Crítica de ‘Enganchados a la muerte’: Remake condenado al olvido

Las críticas de Cristina Pamplona “CrisKittyCris”
Enganchados a la muerte

Lo remakes no siempre son innecesarios y en ocasiones —no muchas, por supuesto— pueden incluso mejorar el original, aunque solo sea por las facilidades que ofrecen nuevos medios técnicos. El mejor ejemplo de este caso sería la versión de Ben-Hur de William Wyler con respecto a la primera de 1925 protagonizada por Ramón Novarro, pero en general podemos afirmar que rehacer una obra bien hecha es un gasto de producción innecesario, como es el caso de Ben-Hur del 2016 con respecto al de Wyler. Pues bien, Línea Mortal, la película de ciencia ficción que en 1990 dirigió Joel Schumacher nunca fue Ben-Hur, pero era un título original y atractivo que funcionó en taquilla y fue tratado de modo amable por la crítica, llegando a superar las expectativas del incisivo y difícil de agradar crítico cinematográfico Roger Ebert que la calificó como “original e inteligente”. Así que la idea de un remake no tenía mucha razón de ser, pero Hollywood pecó de nuevo y delegó en el director danés Niels Arden Oplev para que devolviese esta historia a la pantalla que, en su versión original mantiene su mismo título, pero que aquí en España se titula Enganchados a la muerte.

El argumento no cambia con respecto a la primera versión. Una brillante estudiante de medicina busca conocer qué ocurre en el cerebro humano cuando morimos y arrastra a sus compañeros a embarcarse con ella en un proyecto que ofrezca una respuesta. No obstante, el único modo de entender la muerte es sumergirse en ella entrando en parada cardiorespiratoria.

No obstante, no sería justo juzgar la película basándonos solo en que no supera la originalidad de la primera porque… Bueno… No es original, pero es que Enganchados a la muerte no funcionaría aunque hubiese nacido sin versión con la que compararse. Al querer desmarcarse de la original de Schumacher, guionizada por Peter Filardi, responsable también de Jóvenes y brujas, el guionista Ben Ripley convierte un thriller que jugaba entre la ciencia ficción y el miedo psicológico en una película de sustos baratos y predecibles.

Otro de los méritos que tuvo Schumacher en su versión de 1990 fue el elenco de jóvenes actores que reunió. A su protagonista, Kiefer Sutherland, con quien ya había trabajado en Jóvenes ocultos, se sumaban Julia Roberts, Stephen Baldwin, Oliver Platt y Kevin Bacon, que hicieron un trabajo genial conformando ese grupo de ambiciosos médicos que tras su peligroso experimento tienen que expiar sus remordimientos.

En este caso, sin embargo, los actores son incapaces de establecer una química dentro del grupo ni un interés al tratarlos individualmente. Los dos nombres más importantes, Ellen Page y Diego Luna, parecen elegidos para vendernos la película y todo el carisma que han demostrado en otros papeles se lo han dejado en casa. Nina Dobrev (Crónicas vampíricas, Las ventajas de ser un marginado) es tan fría que llegas a plantearte que haya estado en parada cardiorespiratoria durante las dos horas de película. Algo mejor están Kiersey Clemons (Transparent, Malditos vecinos 2) y James Norton (Belle, Black Mirror), que intentan crear cierta empatía en el espectador, a pesar de que sus historias no nos podrían importar menos.

Tampoco el montaje hace gran favor al argumento, y la inconexión de las escenas llega a ser ridícula, con personajes que saltan del terror absoluto a una distendida charla con cerveza entre amigos, rompiendo la casi inexistenten atmósfera de terror.

Enganchados a la muerte está condenada a ser olvidada. Sus tres buenos sustos no compensan el destrozo que el guion ha causado en la idea original de Peter Filardi. Y ni tan siquiera aquellos que no tengan versión anterior con la que comparar, notarán todas sus faltas. Ni un desfibrilador podría salvarla.

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