Crítica de ‘Fiesta de empresa’: la anual parida navideña

Las críticas de Cristina Pamplona “Cris Kitty Cris”: Fiesta de empresa

Películas gamberras y películas navideñas, mis eternos guilty pleasures… Si encima cruzas ambos géneros, me tienen ganada, y es un problema, porque nunca sé cómo aproximarme a la crítica. Como ya ocurriese el año pasado con Los tres reyes magos, Fiesta de empresa me ha parecido una comedia que está a años luz del humor inteligente y que, a pesar de eso, me ha hecho reír a carcajadas.

Josh Parker es ejecutivo en una gran empresa de telecomunicación en Chicago. Junto a Clay Vanston, director de la sucursal, preparan la fiesta de Navidad, pero cuando Carol, hermana de Clay y directora general, amenaza con cerrar la oficina para siempre si no consiguen un contrato millonario en veinticuatro horas, a Josh y a Clay sólo se les ocurre un plan: montar una fiesta de Navidad épica.

La película está dirigida por Josh Gordon y Will Speck, responsables de Patinazo a la gloria, y el guion lo comparten Justin Malen y Laura Solon, ambos con una trayectoria casi inexistente en cine, junto a Dan Mazer, guionista de Ali G, Borat y Bruno, que trabajan sobre una idea de Jon Lucas y Scott Moore, los “one hit wonder” de Resacón en las Vegas. Un argumento tonto y predecible, con su momento moñas propio de las películas de estas fiestas, no significa que no se pueda disfrutar de ella, porque entre tantísimos personajes para elegir como tiene Fiesta de empresa, es difícil que no encuentres quien te divierta.

Y es que, si flojea en su hilo argumental, no lo hace en las hebras sueltas y eso se debe a su genial reparto. Tenemos a los tres protagonistas, claro, Jason Bateman, Olivia Munn y T.J Miller, los dos primeros pasan sin pena ni gloria, pero T.J Miller, que se hizo familiar a todos por su papel de mejor amigo de Deadpool,  resulta muy divertido en el papel de Clay Vanston, un niño de papá sin cerebro, pero tremendamente bondadoso. Una especie de Bob Cratchit, frente a la Scrooge de su hermana.  Pero el peso de la comedia cae sobre sus secundarios. Kate McKinnon y Vanessa Bayer del Saturday Night Live, Randall Park, Sam Richardson y Matt Walsh de Veep y otros rostros conocidos que hemos visto en otras películas del género como Jillian Bell (Los tres reyes malos, La boda de mi mejor amiga) o Rob Cordry (Jacuzzi al pasado, Patinazo a la gloria), son nombres vinculados a la comedia norteamericana, rostros que has visto aquí y allí, pero que nunca decepcionan en sus trabajos que rara vez se sitúan en el plano protagonista. Por eso, para decorar el póster promocional con un gran nombre, Jennifer Aniston se reserva un breve papel como Carol Vanston, la hermana fría y responsable de Clay. 

La gracia de estos personajes reside en que no hay dos iguales, están tan estereotipados que te quedas con ellos desde el principio, sabes cómo son y eso hace que te lleves la sorpresa cuando se desatan en el desenfreno de la fiesta. Quien mejor retrata esas dos caras es Kate McKinnon como Mary, de recursos humanos. De nuevo McKinnon interpreta un personaje raro, pero distinto al de Jillian Holtzmann en Cazafantasmas. Mary sería el resultado de una noche de sexo entre Meredith y Toby de The Office; formal y responsable en el despacho, pero con un diablillo escondido. 

No es raro por tanto que el espectador se quede con ganas de un poco más de secundarios y menos trama principal, porque son ellos los que hacen de la película una comedia eficaz, son ellos los que te sacarán a la carcajada y son ellos los que, sin poder etiquetarla como una gran comedia, hace que pases las casi dos horas deseando fotocopiarte el culo junto a tus compañeros de oficina.

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