Crítica de ‘La seducción’: El lobo entró en el gallinero

Las críticas de Cristina Pamplona “CrisKittyCris”: La seducción

Después de pifias como Maria Antonieta o The Bling Ring empezábamos a pensar que Sofia Coppola había experimentado un golpe de suerte cuando, en 1999, sedujo a la crítica con su opera prima Las vírgenes suicidas y más tarde cosechó nominaciones en los más prestigiosos certámenes de premios con Lost in Translation. Desde entonces no había sabido igualar el éxito de sus dos primeros títulos al decantarse por una filmografía algo más frívola. Sin embargo, el estreno de La seducción nos devuelve al mundo de sensaciones e intimidad de la directora y nos recuerda por qué nos gustaba tanto.

La seducción es un remake de El seductor, la adaptación que Don Siegel dirigió de la novela The Beguiled (título que se conserva en la versión original) de Thomas Cullinam. La versión de Coppola mantiene la historia, pero decide contarla desde la perspectiva y los sentimientos de los personajes femeninos, creando un juego íntimo en una atmósfera de represión.

Herido en frente sureño, el cabo John McBurney es rescatado del ejército enemigo por una niña que sale a recolectar setas que llevar al colegio femenino en el que sus padres han decidido protegerla de la guerra. El soldado yanqui entra en ese espacio de mujeres como un visitante no deseado, pero pronto empieza a perturbar los corazones y las mentes de las féminas, hasta que todo ese deseo creciente termina por convertirse en violencia.

La directora utiliza como base el guion de Albert Maltz e Irene Kamp, el mismo que Siegel dirigió en la primera versión, y añade tan solo unos cambios para que la historia se narre a través de la percepción femenina. También prescinde del personaje de Hallie, la esclava negra, algo que ha sido tachado de “whitewashing” por algunos críticos y por lo que la directora se ha tenido que defender alegando que el papel de esclava no es el que quiere que represente a las actrices negras. Entre los fans de la versión del 71, la decisión no ha sentado bien, ya que Hallie es el personaje que antes desenmascara a John McBurney y su relación con él está más ligada a la fascinación que al deseo.

Por lo demás, la película comparte con su predecesora ese ambiente de pasión reprimida. Colin Farrel se hace con el papel que antes interpretó Clint Eastwood, pero esta vez su personaje no es el protagonista de la historia sino un desencadenante para que los personajes femeninos se permitan la liberación de su sexualidad. Nicole Kidman interpreta a la señorita Martha, la directora y dueña de la escuela femenina, en una interpretación menos contenida que la que ofrecía Geraldine Page en la primera versión, pero que también encierra una comicidad oculta. Kirsten Dunst, actriz fetiche de la directora, se mete en la piel de Edwina, la profesora de francés y caligrafía. Edwina es el personaje más hermético. Martha ha estado casada o prometida, pero Edwina se precipita hacia la soltería en un país que está perdiendo a sus hombres en la guerra. El cabo significa no solo una ruptura con la monotonía, sino la posibilidad de ser amada. Kirsten Dunst sabe trasmitir el deseo que se le escapa por los poros al tiempo que se mantiene gris y apocada en esa jaula que es la escuela en pleno frente de guerra. Kidman y Dunst brillan, pero el resto de jóvenes actrices que interpretan a las alumnas del colegio no se quedan rezagadas. De todas, no deja indiferente Elle Fanning. La actriz, que aún no ha cumplido la veintena, ya había trabajado con Sofia Coppola en Somewhere en donde interpretaba a la hija de Stephen Dorff. En La seducción interpreta a Alicia, una adolescente que juega con su sexualidad para atraer al inesperado invitado. Se encuentra en un puente entre el resto de niñas y las maestras adultas; mantiene una concepción naif y romántica del amor que la convierte en una víctima fácil para el guapo y misterioso cabo.

La película explora indirectamente la decadencia del sur que queda representada por la mansión en la que se encuentra la escuela. La fotografía de Philippe Le Sourd se regocija en la salvaje y abandonada vegetación del jardín, en las telas de araña, pero también en el sudor, en esa casi palpable humedad que se identifica con el deseo. La atmósfera se vuelve así un campo de batalla entre Eros y Tánatos, entre el amor, el deseo y la vida que anhelan esas mujeres y la muerte que las rodea.

Jennifer Deghan y Anne Ross, que se hacen cargo del departamento de arte y de diseño de producción, son las responsables de llevar el gótico sureño a nuestras pantallas. Filmada en Nueva Orleans, el equipo de producción se dedicó a ir por anticuarios y mercadillos en busca de muebles de la época, mientras que Stacey Battat, responsable del diseño de personajes, buscó la inspiración en los archivos del Metropolitan Museum en busca de materiales y prendas del 1860. Las tres mujeres establecieron una paleta de color para que la factura visual de la película se mantuviese en un equilibrio constante.

Sofia Coppola es una maestra a la hora de materializar los estados emocionales de sus personajes y hacerlos visualmente perceptibles para el espectador. Con La seducción, la directora vuelve a sus inicios, a deleitarnos con una explosión de sentimientos, necesidades y pasiones largo tiempo cerradas como ya hizo con Las vírgenes suicidas, y le añade sutiles toques de comedia negra que hacen de ella una más que digna reinterpretación de la versión de Siegel enriqueciéndola con una sensibilidad femenina.

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