Crítica de ‘Una noche fuera de control’: Mucho bombo para tan pocas risas

Las críticas de Cristina Pamplona “CrisKittyCris”: Una noche fuera de control

Kilos de cocaína y alcohol, un cadáver y unos vecinos aficionados a los tríos sexuales; los ingredientes necesarios para hacer de este título una gran comedia de desmadre y, sin embargo, Una noche fuera de control está condenada por la falta de originalidad y el fracaso a la hora de explotar su gran reparto principal.

Jess (Scarlett Johansson) se prepara para su inminente boda mientras intenta salvar su carrera como candidata al senado de los Estados Unidos. Alice (Jillian Bell), su mejor amiga de la universidad, ha preparado el fin de semana perfecto para despedir la soltería de Jess y reunirse también con Blair (Zoe Kravitz), Frankie (Ilana Glazer) y Pippa (Kate McKinnon). La despedida de soltera se condena cuando, por accidente, matan al stripper.

La historia nos resulta familiar; es casi una versión femenina de Very Bad Things. Un mismo producto en nuevo envase, y eso no tendría que ser necesariamente malo si no fuese porque Una noche fuera de control carece del humor negro y la mala leche del título de 1998 protagonizado por Cameron Diaz y Christian Slater, quedándose en una versión aguada que no consigue enfocar el camino hacia el que quiere ir y en su lugar crea un guion esquemático, tan irreal como predecible.

Lucia Aniello dirige la historia que ella misma ha escrito en colaboración con Paul W. Downs, quien se reserva además el papel de prometido de la protagonista. Aniello, que ha cosechado magníficas críticas y fue nominada a los premios del sindicato de guionistas gracias a la serie Broad City, una comedia liderada por sus dos protagonistas femeninas, no ha sabido desarrollar el potencial del quinteto de actrices que protagonizan este título y ha preferido perderse en episodios sin gracia que parecen sacados de los recortes de otros clásicos del subgénero como Resacón en Las Vegas o La boda de mi mejor amiga.

La película comienza con muy buen ritmo y los primeros veinte minutos son una cadena de chistes que presagian hora y media de risas, pero pronto se precipita a una concatenación de incidentes previsibles, en lugar de aprovechar el peso pesado de su cartel. De nada sirve tener a Kate McKinnon si la única gracia de su personaje va a ser su forzado acento australiano. Jillian Bell, que tan adorable y divertida estaba en su breve papel en Los tres reyes malos, aquí resulta insufrible. En cuanto a Scarlett Johansson e Ilana Glazer, sus personajes son tan planos que las actrices poco podían hacer por sacarlos adelante. La única que merece destacarse es Zoë Kravitz quien, entre acción, drama y thriller, aún no había demostrado su vis cómica y aquí muestra mucho potencial, aunque también es verdad que para ella se reserva una de las únicas escenas destacables de la película: el trío sexual entre Demi Moore, Ty Burrell y ella.

Podríamos pensar que ya hemos tenido bastante de gente hasta arriba de drogas intentando solventar una crisis en un tiempo límite. Está claro que hay poco que añadir a una historia contada cien mil veces, pero existen ejemplos aún de películas que, sin ser necesariamente buenas, consiguen que pases un buen rato. Los tres reyes malos, Despedida de soltera o Supersalidos no hacen más que heredar las tramas y el humor de otros títulos que las preceden, pero no fallan como comedias porque lo único que hemos de exigirle al humor es que nos haga pasar un buen rato, y en eso Una noche fuera de control fracasa estrepitosamente.

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