbres que se tienen en una edad en la que uno tiene que empezar a tomar decisiones cuando justo es lo que menos le apetece hacer. Pero sin estereotipos, sin lugares comunes, sin discursos generacionales ni ajustes de cuentas con las injusticias sociales.

Lola Dueñas construye su supervivencia emocional traducida a imágenes desde la verdad que emana de su rostro y a través de los cambios con los que aprende a superar la ausencia de su nido doblemente vacío: pasar de una cafetera italiana cuya apertura se resiste a otra con cápsulas mucho más fácil de usar o la transición de un prehistórico teléfono móvil a un Smartphone y aprender a usarlo son algunos de los síntomas con los que opera exteriormente el despertar al que le empuja una existencia que no deja de avanzar por mucho que se hayan dormido las ganas de vivir. A través de su personaje, Dueñas elabora uno de los más veraces retratos de la soledad que se han podido ver en el cine en mucho tiempo.

Ambas actrices realizan dos soberbias interpretaciones que dan razón de ser a una película honesta en su sencillez y en la que no cabe más autenticidad en cada plano, pero no es solo suyo el mérito, detrás de Viaje al cuarto de una madre está una directora sorprendentemente madura que no cae en ninguna de las trampas en las que suelen caer los directores noveles, Rico utiliza lo anecdótico como apoyo narrativo para hacer avanzar al relato pero no deja que su película se pierda en subtramas que alargarían el metraje restando fuerza a lo que realmente importa que no es otra cosa que lo emocional. Haber filmado el concurso de boleros, las andanzas de Leonor en Londres o darle más peso al personaje de Pedro Casablanch habrían sido tentaciones para muchos directores que habrían emborronado un film que, valga la paradoja, se hace grande desde su pequeñez.

Tras su paso por el Festival de San Sebastián donde obtuvo el Premio de la Juventud, Viaje al cuarto de una madre llega con fuerza a la temporada de premios del cine español con cuatro nominaciones a los Goya y otras tantas a los Feroz. En ambas, Lola Dueñas y Anna Castillo optan respectivamente a los galardones a mejor actriz protagonista y de reparto. No las descarten en sus quinielas. 


¿Qué te ha parecido la película?

Crítica de ‘Viaje al cuarto de una madre’: Cortando el cordón
4.2 (84%) 5 votes

8.5

Puntuación

8.5/10

También te puede interesar

Un comentario sobre “Crítica de ‘Viaje al cuarto de una madre’: Cortando el cordón

  • el 10 enero, 2019 a las 00:09
    Permalink

    Vaya, ni idea de esta película, pero si está Anna Castillo, seguro merece muy mucho la pena.

    Respuesta

Deja un comentario (si estás conforme con nuestra Política de Privacidad)

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

A %d blogueros les gusta esto: