Crítica de ‘Call Me by Your Name’: Las lágrimas de Alejandro

Las críticas de Cristina Pamplona “CrisKittyCris”: Call Me by Your Name

El primer amor tiene un sabor agridulce. Traza una línea que sube con la ilusión y la inocencia de un deseo desconocido hasta el momento, para después caer estrepitosamente hacia el corazón roto. Es una eternidad frustrada que nos pega un puñetazo de realidad: no existe el felices para siempre y si comes perdices es probable que te lleves un diente con un perdigón de plomo. Call Me by Your Name, la última película del director italiano Luca Guadagnino, adaptación de la novela homónima de André Aciman, es un viaje sensorial a un primer amor, una obra de despertar a la madurez que ha seducido a la crítica y se postula como una de las favoritas en la próxima ceremonia de los premios de la Academia.

Con guion del tres veces nominado al Oscar, James Ivory, Call Me By Your Name narra la historia de Elio, un joven de quince años que vive con sus padres en un pueblito del norte de Italia. Como cada año, su padre elige a un alumno de postgrado que le ayude en su trabajo de investigación. Así, ese verano de 1987, llega el seductor y guapo Oliver a la vida de Elio. El adolescente no soporta la arrogancia y el descaro del nuevo huésped, al tiempo que es incapaz de escapar de su presencia.

Es particularmente cautivadora su primera mitad, en donde los futuros amantes juegan al gato y al ratón, en parte por lo delicioso de la seducción y en parte en un intento de negar un deseo inevitable. Es esta anticipación, el dulce sufrimiento del tira y afloja, lo que convierte el encuentro de los amantes en el cenit de la película, la apertura a un apetito reprimido.

Luca Guadagnino regresa al universo del deseo y las pasiones contenidas en el que ya se desarrollaron Yo soy el amor o Cegados por el sol; ese lugar en el que el entorno es casi tan importante como la historia, donde la fotografía, el paisaje y sus sonidos acarician al espectador. Call Me by Your Name recupera el ritmo casi estático de Cegados por el sol, donde la acción se mueve como lo hace un día de verano, despacio, con zalamería, tomándose su tiempo para sumergir al espectador en una experiencia de percepciones que termina por llevarlo a una explosión de belleza. Porque Call Me by Your Name no habla solo sobre el golpe del primer amor, sino sobre la belleza de este, que convierte el dolor en un precio que estamos dispuestos a pagar.

La música es un personaje más dentro de la historia; Elio es un virtuoso pianista y la banda sonora de la película se constituye con piezas de compositores clásicos como Bach, Satie o Ravel y contemporáneos como John Adams o Ryuichi Sakamoto. Para situarnos en el lugar y el momento, suena también pop italiano como Franco Battiato o Marco Armani. La película cuenta además con dos temas originales, a cargo del cantautor estadounidense Sufjan Stevens, que marcan dos momentos fundamentales en el crecimiento de Elio: la alegría del amor y el corazón roto. Ambos temas conceden voz a un narrador que no oímos en el resto de la película: el propio pensamiento de Elio, por esa razón no es inintencionado que en la letra de «Mystery of Love» aparezca Hefestión, el joven amante de Alejandro.

Luca Guadagnino hace un trabajo excepcional en la dirección, pero Call Me by Your Name es, principalmente, sus protagonistas. Armie Hammer, con su aspecto de californiano bronceado de fábrica es un perfecto Oliver, encantador y en ocasiones maleducado, un fruto prohibido en ese Edén de intelectualidad en el que se ha criado Elio. Pero es Timothée Chalamet quien ha fascinado a críticos y espectadores por su interpretación de Elio. Chalamet expresa la ansiedad adolescente, el miedo y finalmente la valentía de permitirse sentir.

Call Me by Your Name es una experiencia emocional llena en la que lloramos, reímos y nos enamoramos un poquito junto a Elio, a quien sentimos dentro durante ese poco más de dos horas que pasamos en el cine, y que nos contagia con la dulce inexperiencia de un corazón inmaculado para que sintamos el amor como siempre deberíamos sentirlo: tan suave como la piel de un albaricoque.

Call Me by Your Name

Call Me by Your Name
10

Puntuación

10.0/10

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