Crítica de ‘La revolución silenciosa’: La amenaza de la juventud

Las críticas de Cristina Pamplona “CrisKittyCris”: La revolución silenciosa

Día tras día leemos sobre la falta de valores que la generación de internet parece padecer, que cualquier tiempo pasado o generación fue mejor. No sé si es cierto o se trata nada más del juicio que todos hemos sufrido de nuestros mayores, como si la edad no trajese consigo, además de cierta sabiduría, una indolencia y conformismo a lo establecido. La juventud es rebelde por naturaleza y a veces esa sensación irresponsable del que cree que tiene una vida eterna se enfoca hacia la justicia y el compromiso político. De eso va La revolución silenciosa: de un grupo de jóvenes usando su voz, o más bien no usándola, para enfrentarse a la opresión.

Basada en la novela autobiográfica de Dietrich Garstka y dirigida y adaptada a guion por Lars Kraume, la película narra un episodio de la historia alemana prácticamente desconocido y tan nimio en principio, como revelador más tarde: el minuto de silencio de un grupo de chavales en un colegio de una pequeña ciudad en Alemania del Este.

Lars Kraume regresa así a una Alemania avergonzada y herida tras la Segunda Guerra Mundial. Si en la premiada El caso de Fritz Bauer, trataba la figura del fiscal judío que se convirtió en uno de los artífices de los Procesos de Auschwitz, en los que el país tuvo que enfrentarse a su pasado y a su culpa, en La revolución silenciosa lo hace sobre el estado opresivo en el que se encontraba la Alemania del Este anterior al Muro de Berlín, donde las huellas del nazismo se utilizan para justificar el control y sometimiento de los ciudadanos por parte de la RDA.

En este marco, en 1956, surgió una protesta aparentemente inocente, pero que para el gobierno de la RDA suponía una amenaza porque delataba el libre pensamiento de sus perpetradores: un grupo de estudiantes de instituto guardaron un minuto de silencio en protesta por las cargas de tropas soviéticas en la Revolución húngara de 1956. La revolución silenciosa ficciona la vida de estos estudiantes que personifican el alma de la Alemania de postguerra, con sus secretos, sus traiciones y sus reproches.

Pronto, cuando la rebeldía de los jóvenes llega a oídos del Ministerio de educación, se pone en marcha una investigación en la que el gobierno no tendrá problemas en enfrentar a los jóvenes, amenazarlos y chantajearlos, convirtiéndose en un sistema tan asfixiante y tirano como aquel contra el que lucharon. Kraume no pretende en ningún momento hacer una crítica feroz del socialismo de RDA, sino que presenta las dos Alemanias como dos mundos opuestos políticamente, pero unidos en la manipulación a través de los medios.

La revolución silenciosa es un drama, carece de tensión porque no habla más que de estudiantes ilusionados por ser los protagonistas de un cambio hacia un mundo más justo. A pesar de ese arrinconamiento al que son sometidos, el peso político no es tan potente como el de las relaciones que los jóvenes tienen entre ellos y con sus familias. Es en ese segundo ámbito en el que se explota la muerte de los ideales de aquellos que se creen más sabios por ser adultos. Un colaboracionista, un partidario de la Sublevación del 53 que ahora vive sometido a las normas de la RDA y un presidente provincial incapaz de cuestionar al gobierno, son las figuras paternas ante las que también se levantan los estudiantes. ¿Mueren los ideales con la edad? Parece plantearse Kraume. Solo Edgar, el viejo granjero que facilita las noticias que vienen de Berlín, mantiene la llama de la libertad en la mente de los jóvenes.  

Su reparto, entre los que encontramos alguna cara conocida como Michael Gwisdek (Good bye Lenin!), Rolf Kanies (El hundimiento, Hitman: Agente47) o Jördis Triebel (Dark, Babylon Berlin), brilla sobre todo por los actores más jóvenes, de los que destacan los tres protagonistas: Tom Gramenz, Jonas Dassler y Leonard Scheicher. Mientras que los actores veteranos están un poco fríos, especialmente en el caso de Triebel que lleva su papel de villana a una exageración casi teatral, los más jóvenes están equilibrados y dan unas interpretaciones mucho más naturales. Sí se echa de menos en todos los personajes que el guion los hubiese cerrado mejor, porque algunos desaparecen de la historia sin que sepamos que ha sido de ellos.

La revolución silenciosa no es uno de esos thrillers sobre la Guerra fría de espías que cruzan de una Alemania a otra con documentos falsos y acompañados de una tensión que alcanza al espectador, pero es dinámica y honesta. Una honestidad que canta al idealismo, a la libertad y a la alegría de la insurrección aunque está parezca inocua. Aunque esta se trate simplemente de cerrar la boca.


Qué te ha parecido la película:

Crítica de ‘La revolución silenciosa’: La amenaza de la juventud
4.5 (90%) 2 votes

 

8

Puntuación

8.0/10

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Un comentario sobre “Crítica de ‘La revolución silenciosa’: La amenaza de la juventud

  • el 5 septiembre, 2018 a las 14:05
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    Viendo las puntuaciones de la película aquí y en otros medios, no estoy seguro de haber visto lo mismo… La carencia de tensión que se menciona en esta crítica desluce mucho la película, que además cuenta con unos malos muy malos hasta rozar lo caricaturesco en sus interpretaciones y planteamientos. Esperaba una exploración más profunda de la vida en la RDA, sobre todo al estar basado en una autobiografía, y me encontré una película casi didáctica que parecía más orientada a ser proyectada para chavales de secundaria e instituto que a plantear un ejercicio histórico y cinematográfico.
    Podría haber sido una buena película sobre la adolescencia y la rebeldía natural de ésta dentro de un régimen como el de la RDA, o bien una buena película sobre la vida en la posguerra premuro de Berlín, pero se queda en una especie de tierra de nadie que apenas se moja en lo político y social con unos personajes maniqueístas con muy pocos matices.

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