Crítica de ‘La casa torcida’: 100% Agatha Christie

Cristina Pamplona “CrisKittyCris”: La casa torcida

Agatha Christie es una firma que asegura el entretenimiento a los amantes de las historias detectivescas. La casa torcida es el último título en esta nueva ola de películas que revive a la autora.

Esta es la primera adaptación de este clásico de Agatha Christie. Anteriormente ya se intentó llevar a la pantalla a las órdenes de Neil LaBute. No llegó a buen puerto y la historia quedó enterrada entre de proyectos que pudieron ser y no fueron. El director francés Gilles Paquet-Brenner ha sido el encargado de sacarla de ese pozo. Con guion del oscarizado Julian Fellowes, Paquet-Brenner ha sabido levantar la batuta y hacer una adaptación a la altura de la obra de Christie.

El detective privado Charles Hayward recibe la visita de su examante Sophia de Haviland. La bella aristócrata está convencida que su recién fallecido abuelo fue envenenado. A pesar del rencor que Hayward sigue sintiendo por Sophia, decide ayudarla. De ese modo, se ve arrastrado al corazón de una familia llena de secretos y personalidades retorcidas.

Agatha Christie vuelve a utilizar ese esqueleto básico sobre el que parecen formarse todas sus historias detectivescas; un crimen en un entorno coral y tramposo, donde nadie dice toda la verdad y en donde los vicios y pecados están maquillados por el lujo y el saber aparentar. Sus personajes moralmente censurables, empezando por la víctima, son además tremendamente atrayentes. La dama del teatro, la americana disoluta, la niña impertinente y el galán heroico, son estereotipos que pueden repetirse hasta la saciedad en sus historias. No obstante, Christie supo dar una nueva pátina a cada historia para que el lector quedase atrapado en ella.

La casa torcida lleva a la pantalla el misterio que Agatha Christie narraba en sus novelas. La adaptación está maquillada además con humor incisivo y una puesta en escena impecable. El resultado seduce al espectador, tanto argumental como estéticamente.

La materia prima estaba ahí, por supuesto; “La casa torcida” era una de las novelas de las que Christie se sentía más orgullosa. Eso se refleja en el mimo con el que relata cada detalle y en la profundidad de sus personajes. Así que Paquet-Brenner solo tenía que tomar la mano de la autora y dejarse guiar.

Cuando la historia es atractiva, has de estar a la altura con un reparto de primera. Nuestro protagonista está interpretado por Max Irons, flojo en el papel de galán detective. Sin embargo, podemos justificarlo porque, como a menudo ocurre en estas historias, los secundarios son mucho más fascinantes. Destaca la elegancia de los veteranos Glenn Close y Terence Stamp. Sin embargo, es la interpretación de Close, como matriarca espiritual de la familia, el mayor atractivo del reparto. 

Sin duda el otro atractivo es la actriz Gillian Anderson como Magda Leonides, una diva del teatro que encadena fracaso tras fracaso. Anderson, quien está más activa ahora que en toda su carrera, sobreactúa adrede en esa búsqueda por estereotipar a las grandes y afectadas actrices de la época. El resultado es tan cómico como inolvidable. Tanto ella como Glenn Close son impostoras en el reparto, dejando a un lado su pasaporte para interpretar a personajes más británicos que el Big Ben. La americana tiene la cara y el exuberante cuerpo de Cristina Hendricks. La actriz de Mad Men es embaucadora, una cazafortunas, pero es inevitable verla como un ratoncito entre gatos.

Como todas las obras de la autora, La casa torcida está llena de trampas y triquiñuelas con las que un extraño a su obra se puede sentir engañado. Pero el guion de Fellowes se mantiene fiel al texto original y Paquet- Brenner maneja la producción con un mimo escrupuloso. Sin duda, todo un homenaje a la reina del crimen.


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