Crítica de ‘Figuras ocultas’: Entretenida y sensiblona

Las críticas de José F. Pérez Pertejo: Figuras ocultas

Hubo un tiempo en el que no existían los ordenadores tal y como hoy los conocemos y las operaciones matemáticas debían ser realizadas por seres humanos aunque se valieran para ello de rudimentarias calculadoras. Hubo un tiempo en el que había aseos públicos para negros y para blancos, asientos en los autobuses para negros y para blancos, y en el que pensar que una mujer negra pudiera llegar a ser ingeniera era algo más que una utopía. Sin embargo era perfectamente factible que un grupo de mujeres negras se dedicara al laborioso trabajo de ejercer de calculadoras humanas en uno de los centros tecnológicos más importantes del mundo: la NASA. Hubo un tiempo en el que dos naciones se hacían llamar superpotencias mundiales y vivían enzarzados en plena guerra fría y en una carrera espacial que se convirtió en una auténtica obsesión por liderar la exploración del espacio exterior con satélites o ser los primeros en poner a seres humanos a dar vueltas alrededor de la tierra y pisar por primera vez la luna.

Hubo un momento en la historia en el que las cosas (muy lentamente) comenzaron a cambiar, una empresa llamada IBM puso en funcionamiento un ordenador de esos que ocupaban una habitación entera y eran capaces de realizar 24.000 multiplicaciones por segundo, un carismático astronauta llamado John Glenn representaba como nadie los valores del pueblo americano mientras un reverendo llamado Martin Luther King clamaba en las calles por los derechos civiles de la población negra y un presidente llamado John F. Kennedy despertaba la esperanza de sus compatriotas en que un mundo mejor era posible. Y es en este momento, en 1961, en el que se sitúa la novela “Figuras ocultas” de Margot Lee Shetterly que ha sido llevada con el mismo título a la gran pantalla por el director Theodore Melfi (St. Vincent) con un reparto de campanillas.

Figuras ocultas es una de esas películas que el cine norteamericano sabe hacer muy bien, mezclar acontecimientos históricos reales con las vidas personales de héroes anónimos, ensalzar los valores patrióticos de la nación y mover la emotividad del espectador con los logros de la buena gente que venciendo obstáculos y dificultades revierte una situación adversa; porque adversa es la vida de tres mujeres negras, tres brillantes matemáticas, que trabajaban en la Agencia Espacial Norteamericana calculando las órbitas sobre las que habían de girar los satélites y las coordenadas de los puntos donde los cohetes debían salir de y regresar a la atmósfera, cálculos matemáticos incomprensibles para el gran público de cuya exactitud dependía el éxito o el fracaso de las misiones espaciales.

Me he pasado los diez primeros minutos de película con el mosqueo de saber quién era la actriz que interpretaba a una de estas tres mujeres hasta que he reconocido a la cantante Janelle Monáe cuyo rostro he visto varias decenas de veces en el videoclip de la canción “We´re Young” de la banda norteamericana Fun. Se trata, al parecer, de su debut en el cine aunque próximamente la veremos en Moonlight (Barry Jenkins, 2016) y está estupenda como la tenaz Mary Jackson, la primera mujer afroamericana que consiguió ser ingeniera. La acompañan las mucho más experimentadas Octavia Spencer (Óscar a mejor actriz secundaria por Criadas y Señoras) y Taraji P. Henson (protagonista de la serie Empire) cuyo personaje Katherine Goble vive todavía con 98 años. Las tres actrices están soberbias y son carne de nominación a premios de interpretación.

En la parte masculina, el protagonismo recae sobre un resucitado Kevin Costner cuyo trabajo recuerda agradablemente al de aquel actor que a finales de los ochenta y primeros noventa era un imprescindible de las más importantes producciones hollywoodienses. Aquí interpreta al jefe del programa espacial, uno de esos hombres con la extraña habilidad de despertar autoridad y respeto al mismo tiempo que demuestran su humanidad en los momentos clave. Completan el reparto un Jim Parsons (The Big Bang Theory) que no pasa de correcto y una Kirsten Dunst a la que de repente se le ha puesto cara de señora mayor.

La trama de todo lo que supone la carrera espacial y la lucha laboral de estas tres mujeres está contada con excelente pulso, todo cuanto ocurre dentro de la NASA me parece apasionante, en todo momento me dejo llevar por estas tres mujeres queribles con las que resulta muy fácil empatizar, tres personas excelentes hasta donde un guion excesivamente hagiográfico nos permite conocer. El problema surge cuando salimos de la NASA y el relato pretende mostrarnos las vidas de estas tres mujeres y naufraga en una melifluidad sonrojante. Algunas de las secuencias, como la petición de mano al personaje de Taraji P. Henson, son de apartar la cara de la pantalla. Y es una lástima porque en conjunto, la película es muy entretenida y estas concesiones a la sensiblería más barata deslucen el resultado final.

La puesta en escena es excepcional como corresponde en una producción de estas características y la impecable factura del film se apoya en una dirección artística que cuida al detalle la recreación de la época, un vestuario sobresaliente y una excelente partitura musical de Hans Zimmer y Benjamin Wallfisch que se completa con un buen puñado de canciones de Pharrell Williams.

Salgo del cine y la pantalla de mi móvil me informa de la investidura del funesto Donald Trump como nuevo presidente de los Estados Unidos, es 20 de enero de 2017, justo 55 años después de aquel 20 de enero de 1961 en el que John F. Kennedy fue investido presidente en un momento en el que el mundo estaba cambiando. Ahora también está cambiando. ¿No será que nunca hemos dejado de cambiar? ¿Hacia donde vamos? ¿Quiénes son las figuras ocultas de 2017? ¿Harán una película sobre ellas dentro de 55 años?

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