SITGES 2017. Crítica de ‘Revenge’: Violación y venganza fuera de tono

Las críticas de Agustín Olivares en Sitges 2017: Revenge

Sitges 2017 ha proyectado diversas películas cuyo disparador de la trama es la violación femenina. Revenge es una de ellas, sin duda la más chunga.

En la película vamos con la chica rubia y mona, importada directamente de Gandia Shore, que se cepilla a su amante en una casa en la montaña. De repente aparecen dos tipos más, colegas del amante, que también quieren cepillársela. Y aquí se complica todo.

Revenge se podría meter en el saco de las películas de explotación tipo “rape and revenge” (La última casa a la izquierda o I spit on your grave son célebres ejemplos de este subgénero), pero que titubea demasiado al abrazar un tono concreto. Así, mientras que en la primera parte de la película estamos en un universo realista y dramático, donde una violación es un acto muy violento y cruel, y donde el cuerpo humano contiene 5 litros de sangre, en la segunda las personas tienen 30 litros de plasma y todo se convierte en un despiporre de sangre y excesos más cercano a Machete o a Hobo with a shotgun. No me malinterpretéis, soy megafan de Machete. Me deshuevo con los excesos y chulerías de este tipo de películas, pero lo que tienen estas producciones es que de principio a fin son fieles a ese tono. Revenge da un tirabuzón con triple salto mortal y pasa del drama al “venga hombre, ¿y que más?” sin previo aviso.

El cambio es drástico en la trama y también en la protagonista. En la primera parte es el tópico ochentero de tía rubia medio tonta que se rompe con mirarla, que mueve el culo delante de los tíos sin ver las orejas al lobo y que se deja camelar por el adinerado amante con cualquier comentario jocoso y tontorrón. Pero de repente esta tipa cambia y se convierte en John Rambo meets Doctor Beltrán, una bad ass ultraguerrera y megasexi que te revienta si la miras mal y que te remienda las heridas sea cual sea el diámetro. Es una lástima que el tono de la primera parte no vaya encaminado hacia el tono final, porque la heroína guerrera podría llegar a ser un icono cinematográfico de culto, incluso un icono feminista. Quizá llegue a serlo, nunca se sabe, pero los topicazos y el tono bailongo lo manchurrean todo. Probablemente lo que más me fastidia es que la creación de un personaje tan tópico y tonto (en la primera parte) haya salido de la cabeza de una mujer.

La estética es muy sugerente. Toda la acción transcurre en un enorme desierto, siendo éste otro personaje más en la trama. Coralie Fargeat, directora y guionista de la película, decidió muy acertadamente situar la acción en un espacio abierto, grande y que no necesitara iluminarse para ahorrarse una pelas y contar la historia que quería. La paleta de colores recuerda por momentos a Mad Max: Furia en la carretera, incluso el look final de nuestra heroína es bastante cercano al de Furiosa.

La música y el montaje dotan de ritmo la acción, haciendo que el visionado se pase en un suspiro. Y los efectos especiales están, en general, muy logrados. Es especialmente divertida la escena en la que un tipo trata de arrancarse un cristal de la planta del pie.

En definitiva, Revenge puede gustar a los muy fans de las películas de violación y venganza, a los de risa fácil con el gore y a los paladares menos exigentes. Pero si eres un cenizo como yo seguramente te eches las manos a la cabeza y no entres al trapo cuando la diversión empieza. ¡Prometo que quiero disfrutarlo, pero es que no me sale!

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