Crítica de ‘Déjame salir’: Adivina quién viene a morir esta noche

Las críticas de Cristina Pamplona “Cris Kitty Cris”: Déjame salir

El terror, ese género tan atractivo como tramposo porque juega con nuestra lógica y nuestro miedo y nos presenta situaciones en las que no querríamos vernos: un loco caníbal que nos persigue, sierra mecánica en mano, por una granja en medio de la nada; un hotel con un oscuro pasado aislado por el invierno; o una extraña cinta de vídeo que nos condena a muerte. Las grandes historias de terror se repiten, se reescriben o se reinterpretan con mayor o menor éxito hasta la saciedad y por eso es un género que cae con frecuencia en la falta de originalidad. Y, aun así, cada cierto tiempo, sale alguna joyita. Déjame salir es uno de estos casos.

Aunque algunos críticos han observado similitudes entre la película de Jordan Peele y la obra del ya consagrado Night Shyamalan, yo no dejé de pensar durante la poco más de hora y media que dura en cuantísimo la hubiese disfrutado Ira Levin, porque Déjame salir tiene la brillantez, la extrañeza y el humor de La semilla del diablo o Las poseídas de Stepford. Podríamos esperar entonces falta de originalidad, pero no, el guion de Peele, a pesar de los rasgos en común con la obra de Levin, se ha convertido en una brisa dentro del género, y a una factura de sustos y tensión como hacía tiempo que no se veía hay que sumarle su ácida crítica al racismo norteamericano.

Déjame salir es el primer trabajo como director del actor cómico Jordan Peele, un intérprete curtido en la televisión con series como MADTv, Fargo o Wet Hot American Summer: First Day of Camp. Aunque escrito mucho antes, Peele se dio cuenta del potencial de su historia con la aparición del movimiento Black Lives Matter que demostraba que el racismo en los EEUU no forma parte del pasado. La productora de cine de terror Blumhouse, conocida por embarcarse en proyectos que no superen los cinco millones de dólares en presupuesto, no temió el respaldar una producción pequeña en manos de un director principiante y la jugada le ha salido perfecta; con un presupuesto de unos cinco millones, la película lleva recaudados casi doscientos setenta millones en todo el mundo, convirtiéndose en el mayor éxito de taquilla para un director novel.

La historia comienza el día en el que Chris, un joven fotógrafo negro, se prepara para conocer a los padres de Rose, su novia blanca. El temor inicial a los prejuicios de sus futuros suegros, se ve apaciguado cuando por fin llega a casa de los Armitage, una familia demócrata y afable. Sin embargo, algo no le cuadra a Chris en ese ambiente familiar ideal y es el comportamiento extraño de los afroamericanos que conviven con la familia.

La historia es a partir de ahí un encadenamiento de tensión, sustos y momentos cómicamente incómodos. Con un desfile de personajes estereotipados, la película se convierte más en una sátira que en una feroz crítica de la américa blanca, sin poder hablar de racismo inverso, al fin y al cabo, Peele es el resultado de un matrimonio interracial. No hay beligerancia y, no obstante, el juicio a esa sociedad que quisiera a sus negros mansos y “blanqueados” está ahí.

Peele ha tenido además la suerte de rodearse de actores geniales. Daniel Kaluuya es nuestro héroe en la historia, un negro de éxito dentro del mundo del arte que sospechamos, aunque no se nos diga, que ha sufrido el racismo en primera persona. Kaluuya, que se mueve entre la tele y la gran pantalla y a quien veremos próximamente en Pantera negra, es de una expresividad magnética e incluso sin hablar, cuando su personaje observa esa galería de personajes raros, podemos sentir su burla, su juicio o su miedo. Rose es interpretada por Allison Williams, una de las protagonistas de la exitosa serie Girls en su primer trabajo en el cine. Su papel es breve, casi de partenaire del protagonista, y no obstante nos enamoramos de ella. Pero el mejor regalo para un primer proyecto como director es que puedas contar con dos grandes nombres y Peele los tiene en el matrimonio Armitge, los padres de Rose, que son interpretados por Catherine Keener y Bradley Whitford. Ambos eternos nominados, Keener ha estado a punto de tocar el Oscar dos veces por Capote y Cómo ser John Malkovich, y Whitford rozó el Golden Globe tres veces por El ala oeste de la Casa Blanca, si bien sí se hizo con el Emmy en dos ocasiones. Ambos intérpretes se dejan ver más en proyectos pequeños y películas independientes que en grandes producciones y, en ambos casos también, saben robar la escena sin importar la extensión de su papel.

Déjame salir es una genialidad que combina humor negro, terror, tensión, violencia y que despierta una deliciosa incomodidad en el espectador. Si a veces hay que desconfiar de la unanimidad de la crítica, esta no es una de ellas, todos los elogios que escuchéis sobre ella están justificados.

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