Crítica de ‘En lugar del Sr. Stein’: Entre “El Misántropo” y “Cyrano”

Las críticas de José F. Pérez Pertejo: 
En lugar del Sr. Stein
 
Por razones que no vienen muy al caso, trato casi a diario con muchos ancianos y aunque he encontrado (no pocos) admirables casos de personas que viven su senectud con alegría y optimismo vital, muchos de ellos insisten en convencerme de lo triste que es llegar a viejo. A pesar de que siempre les rebato con toda la convicción de la que soy capaz con el argumento de que más triste es morirse joven, procuro escuchar sus lamentos, y de todos los fantasmas que sobrevuelan los últimos años de la vida, por encima incluso de los achaques o enfermedades, de lo que más se quejan es de la soledad, especialmente cuando esta es motivada por la pérdida de la persona con la que han compartido una larga vida llena de penas, alegrías, sexo, viajes, hijos, discusiones, distancias, encuentros y desencuentros. La persona a la que, en mayor o menor medida, y lo llamemos como lo llamemos, han amado.
 
Viene esto a cuento porque se estrena esta semana en España En lugar del Sr. Stein, la tercera película del director francés Stéphane Robelin que vuelve a tratar, en clave de amable comedia, el tema de la soledad y el amor (o su ausencia) llegada la tercera edad como ya hiciera hace seis años en su anterior film ¿Y si vivimos todos juntos?
 
Protagonizada por el veterano actor, director, guionista y cantante francés Pierre Richard, En lugar del Sr. Stein trata de un viudo, jubilado y amargado que lleva años sin salir de casa desencantado del mundo y de la gente y que únicamente encuentra alegría en ver viejos vídeos en super8 de su fallecida mujer cuando era joven. Cuando obligado por su hija (Stéphane Bissot) es obligado a recibir clases de informática de parte de un joven aprendiz de guionista llamado Álex (Yaniss Lespert), Pierre descubre las infinitas posibilidades de internet y comienza a sentirse interesado por las páginas en las que personas solitarias (o no) buscan citas y decide darse de alta en una de ellas para la cual crea un perfil con la misma sinceridad con la que un político jura ser honesto.
 
A pesar de que las diferencias argumentales son muchas más que las semejanzas, es inevitable pensar en que la sombra de Cyrano de Bergerac, el inmortal personaje de Edmond Rostand, planea permanentemente sobre Pierre y su joven profesor Alex que hace las veces de un atolondrado Christian de Neuvillette como instrumento para conquistar a la Roxana de turno que no es otra que Flora63, el perfil de una joven belga interpretada por la bellísima Fanny Valette. Pierre tiene la elocuencia, el don de hacer surgir las palabras capaces de enamorar el corazón de Flora pero su avanzada edad hará las veces de la nariz que acompleja a Cyrano mientras se oculta bajo el balcón de Roxana susurrándole a Christian las palabras que habrá de pronunciar para llegar al corazón de su amada.
 
Brillante es el trabajo de Pierre Richard que sostiene a sus 83 años (su personaje tiene 75) todo el peso del film, su transición de misántropo a Cyrano es sutil y su interpretación equilibra con delicadeza el carácter cascarrabias con la ternura propia de un personaje que, en el fondo, actúa movido por la necesidad afectiva. Peor está un Yaniss Lespert al que su papel parece aburrirle mortalmente e irresistiblemente encantadora (de otro modo el personaje no funcionaría) Fanny Valette.
 
El título original francés Un profil pour deux, que literalmente se traduciría como “Un perfil para dos” funciona casi como spoiler y a partir de aquí no conviene contar mucho más de la trama de una película bienintencionada que maneja con eficacia algunas situaciones cargadas de comicidad pero desaprovecha personajes secundarios que podrían dar mucho más de sí y resuelve torpemente algunas situaciones paralelas a la trama central. Robelin huye en todo momento de ejercer una crítica al espinoso tema de la suplantación de identidad en internet y se decanta claramente por el tono amable de comedia romántica parisina destinada a complacer al gran público. Y es en esta falta de garra y su carácter previsible donde radica la debilidad de una película que se beneficiaría de un poquito más de mala leche en su resolución y que, sin embargo, ofrece cien minutos de agradable entretenimiento sin pretensiones.

También te puede interesar

Deja un comentario