Crítica de ‘I Am Not Your Negro’: Cuando el enemigo es tu compatriota

Crítica de ‘I Am Not Your Negro’: Cuando el enemigo es tu compatriota
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Las críticas de Cristina Pamplona “CrisKittyCris”: I Am Not Your Negro

Hace dos semanas, James Harris Jackson, veterano de guerra y supremacista, apuñaló a Timothy Caughman, un hombre negro que tuvo la mala fortuna de cruzarse en su camino. Ambos hombres no se conocían, no hubo discusión, el atacante solo quería cometer un crimen de odio contra una comunidad que, según sus palabras, corroía la raza blanca. El asesinato de Caughman no es más que otro ejemplo de la delicada relación que históricamente han mantenido negros y blancos en EEUU. I Am Not Your Negro no es tanto un documental sobre el racismo como un ensayo que repasa esa relación.

En 1979, el escritor James Baldwin decide escribir un manuscrito contando la historia del racismo estadounidense a través de los asesinatos entre 1963 y 1965 de sus tres amigos y activistas: Medgar Evers, Malcolm X y Martin Luther king Jr. La obra, titulada “Remember this house”, queda inacabada, pero sirve de narración para que el director haitiano Raoul Peck, a través de poderosas imágenes, desarrolle una tesis visual que demuestra que la crueldad con la que Estados Unidos ha tratado a sus ciudadanos negros reside en un miedo irracional, una mentalidad que, en un porcentaje amplio de la ciudadanía blanca, no ha desaparecido. La de identificar al negro con el otro, el criminal, el extraño, el que no pertenece. Así, aunque con algunos flashforwards que demuestran que el problema sigue latente en incidentes como los de Ferguson en 2014, la narración se sitúa en la década de los 60, en la que las imágenes de lucha por los derechos civiles contrastan con la América que retratan los medios, una América inmaculada y blanca.

Peck no hace uso de testimonios, todas las imágenes son de archivo, y solo las palabras de Baldwin, con la voz del actor Samuel L. Jackson, nos sirven de guía en este viaje al corazón de la discriminación, la ignorancia y la violencia, desde una perspectiva humanista y mordaz, y utilizando la yuxtaposición de imágenes  para marcar la falta de progreso en un tema que nos empeñamos en dejar atrás escudándonos en lo que se ha conseguido, en lugar de hablar sobre lo que falta por conseguir, como si la igualdad se midiese en gramos en lugar de ser la consecuencia lógica de la convivencia.

Esclarecedor para entender esto es el discurso de Robert Kennedy, entonces en plena carrera hacia la presidencia, en el que aseguraba que en cuarenta años un negro podría llegar a presidente. Y tenía razón, hemos vivido para verlo, pero es en el análisis que Baldwin hace en ese momento cuando entiendes el veneno condescendiente que encierran esas palabras.

Las referencias fílmicas sirven de apoyo para el ensayo documental que está inteligentemente estructurado en busca del impacto en el espectador ante la confrontación de imágenes que presentan dos países distintos: el de la sociedad blanca, afable, inofensiva e idílica vendida por el cine y la televisión, y el de la América real donde podía convivir la marcha sobre Washington con los disturbios en Charlotte, Carolina del Norte, el primer día que Dorothy Counts asistió a clase en un instituto de blancos.

I Am Not Your Negro escupe verdades sobre la situación racial en Estados Unidos. En la elocuencia de Baldwin hay un regusto a tristeza, a rencor, pero también un llamamiento a la unidad, a crear una nueva identidad de país que devuelva su lugar en la historia nacional a aquellos que fueron explotados, linchados, escupidos y acallados por el color de su piel.

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