Crítica de ‘El pastor’: Lo individual sobre lo colectivo

Las críticas de José F. Pérez Pertejo: El pastor

En un supuesto teórico, todo el mundo dice respetar la libertad de los demás para tomar sus propias decisiones, pero cuando las decisiones individuales influyen en las colectivas y estas tienen consecuencias que implican dinero o poder, la libertad comienza a ser cuestionada. El individuo que mantiene su decisión firme con sus convicciones y amparado por su libertad individual se ve de repente amenazado por la colectividad cuyo lucro es puesto en peligro. Comienzan entonces a ponerse en marcha ciertos resortes (puede que inicialmente bienintencionados) de persuasión que tratan de convencer al sujeto en cuestión de qué es lo mejor para él como si uno no supiera qué es lo que quiere para sí mismo. Las aparentes buenas intenciones, si no dan fruto, no tardan en evaporarse al calor de la ambición y la codicia y se activan entonces los más bajos instintos humanos.

Alrededor de este planteamiento ético, teje el director salmantino Jonathan Cenzual Burley su tercera película, El pastor, tras su ópera prima El alma de las moscas (2012) y El año y la viña (2014). El pastor, que antes de su estreno en España ha sido presentada ya en Reino Unido con notable éxito, presenta a Anselmo (Miguel Martín) un pastor solitario y taciturno que parece salido de una novela de Miguel Delibes. Emparentado con el Tío Ratero de “Las Ratas” o el Sr. Cayo de “El disputado voto del Sr. Cayo”, Anselmo vive aislado en la llanura salmantina dedicado al pastoreo de sus ovejas y prácticamente al margen de la sociedad salvo por sus ocasionales visitas al bar del pueblo y a la biblioteca donde se nutre de libros para acompañar su bien llevada soledad. Cuando una agencia constructora pretenda comprar la zona para construir una urbanización de lujo, Anselmo descubrirá que su existencia deja de ser intrascendente para unos vecinos que siempre le han ignorado.

Cenzual Burley escribe, fotografía y dirige, con acierto en las tres labores, esta notable película que tanto desde el punto de vista narrativo como estético comienza en tono documental para transitar hacia el drama a medio camino entre el western y la fábula moral. El guion huye de los lugares comunes, de las soflamas grandilocuentes y de las consignas políticas para ejercer una sutil pero acerada crítica a la sociedad como cómplice de las injusticias a las que todos, en mayor o menor medida, somos sometidos por gobernantes, banqueros y poderosos en general. La dirección de fotografía se apoya en la inmensidad de la llanura castellana para acentuar la pequeñez del individuo que se plantea en el guion. Con un marcado uso de la foto fija, utiliza el paisaje como un personaje más y acierta a retratar el hábitat rural con los matices semiurbanos que encuadran la historia.

En cuanto a la dirección, el tono semidocumental que marca todo el inicio del film resulta coherente con el modo en que Cenzual Burley quiere contar la película, esta coherencia narrativa es probablemente el mayor acierto de una puesta en escena deliberadamente reposada. La dirección huye de las prisas y el ruido para recrearse en acciones y personajes, unos personajes interpretados por un reparto un tanto desigual en el que sobresale Alfonso Mendiguchia como Julián, suyo es el personaje que encarna como ninguno el planteamiento humano expuesto en el primer párrafo de este escrito y Mendiguchia aporta una naturalidad, una dicción y una presencia en pantalla que se echa de menos en algunos de sus compañeros de reparto, especialmente en algunos secundarios que desprenden demasiado aroma a amateurismo. Nada que reprochar sin embargo a Miguel Martín que ejerce el protagonismo con solvencia ayudado por un físico que da verosimilitud a su oficio y modo de vida.

El Pastor es una película muy notable a pesar de algunas imperfecciones menores relacionadas, como he dicho, con unas interpretaciones irregulares. Encarna prototípicamente el canon de un cine de autor poco frecuente en el cine español, más propio quizá de festival que de salas comerciales, que esperemos tenga suerte con la distribución en la jungla de grandes éxitos revienta taquillas que suelen poblar la cartelera veraniega y pueda verse más allá de las grandes ciudades y de los circuitos exclusivos del cine de autor.

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Un comentario sobre “Crítica de ‘El pastor’: Lo individual sobre lo colectivo

  • el 6 julio, 2017 a las 2:07 pm
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    Asi esta el mundo cada uno mira para el y el que venga detras que se jod. “CONCURSO LA TUMBA DE LA LUCIÉRNAGAS EN DVD”

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