Crítica de ‘Venom’: Entretenida e independiente versión del simbionte

Las críticas de Óscar M.: Venom

La nueva saga de Spider-Man se amplía y expande con la llegada de Venom, una película dedicada por completo al simbionte más oscuro del vecino de Nueva York, en un momento determinante para la franquicia en solitario de Peter Parker en el cine. Aunque su vinculación es intrínseca en los cómics, en esta nueva versión no aparece el trepamuros en ningún momento, por lo que dota a la adaptación de una independencia poco vista en el universo cinematográfico de Marvel, más acostumbrada a la transversalidad de contenidos entre adaptaciones.

Pero antes de entrar en materia, hagamos un poco de historia del personaje. Fue creado por Todd McFarlane y David Micheliene en 1984 como enemigo y supervillano de Spider-Man. Consiste en un alienígena denominado simbionte que toma a humanos como huéspedes y les otorga una fuerza y velocidad asombrosa. Su primera aparición en el cine fue en la aburridísima e infinitamente eterna Spider-Man 3, donde hubo un enfrentamiento directo entre el parásito extraterrestre y el héroe. Después ha habido dos reinicios del personaje de Spider-Man, un proyecto paralizado y un acuerdo entre Sony (actual poseedora de los derechos de Spider-Man en el cine) y Marvel Studios (propietaria original del personaje).

Durante la producción de The Amazing Spider-Man: El poder de ElectroSony propuso hacer la película en solitario Venom, así como la también abandonada Los seis siniestros. Pero lo resultados en taquilla de esa segunda entrega de la segunda saga no fueron los esperados y el estudio terminó paralizando el proyecto, hasta la asociación con Marvel, cuando Disney decidió meter mano en la saga. Reinició la franquicia (por segunda vez) con Spider-Man: Homecoming y un nuevo actor, metió al personaje en el universo cinematográfico de Marvel (ya lo hemos visto en varias películas de Vengadores) y supervisó las siguientes entregas.

Ahora nos llega una nueva versión del simbionte con Tom Hardy interpretando al protagonista y haciendo que nos enamoremos de Eddie Brock, el personaje carismático, bonachón y un poco pardillo al que interpreta. Le acompaña Michelle Williams como su desigual compañera (a quien vamos aceptando y valorando según avanza la trama) y Riz Ahmed, que interpreta al villano clásico: un científico sin alma que provoca que suceda la película.

Hardy apenas tiene que hacer nada y, según comienza la película, ya se ha ganado al público. Su presentación, su presencia y su indudable química con la audiencia hace que vayamos de su mano y nos dejemos llevar en este entretenido viaje, y más sabiendo que acabará convertido en el “villano” del título. Porque aunque Venom es enemigo de Spider-Man y conocemos su capacidad para controlar la mente del huésped, en esta película nunca se le presenta como a un ser malvado, incluso a pesar de sus actos. Desde el principio, Hardy consigue que el simbionte caiga bien al espectador y queramos que consiga su objetivo, aunque este no quede claro hasta bien avanzada la película.

En el lado opuesto está Ahmed, quien provoca un hastío en la audiencia desde su presentación y un rechazo total de sus métodos y actitudes. Los cuatro guionistas que se han ocupado del guion han recurrido a un claro y clásico enfrentamiento del bien contra el mal, algo que, básicamente, es la base de todas las películas de Marvel. Por eso no se puede pretender que Venom sea algo más que el mero entretenimiento, con efectos especiales de última generación y escenas de acción, peleas y persecuciones que sólo se pueden ver en pantalla grande.

El director Ruben Fleischer (que debutó con Bienvenidos a Zombieland) sabe llevar al espectador por una trama de dos horas donde hay sitio para la comedia (menos de lo esperado en una adaptación de Marvel, pero bien distribuida), el drama, la acción y hasta la redención, sin descanso. El guion es clásico, solvente y resolutivo, con presentación, nudo y desenlace. Cumple sin estridencias ni giros argumentales sorprendentes no esperados, pero con solidez y sin altibajos de argumento. Y ni una sola gota de sangre, si hay algo son breves heridas, pero todo sucede fuera de cámara para mantener la calificación por debajo de los dieciocho años.

Hay detalles (planos y escenas) prácticamente directos del cómic, sobre todo en la lucha entre los simbiontes, por supuesto pasadísimos de retoques digitales, pero para eso se crearon los efectos especiales, para ver algo que no existe. Y comparando con Spider-Man 3, el traje de Venom tiene una credibilidad infinitamente mejor y un gran realismo. Una pena que Sony y Marvel no hayan aprovechado la oportunidad para dejar detalles sobre la posibilidad de reactivar el proyecto Los seis siniestros (que era lo más destacado de El poder de Electro), aunque al final nos damos cuenta que no habrá que descartar nada.

Venom puede que no sea la mejor película de Marvel hasta la fecha, como película independiente es complaciente para la audiencia y tiene un notable. Es mucho más entretenida que Spider-Man 3 y mejor que The Amazing Spider-Man, por supuesto. Y estamos deseando ver Venom en el universo de Vengadores o en un enfrentamiento contra el Spider-Man actual.


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Crítica de ‘Venom’: Entretenida e independiente versión del simbionte
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Puntuación

6.0/10

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3 comentarios sobre “Crítica de ‘Venom’: Entretenida e independiente versión del simbionte

  • el 4 octubre, 2018 a las 17:09
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    No concibo muy bien a Venom sin Spiderman, pero le auguro un buen futuro. Eso sí, que Hardy haya dicho públicamente que sus 40 minutos preferidos de película ya no estén incluidos no me da buena espina….

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  • el 17 octubre, 2018 a las 12:48
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    A mí me gustó la película, pero porque me hizo pasar el rato y porque, efectivamente, podría haber sido mucho peor… pero también mucho mejor. El principal problema de querer hacer un Venom sin conexiones con el universo de Spider-Man es que Venom apenas tiene un universo propio, por lo que acabas cogiendo lo poco que tiene, como la fundación Vida, y armando una película con un guion muy normalito y salvada por su protagonista, tanto a nivel interpretativo como argumental, porque el resto podría haber sido sustituido por cualquier otra cosa (empezando por el villano) y funcionaría igual, sin alharacas.
    En cualquier caso, siempre resulta curioso leer las fórmulas que se emplean para no criticar mucho una película de éxito que, como en este caso, es bastante ramplona y que sirve como vehículo de entretenimiento, pero poco más (decir que el guion es solvente y tiene presentación, nudo y desenlace o que no es la mejor película de Marvel, pero sí complaciente con la audiencia equivale a afirmar que no es un bodrio, cumple con lo mínimo y busca gustar al público, lo cual no es sinónimo de calidad). Y más curioso aún cuando quien escribe una crítica no diferencia entre afirmaciones subjetivas y objetivas; por ejemplo, no es lo mismo decir que Venom es mejor que The Amazing Spider-Man que decir que a uno Venom le parece mejor que The Amazing Spider-Man. Por encima de filias, fobias y lo que a cada espectador le guste una película u otra, los méritos cinematográficos e interpretativos son innegables pese a que cueste reconocerlos.

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