Crítica de ‘El autor’: Turbadora tesis sobre la creación literaria

Las críticas de José F. Pérez Pertejo: 
El autor
 

Tras su paso por los festivales de Toronto y San Sebastián se estrena en salas comerciales El autor, quinto largometraje de ficción de Manuel Martín Cuenca (La flaqueza del bolchevique, Caníbal) que adapta la primera novela de Javier Cercás, publicada hace treinta años y reeditada por varias editoriales con el título de “El móvil”.

Tanto la novela de Cercás como el guion cinematográfico de Martín Cuenca y Alejandro Hernández destilan inteligencia y socarrona mala leche mientras se adentran en el tortuoso mundo del proceso creativo a través de Álvaro (Javier Gutiérrez) un escritor en ciernes que se enfrenta a su primera novela a la sombra de su mujer (María León), escritora de éxito y de su profesor de creación literaria (Antonio de la Torre) que, cada uno a su manera, bloquean el camino de un protagonista que vive sometido al pánico ante el folio (o pantalla) en blanco.

El ejercicio metaliterario de Cercás con su autoreflexión acerca de los vericuetos de la creación narrativa desemboca en esta película a caballo entre el thriller psicológico y la comedia negra. Cuando Álvaro descubre, empujado por su profesor, que la fuente de la inspiración para escribir se encuentra más en la realidad que en la propia imaginación del autor, comienza a interesarse por las vidas de sus vecinos cuyas conversaciones espía a través del patio interior al tiempo que sonsaca información a la portera (Adelfa Calvo) que cumple a la perfección el tópico cotilla asignado a su profesión. El planteamiento ético se pone sobre la mesa cuando la realidad resulta insuficiente para hacer avanzar la novela y, en lugar de deformarla a través de la imaginación, decide intervenir manipulando las vidas reales de sus vecinos que, lejos ya de ser vistos como sus semejantes, se han convertido en sus instrumentos para construir los personajes de su narración.

La indefinición de los límites entre ficción y realidad, algo muy presente en la obra literaria de Javier Cercás, y las implicaciones morales de tan resbaladizo terreno componen el grueso de la reflexión interna sobre la literatura, pero existe además otra reflexión externa que se desdobla en dos vertientes; por un lado una despiadada crítica a la literatura banal que tanto abunda en las listas de best sellers y en las mesas de novedades de cualquier librería que se precie y, por otro, una soterrada sátira de los talleres de creación literaria como atajo para convertirse en escritor, ¿se puede enseñar a alguien a escribir, se puede convertir a alguien en escritor? Preguntas sin respuesta.

Y es que El autor es más una película de preguntas que de respuestas. Manuel Martín Cuenca filma con limpieza, su cámara corta con la determinación de un cirujano y no emite ningún juicio moral, no se posiciona éticamente sobre lo que hace su protagonista, sin embargo coloca al espectador en la encrucijada moral de hacerlo y para ello deposita toda la fuerza del film en una descomunal interpretación de Javier Gutiérrez que se tira al vacío sin red y alcanza límites de una valentía extrema que dudo que muchos actores (y cuando digo actores es porque quiero decir actores, es decir, masculinos) españoles se atrevieran a alcanzar. Su trabajo, con momentos de los que perduran en el recuerdo, huele a Goya que tira para atrás, y sería el segundo en tres años.

La misma valentía (o más, según que condicionantes se tengan en cuenta) adopta Adelfa Calvo en el papel de esa inquietante portera que esconde detrás de sí un personaje que daría para una película propia. María León y Antonio de la Torre no se apartan en absoluto de los registros que ya nos han mostrado en muchas ocasiones y resuelven sus personajes sin grandes sorpresas. Completan el reparto los mexicanos Adriana Paz y Tenoch Huerta, el matrimonio cuyas conversaciones dan origen a la trama de la novela, y el veterano Rafael Téllez como el oscuro vecino que resultará determinante.

A ratos mordaz y divertida, a ratos turbia y siempre magnética, las dos horas escasas de El autor confirman a Manuel Martín Cuenca como un sólido director con capacidad para hipnotizar al espectador ante la fuerza de sus imágenes y mantener el relato siempre en el centro de la película.

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