Crítica de ‘El instante más oscuro’: Retrato del liderazgo

Crítica de ‘El instante más oscuro’: Retrato del liderazgo
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Las críticas de Cristina Pamplona “CrisKittyCris”El instante más oscuro

Con su puro bailando en la boca, su papada y sus dedos dibujando la «v» de victoria en el aire, Winston Churchill se ha convertido casi en un personaje pop. Un hombre con más sombras que luces que ha alcanzado el puesto de héroe nacional en Inglaterra, mitificándolo tanto que en 2008 apareció una noticia que aseguraba que un 23% de los jóvenes lo creían un personaje de ficción. Para devolverlo a la realidad de la historia del siglo XX, Joe Wright estrena El instante más oscuro, una cinta que narra los hechos acontecidos en el primer mes de Churchill como primer ministro británico, cuando tuvo que decidir qué rumbo tomaría el país durante la Segunda Guerra Mundial.

El género histórico es tremendamente agradecido si, como Joe Wright, sabes rodearte de un departamento de arte de primera que sepa llevar épocas pasadas a la pantalla. Ya lo ha demostrado anteriormente en Expiación, más allá de la pasión, Anna Karenina u Orgullo y prejuicio. En ese sentido, El instante más oscuro es impecable. Sarah Greenwood, con quien Joe Wright lleva trabajando desde 1998, se hizo cargo del diseño de producción y es la encargada de transportarnos al Londres de los años cuarenta, cuando el aire estaba ennegrecido por el carbón que escapaba de las chimeneas, un viaje que consigue con una mezcla de CGI y exteriores reales en ciudades que conservan la herencia industrial, como Yorkshire. Impresionante es también el trabajo de Kazuhiro Tsuji en maquillaje que ha conseguido convertir al actor Gary Oldman en el sexagenario Winston Churchill.

Sin embargo, la calidad de la factura técnica no es suficiente para compensar un guion frío. Anthony McCarten se encarga de llevar a la pantalla un capítulo del siglo XX tan breve como decisivo. La determinación de Winston Churchill de seguir adelante con la lucha contra la Alemania nazi no estuvo exento de polémica dentro de parte del gobierno británico que esperaba llegar a un acuerdo de paz. Si a eso le sumamos que Churchill sacrificó a cuatro mil hombres en Calais para poder llevar a cabo la operación Dinamo en Dunkerque, tenemos a un Primer Ministro nadando entre los tiburones de la oposición y de su propio partido. No obstante, McCarten no consigue crear una intriga política que ayude al ritmo de la película, así que los personajes secundarios quedan condenados a ser testigos grises de la decisión de un hombre.

Contar tan solo ese breve periodo en la vida de Winston Churchill, ayuda a alejar la película del corsé del género biográfico, pero a veces se echa de menos una inmersión mayor en su persona, y es que estamos ante un retrato magnífico del líder, inteligente, ingenioso, cabezota y malhumorado, pero no tanto del hombre. Tan solo hay una mención, tan breve como invisible para aquel que no lo sepa, sobre que Churchill luchó toda su vida contra la depresión. El «perro negro», como él lo llamaba, fue el enemigo con el que batalló hasta su muerte y aquel que dibujó la personalidad resolutiva que guió a Inglaterra en uno de los momentos más difíciles de su historia, así que se echa de menos echar un vistazo a sus fauces.

Con un guion que no llega a hundirse del todo, pero sí que hace aguas, el reparto de actores ha de hacer un trabajo hercúleo para remontar la historia, y allí es donde la película brilla. Dejando a un lado opiniones personales sobre quién merecía más el Globo de oro, lo cierto es que a Gary Oldman no se lo han regalado. No es mi Churchill favorito —ese honor lo ganó John Lithgow en la serie The Crown—, pero Oldman hace un trabajo excepcional con una interpretación orgánica, asimilando la voz y el tono del Primer Ministro y, a su increíble transformación gracias al maquillaje, hay que sumarle un trabajo gestual impecable. Son las posturas, el movimiento del cuerpo, el caminar, lo que hace que Oldman se convierta en una recreación perfecta de Winston Churchill.

Lily James no llega a destacar en el papel de la secretaria Elizabeth Layton, demasiado plano como para crear ningún tipo de interés, por lo que el contrafuerte femenino de Oldman pasa a ser Kristin Scott Thomas metiéndose en la piel de Clementine Hozier, la esposa de Churchill. Sus breves apariciones en pantallas llegan, si no a hacer sombra a Gary Oldman, al menos a plantarle cara, no es de extrañar, por tanto, que se encuentre entre las favoritas para llevarse el BAFTA a mejor actriz secundaria.

La otra gran baza de Joe Wright en este proyecto es acompañarlo con la música de su compositor predilecto, Dario Marianelli. El tres veces nominado al Oscar y ganador de uno por Expiación, más allá de la pasión no alcanza la genialidad de esta última, pero ofrece uno de sus mejores trabajos. El preludio a piano envuelve en una emoción que ya la hubiésemos deseado en el guion, mientras que el resto de piezas acompañan la tensión de un mes febril en la vida de Inglaterra.

Joe Wright lleva a buen puerto El instante más oscuro, pero el espectador sale de la sala con un saborcillo amargo porque el resultado no haya sido redondo; porque un reparto brillante y un equipo técnico de primera no sirve de nada si al guion le falta sangre, sudor y lágrimas.

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2 comentarios sobre “Crítica de ‘El instante más oscuro’: Retrato del liderazgo

  • el 2 febrero, 2018 a las 1:49 pm
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    Completamente de acuerdo con Cristina.
    Me esperaba mucho más de esta película, seguramente que el instante fuera mucho más oscuro en guión y atmósfera, pero no fabulando, sino aprovechando a Oldman en auténtico estado de gracia, para contar con más palabras, sentido, mensaje y enjundia.
    Saludos cinéfilos.

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    • el 7 febrero, 2018 a las 1:39 pm
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      ¿Verdad? Oldman está fantástico, pero no se profundiza en la figura de Churchill, y me da rabia porque Joe Wright maneja el genero histórico mucho mejor de lo que aquí demuestra. Hay una miniserie de HBO que creo que no está disponible en España, pero que pinta estupenda en donde Brendan Gleeson interpreta al primer ministro. A ver si puedo hacerme con ella.

      Saludos cinéfilos. Nos leemos.

      Respuesta

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