Crítica de ‘Aquaman’: Mejorando el Universo DC

Las críticas de Óscar M.: Aquaman

El universo cinematográfico de DC Cómics actual amplía su franquicia con la llegada de Aquaman y, sin miedo a equivocarme, estoy plenamente seguro de que la aventura del Rey de los siete mares es la mejor entrega realizada hasta la fecha en cuanto a adaptaciones me refiero. Esto no exime al argumento de ser de lo más previsible, pero su intención de no tomarse en serio a sí misma y sus potentes imágenes hacen que sea igualmente disfrutable.

Hasta llegar a este momento, DC y Warner han ido dando bandazos como un pollo sin cabeza: primero reiniciaron la saga de Superman con El hombre de acero, luego metieron a Batman y a Wonder Woman con calzador en Batman v Superman: El amanecer de la justicia, se volvieron locos con Escuadrón Suicida, más tarde llegó la decente Wonder Woman y por último se liaron la manta a la cabeza con la soporífera La Liga de la Justicia (con personajes ya metidos con embudo). Aquaman continúa la intención de seguir ofreciendo películas independientes de cada personaje contando sus orígenes.

Hay muchos nubarrones en el mundo de DC en el cine ahora mismo, pero Aquaman parece ser un rayo de luz y esperanza, ofrece un espectáculo que mejora lo visto hasta el momento y supone un punto de partida que, de dar sus frutos en la taquilla, demostrará que en Warner han entendido cómo se hacen las adaptaciones de superhéroes en la gran pantalla.

Da igual que sepamos qué, cuándo, cómo y dónde van a suceder las cosas en esta película (que lo sabemos con sólo mirar el póster), no importa que casi adivinemos hasta la última coma de los diálogos o que no haya giros argumentales sorprendentes (hasta la escena durante los créditos la puede adivinar un niño), Aquaman está para recrearse visualmente en unos escenarios sensacionales, un diseño de producción esmerado, un vestuario minimalista y una aventura repleta de acción.

Este aspecto quizás es el más destacable: el increíble trabajo que han realizado para mostrarnos en pantalla un Aquaman creíble y que no haga el ridículo. El esfuerzo se comprueba con unas localizaciones detallistas y asombrosas (gracias, por supuesto, al trabajo de los ordenadores), un vestuario colorista, variado y personalizado para cada tipo de reino. Detalles que, aunque puedan hacer pensar que dan como resultado un envoltorio vacío, en realidad dan un punto de calidad a la película y la acerca a exitosas propuestas de la competencia como Guardianes de la Galaxia.

El guión de David Leslie Johnson-McGoldrick (con quien ya había trabajado Wan en Expediente Warren) y Will Beall parece haber recogido lo mejor valorado de todas las adaptaciones anteriores de DC para hacer la historia de esta película e ir sobre seguro. Es cierto que empieza de un modo algo torpe, como si estuviéramos viendo el episodio piloto de una serie de televisión (con voz en off incluida), pero la manera de rodar la primera pelea ya engancha al espectador. Los detalles humorísticos (aunque tampoco sean suficientes como para soltar una carcajada) demuestran que la película tampoco se toma tan en serio a sí misma como lo hacían los dramones de Batman o Superman y es otro de los puntos favorables, pero no es suficiente como para englobarla en el género de la comedia.

El director James Wan sabe lo que quiere el público y se lo da, tiene en su currículum haber iniciado las sagas de Saw (y producir sus innumerables secuelas), Insidious y Expediente Warren como director, pero su paso por A todo gas (se ocupó de la séptima entrega) le ha dejado severas secuelas y, aunque se maneja como nadie las escenas de acción y lucha, los momentos “de videoclip” con planos aéreos o escenas ralentizadas con música de Pitbull (o similares) demuestran que se ha quedado anclado en el estilo de cine de acción de principios del tercer milenio.

El apoyo que tienen las imágenes en la música instrumental compuesta por Rupert Gregson-Williams (quien también se encargó de la de Wonder Woman) es innegable, muchas de las escenas no tendrían tanta fuerza de no estar acompañadas por una partitura donde destaca el uso de sintetizadores y guitarra eléctrica y, aunque tiene leves toques de adaptaciones de DC anteriores (por el uso de tambores y coros), tan personalizada. Se asemeja mucho a la de Blade Runner 2049, un intento de recuperar la música de los años setenta y ochenta con un toque futurista.

Nadie puede defender que el músculo que más ejercita Jason Momoa lo tiene en la cara, su expresividad es más bien limitada y es difícil diferenciar la interpretación que hace aquí de la de Stargate: Atlantis o de Juego de Tronos. Tiene poco registro, pero el cine de acción no se caracteriza por actores de método. Del resto del reparto tampoco hay grandes interpretaciones: Nicole Kidman está bastante comedida para lo que sabemos que sabe hacer, Patrick Wilson un poco desatado (casi rozando el histrionismo), Dolph Lundgren sólo destaca por su teñido rosa, Amber Heard pasaba por allí y a Willem Dafoe no hay por dónde cogerlo (ni siquiera cuando le quitan las arrugas con CGI). El mejor recuerdo de esta adaptación no van a ser unos personajes memorables, desde luego.

Aunque, evidentemente, tiene sus fallos, Aquaman es un producto mejor que sus antecesores y el conjunto aprueba con soltura y roza el notable, sobre todo por la producción visual, la dirección de las escenas de acción y la música. En general deja buen sabor de boca en el espectador y la esperanza de que las próximas entregas continúen con este camino trazado.


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6

Puntuación

6.0/10

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