62 SEMINCI. Sección Oficial. Crítica de ‘Pokot (Spoor: el rastro)’: Apasionante thriller rural con trasfondo ecológico

Las críticas de David Pérez “Davicine” en la 62 SEMINCI:
Pokot (Spoor: el rastro)

La cineasta polaca Agnieszka Holland tiene una amplia carrera que abarca cuatro décadas y múltiples géneros. Lo mismo nos presenta un drama en alemán en el que explora la vida de una mujer judía perseguida en 1942, que adapta en inglés un cuento infantil clásico de Frances Hodgson Burnett, incluso ha realizado varias colaboraciones con el actor estadounidense Ed Harris. Actualmente es conocida por dirigir episodios de series de renombre internacional como The Wire: Bajo escucha, Caso abierto, La semilla del diablo o House of Cards, que ha permitido a la cineasta seguir ampliando su filmografía y lograr labrarse un nombre tras haber tenido que huir de Polonia por la prohibición en 1981 de varias de sus películas.

Con tanta versatilidad es difícil que podamos encajarla en algún género, y eso es algo que sólo los grandes cineastas se pueden permitir, aunque siempre busca presentar personajes complejos y comprometidos con historias variadas. Ahora, la llegada de una nueva era democrática a Polonia ha permitido que vuelva a su país y haga lo que mejor sabe hacer, que no es otra cosa que deleitarnos con una nueva película: Pokot (Spoor: El rastro), un sutil drama cargado de tensión con un trasfondo ecológico.

En Pokot (Spoor: El rastro), Duszejko, una ingeniera de caminos jubilada, vive solitaria en un pueblo de montaña cerca de la frontera entre Polonia y la República Checa. Es carismática y excéntrica, apasionada de la astrología y estricta vegetariana. Un día desaparecen sus adorados perros y, poco después, en una nevosa noche invernal, encuentra el cadáver de su vecino junto a huellas de ciervo. Otros hombres aparecen muertos en circunstancias igual de misteriosas, todos ellos jugaban importantes papeles en la comunidad y eran grandes aficionados a la caza. La investigación policial resulta ineficaz, pero Duszejko tiene su propia teoría: los autores de los asesinatos son los animales…

Agnieszka Mandat-Grabka, conocida en Polonia por su trabajo escénico, da vida a la maravillosa jubilada que se desquicia cuando ve las injusticias que hacen los cazadores de su pueblo. La actriz es capaz de apoderarse de cada plano, y realiza una interpretación digna de cualquier galardón, pues no se trata de un personaje fácil de plasmar en pantalla grande, con dos caras bien opuestas. Por un lado tenemos a una amante de la naturaleza, que adora los animales y es feliz en su zona de confort, pero cuando ve malos tratos e incluso la caza indiscriminada de animales, se torna en un huracán de emociones que nadie consigue controlar. Por desgracia, los otros personajes considerados principales son muy incompletos: Mandola, su afable vecino (Wiktor Zborowski) que se vuelca en complacerla, aunque también tiene secretos en su sótano; Dyzio (Jakub Gierszal) es un joven informático que trabaja para la policía pero desea ayudar a Duszejko, aunque nunca se nos explican los motivos de esta lealtad; una bella joven (Patrycja  Volny) que lucha para sobreponerse a los efectos secundarios de una familia desestructurada; y un entomólogo (Miroslav Krobot) del que tan sólo se nos deja saber su profesión y poco más. Todos ellos son personajes secundarios que parecen no haber sido creados para este gran conjunto y que no consiguen llamar nuestra atención ante el magnetismo de la señora Mandat.

Holland se ha encargado también del guión junto a la novelista Olga Tokarczuk, y el resultado es una absorbente historia que nos mantiene pegados a nuestras butacas, pero con suficientes detalles de humor que, en vez de romper la tensión y sacarnos de la película, consiguen que nos mantengamos interesados por esta historia durante sus más de dos horas gracias al perfecto equilibrio de los dos géneros donde podríamos encuadrar Pokot (Spoor: El rastro): thriller de suspense y comedia.

La caza es la metáfora perfecta de la dominación de los débiles, un hobby muy masculino alrededor del cual se toman muchas decisiones políticas, pero en Pokot (Spoor: El rastro) las mujeres y la naturaleza se defienden, y lo hacen de forma inteligente y brutal. La protagonista debe luchar contra muchas más injusticias a su alrededor, y la película también se permite indagar en la parte más oscura de la política, los sobornos a la policía, la trata de blancas y, en general, la crueldad humana.

La majestuosa fotografía juega un papel importante, y nos deleitan con bellos planos que reflejan la aparente frialdad, algunos de ellos dignos de las mejores portadas de National Geographic, siendo rodadas las escenas de animales al estilo documental. Por su parte, la magnífica banda sonora es un personaje más, con unos ritmos amenazantes y emocionantes que nos aceleran el corazón al ritmo que se incrementa la tensión en pantalla. Claramente juegan con nosotros al usar la música de esta forma, y recurren a un método muy manido para avisarnos que estamos en una escena de tensión, pero aún así es tan magnífica la música que nos dejamos llevar hacia el suspense que nos avanza las notas musicales de Antoni Komasa-Lazarkiewicz.

Incluso siendo intensamente política y tremendamente tensa, Pokot (Spoor: El rastro) es una hermosa y agradable película que combina una novela de acción nada convencional con un sutil thriller de suspense abordando los derechos de los animales y la crueldad humana, llamando a la revolución como un paso necesario para recuperar nuestro planeta. Si por mi fuera, la señora Duszejko debería ser la nueva señora Fletcher en versión rural.

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