Crítica de ‘Doctor Strange (Doctor Extraño)’: Aventuras mágicas dentro de un caleidoscopio

Las críticas de Óscar M.: Doctor Strange (Doctor Extraño)
 
 
A pesar de que Marvel ya tiene su universo cinematográfico bien construido y económicamente establecido, la máquina no cesa de incluir nuevos personajes para seguir ampliando sus franquicias y ahora se atreve con la presentación de un personaje clásico de los cómics: Doctor Extraño.
 
La llegada de Doctor Extraño a las pantallas de los cines es una propuesta muy arriesgada, teniendo en cuenta que presentar directamente al personaje a los espectadores puede causar cierto rechazo (a estas alturas está más de moda y tiene más estilo hacer una breve presentación del personaje, como han hecho con la reintroducción de Spiderman en Capitán América: Civil war).
 
La promoción de la película prometía algo nunca visto y novedoso y, realmente, Doctor Extraño supone un nuevo mundo de magia y hechicería semi-inédito para el Universo Marvel (en Civil war, la Bruja escarlata ya ofreció un pequeño adelanto), aunque las comparaciones con otras cintas anteriores (no por temática, pero sí por efectos digitales o línea argumental) son inevitables.
 
Los espectadores más avispados verán en seguida los paralelismos con Origen en esos edificios que se desdoblan y las ciudades que se bifurcan hasta el infinito en la presentación del villano durante la introducción, pero haciendo un análisis un poco más profundo, la historia no es ni más ni menos que una actualización de Matrix (argumentalmente son la misma película, incluido el oráculo y el aprendizaje de técnicas de lucha por parte del héroe).
 
Pero Doctor Extraño es algo más que un simple mejunje de estas dos (otras, como Thor, se quedaron en una cuestionable mejora y revisión de Masters del universo), aportando novedades al Universo Marvel, abriendo nuevas posibilidades argumentarles para el futuro y ofreciendo unos inmejorables efectos especiales que, en ciertos momentos, recuerdan a los clásicos caleidoscopios que teníamos cuando éramos pequeños.
 
El hilo argumental básico es el nacimiento de un nuevo héroe (y, próximamente, integrante de Los vengadores) similar a lo que ya vimos en Capitán América, Iron man o Thor, con su correspondiente maestro y villano. Pero amplía la historia incluyendo a personajes que tendrán más importancia en próximas entregas, no siendo una película totalmente autoconclusiva, como las anteriores, con repercusiones que veremos en las siguientes secuelas.
 
El papel principal ha recaído en un correcto Benedict Cumberbatch que se distancia de su trabajo en la serie Sherlock, pero quienes destacan en la adaptación son Rachel McAdams y la incansable Tilda Swinton, que aportan estabilidad, solidez y confirman la importancia de los personajes femeninos en la saga de películas de superhéroes. Por el contrario, Mads Mikkelsen no destaca ni por su actuación (correcta, pero poco representativa) ni por sus motivaciones como un villano memorable.
 
La banda sonora de Michael Giacchino (capaz de adaptarse a cualquier propuesta, ofrecer algo novedoso y defraudar en pocas ocasiones) complementa una aventura audiovisual donde Scott Derrickson (resucitado en el género de terror tras el fracaso del remake de Ultimátum a La Tierra) ha conseguido un equilibrio entre personajes y efectos visuales, y donde el 3D complementa sin molestar (aunque su necesidad sea efímera y cuestionable, como siempre).
 
Doctor Extraño consigue algo que muchos espectadores ya daban por imposible: construir una sólida película en solitario en mitad de un universo cinematográfico cada vez más compartido y menos compartimentado. Un nuevo mundo de posibilidades mágicas inédito hasta ahora.

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