SEFF 2017. Crítica de ‘Tierra Firme’: En mar y amores, entrarás cuando quieras y saldrás cuando puedas

Las críticas de Fernando Quintero en SEFF 2017: Tierra Firme

Este año el Festival de Cine Europeo de Sevilla arranca fuerte con una de las cintas más esperadas del año, Tierra Firme. En 2014 tuve la oportunidad de ver la ópera prima de Carlos Marqués-Marcet en el Festival de Cine Español de Málaga y he de decir que a día de hoy se ha convertido en una de mis películas favoritas de toda la historia. Desde sus primeros minutos, el gran plano secuencia que abre la película, la escasez de escenarios y personajes, el montaje… Lo tenía todo. De ahí a que mis ganas por ver Tierra Firme fueran aumentando a más. 

Los responsables de ésto fueron el propio director y sus dos protagonistas, Natalia Tena y David Verdaguer, quienes parecían formar un selecto trío de lo más eficaz a la hora de materializar un guión que mereció más (en cuanto a reconocimiento) de lo que se llevó (y aquí hablo de premios), por lo que saber de la existencia de una nueva cinta que los reuniría hicieron aumentar el deseo de saber que tenían entre manos. Lo que han ido cociendo estos meses atrás es una brillante historia de amor y madurez en un triángulo (o cuarteto, según se mire) amoroso.

Con 10.000 km era complicado hacer un balance a favor o en contra Carlos Marqués-Mercet, pues fue su ópera prima. Sin embargo, gracias a Tierra Firme podemos reconocer que el director tiene un sello propio y lo demuestra con los personajes creados, el vestuario y caracterización de los mismos y la banda sonora, sin olvidar el montaje, ya que ha sido su profesión antes de atreverse a dirigir una película. 

Pero, sin embargo, lo que más agrada a la vista y al oído son las interpretaciones de los protagonistas… De todos. Un comienzo muy similar al de su primera película pero con la ausencia de David Verdaguer durante los primeros minutos y con la presencia de Oona Chaplin. Esta actriz consigue hipnotizar con la mirada y es una de las pocas actrices que creo que puede conseguir ese fin. Su presencia en la pantalla es suave y tierna, pero fuerte y segura al mismo tiempo. Su conexión con Natalia Tena es de lo más creíble y esa relación de amistad incómoda con Roger (David Verdaguer) hace que deseemos que unos se pasen a un lado para que otros entren en este juego sentimental. Por otro lado, volver a ver a Natalia Tena y David Verdaguer juntos ha sido magnífico. El vínculo que tienen estos dos actores juntos no hace más que la película ascienda cada vez más y más. Sus roles son totalmente distintos de los que vimos en 10.000 km, llegando a parecer que son amigos que han compartido recreo y bocadillo en la infancia. Por supuesto no hay que olvidar a Geraldine Chaplin, quien hace de una chamán mística pero con los pies en la tierra. En tierra firme.

No suelo hablar del vestuario y caracterización en mis críticas por lo que, el que me haya llamado la atención a mí, creo que es algo positivo de cara al público general. Desde Kat con su aspecto desaliñado a lo Richard Ashcroft, pasando por ese aspecto hipster de Roger, hasta Eva como Janis Joplin, hacen que su apariencia les defina desde un principio, pero que realmente sean lo contrario a lo que parecen. Bravo en este aspecto.

El guión es simplemente espectacular. Ya no es la historia en sí, que también, sino los brillantes argumentos y situaciones de cada una de las escenas que son magistrales. Me aventuro a decir que el director les ha dejado improvisar en más de una ocasión con la base del libreto, y tanto si es así como si no… espectacular. Me alegra decir que es una de esas películas que tienen un guión original, no basado en épocas, sino en situaciones que pueden vivir las personas algún día, por lo que hacer llegar al público actual algo distinto, y encima ser aceptado por la gran mayoría, hace que la película sea un éxito.

Desde aquí hago un llamamiento para que vayan a verla todas aquellas personas que quieran disfrutar de una historia de verdad y no del bombardeo de remakes, reinicios y adaptaciones que hay durante los últimos años, ya que con Tierra Firme el cine vuelve a ser sentimientos y no un medio para estar embobados delante de una pantalla.

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