La música de ‘¡Hatari!’ (1962), de Henri Mancini

Existen determinadas películas que no necesitan tener entre sus protagonistas a personajes buenos que son héroes y personajes malos que les hacen la vida imposible a los buenos y sus allegados. No hay un fin último de salvar el mundo, ni descubrir al asesino, ni el beso deseado al final de la película por el protagonista y su amada.

La película de la que hablamos hoy no tiene nada de eso, y sin embargo lo tiene todo para haberse convertido en un clásico del cine. Y su banda sonora, por supuesto, ha ayudado a conseguir este logro.

¡Hatari! nos cuenta las vivencias de un grupo de cazadores que trabajan para un zoo y que se desplazan hasta Tanzania para cazar los animales que aparecen en la lista que el zoo les ha dado. Tan sencillo como ésto, pero todo un reto para el compositor Henry Mancini, que justo antes había ganado un Óscar como autor de la canción “Moon River” para la película Desayuno con diamantes. Se presentaba ante el reto de poner música a una película que se podía catalogar como de aventuras, pero que  tenía sus toques de comedia y western.
Henry Mancini aceptó el desafío, cambió de registro y se lanzó de lleno a esta producción donde consiguió mezclar, con bastante atrevimiento, tonos de jazz y música africana. Y el resultado no pudo ser más acertado.
También se encontró con otro pequeño escollo: para conseguir el trabajo en ¡Hatari!, su director, Howard Hawks, tuvo que prescindir de Dimitri Tiomkin, uno de los grandes sinfonistas del cine clásico. Así que el reto de Mancini fue doble: devolver la confianza que habían depositado en él creando una buena composición musical para el film, y lograr crear una música que no desentonara en una película de aventuras, western y comedia.
Y el cambio resultó ser para bien. La crítica de la época la tildó como una deliciosa y entrañable partitura en la que el compositor explora musicalmente la sabana africana, dotándola de ritmos cálidos sin alejarse en absoluto de su reconocible estilo. Y ésto último es algo a tener muy en cuenta. Cómo Mancini supo adaptarse a las exigencias de la película, pero sin perder su estilo propio, aquel que le definía y por el que quisieron contar con él.
En las escenas de acción, la música acompaña perfectamente a la batalla entre el rinoceronte y el jeep, pero en las escenas más de comedia, un baile relajado en el salón se convierte en un momento tierno y a la vez divertido de la película.
Y, por supuesto, la melodía más reconocible de toda el film: “Baby Elephant Walk”. Una melodía versionada en multitud de ocasiones y de las más populares de la historia del cine.
Este divertido boogie en el que armoniza magistralmente instrumentos de madera y de metal (incluyendo la tuba, por supuesto, que para eso son elefantes) recrea a la perfección las travesuras que los tres bebés elefantes hacen durante toda la película, incluyendo la memorable búsqueda final por el pueblo de su fiel domadora. Una canción que pone de buen humor a aquel que la escucha y que refleja bastante bien el fin último de esta película: hacernos pasar un rato divertido a través de una historia sencilla, y que las algo más de dos horas que dura la película se nos pasen volando gracias a un gran reparto, una historia bien contada y, por supuesto, a una banda sonora que encaja a la perfección con todo lo que vemos en el film.

Os dejamos con nuestro podcast donde hablamos de esta
película y podréis escuchar muchos de los temas que os comentamos aquí:

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