SITGES 2017. Crítica de ‘La forma del agua’: Posiblemente, la mejor película de Del Toro

Las críticas de Agustin Olivares en Sitges 2017: La forma del agua

Guillermo del Toro se ha sacado de la manga una preciosa fábula situada en la guerra fría, con deliciosos personajes y una pareja protagonista que despierta el lado más humano y zoófilo del espectador.

En la película conocemos la historia de Elisa, una mujer muda y solitaria que limpia unas instalaciones militares. Entre mocho y estropajo descubre un experimento que le cambiará la vida para siempre.

Creo que La forma del agua es la película más poética de Guillermo del Toro desde Cronos. La primera secuencia te introduce en un mundo mágico, con una voz en off al más puro estilo cuentacuentos que introduce al personaje interpretado por Sally Hawkins, una especie de Amelie muda de los años 60. En esta secuencia de presentación vemos claramente que Elisa es un personaje tridimensional, con carácter y mundo interior. Adorable y cómica, te engancha desde el principio. Al igual que su vecino, un dibujante venido a menos que nos regala los momentos más simpáticos.

Como villano tenemos a Michael Shannon, que gracias a su contención y experiencia nos regala un malo con carácter pero sin histrionismos, con una historia y unas motivaciones muy claras.

El aspecto visual es apabullante. El arte, la luz, el vestuario… todo brilla con luz propia, al igual que la música. No obstante el trabajo de diseño y maquillaje de la criatura merece mención aparte. Del Toro vuelve a echar mano del maquillaje tradicional para dar vida a un monstruo muy cercano a la criatura de La mujer y el monstruo y al Abe de Hellboy, pero con personalidad propia. Todo en el traje es funcional, y salvo algunas expresiones faciales todo es real.

El guion, aunque sencillo, es efectivo y honesto. La historia podría ser un “¿Y si… la criatura de La mujer y el monstruo hubiera sido capturada por americanos durante la guerra fría?”, pero con un tono mágico y unos personajes muy interesantes. Además la película está plagada de momentazos homófobos y racistas que te meten la indignación a golpe de risa. La única pega que le he encontrado ha sido el “momento musical”, un patinazo en el tono de la película que ha despertado más de una risa nerviosa en la sala. Y es una lástima, porque la forma de introducirte a esa escena me ha puesto los pelos de punta, pero cuando se ponen a cantar y a bailar me ha entrado vergüenza ajena. Supongo que esto es una cuestión de gustos, muy probablemente habrá gente a la que le maravillará.

En definitiva, La forma del agua se merece todos los premios que pueda ganar. Empatizas con todos los personajes; te enamoras de Eliza, su vecino y el monstruo; te ríes, lloras, padeces, te alegras… Posiblemente sea la mejor película de Del Toro.

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