Crítica de ‘Lejos del mundanal ruido’: Cuadrado amoroso en la campiña inglesa

 Las críticas de Cristina Pamplona “CrisKittyCris”: Lejos del mundanal ruido

Si de adaptar novelas inglesas se trata, BBC es una apuesta segura. Eso, como diría Jane Austen, es una verdad universalmente aceptada. Por eso no es de extrañar que Fox Searchlight Picture se haya asociado con la productora británica para la última versión de Lejos del mundanal ruido, la novela de Thomas Hardy publicada en 1874. La obra que se ha llevado a la pantalla, ya sea grande o pequeña, en varias ocasiones, es recordada por la película que en 1967 hizo John Schlesinger, con Julie Christie, Peter Finch y Terence Stamp en el reparto. Junto a esta, hemos de mencionar la adaptación que el siempre brillante Stephen Frears hizo de la novela gráfica “Tamara Drew”, una muy muy muy libre revisión de la novela de Hardy. Con esta nueva versión se ha conseguido otra lectura mas. La misma historia que en la película de Schlesinger, igual de brillante, igual de bien interpretada y no obstante distinta. Con dos horas de duración, nadie puede compararla con las adaptaciones de varios episodios que la BBC produce para televisión, o con las casi tres horas y media de la producción de 1967, pero esta versión es un interesante retrato de uno de los personajes femeninos más importantes, complejos y fuertes de la literatura inglesa.

Lejos del mundanal ruido cuenta la historia de Bathsheba, una campesina que tras heredar la fortuna de su tío que convertirá en dueña de una prospera granja. Independiente y fuerte, Bathsheba está decidida a mantenerse soltera, pero tres pretendientes: su primer amor, otro terrateniente y un soldado, hacen que sus sentimientos amenacen con acabar con su determinación de no contraer matrimonio.

La primera impresión del espectador se centrará en su preciosa fotografía que se regocija en la naturaleza y en el mundo rural y campestre que idealizaba Thomas Hardy. Casi resulta increíble que sea el danés Thomas Vinterberg, quien fundó junto a Lars Von Trier el movimiento Dogma, el que se haga cargo de la dirección. Enamorado de la novela del autor inglés y de su continua sensación de fatalidad, Vinterberg dejó atrás su estilo personal y se rindió ante las posibilidades que da estar respaldado por una gran estudio, dispuesto a resucitar los dramas románticos épicos al mas puro estilo del Doctor Zhivago de David Lean.

Vinterberg confía la fotografía a Charlotte Bruus Christensen, con quien ya trabajase en La caza o Submarino. Ambos eligieron Dorset, Oxfordshire y Somerset como localizaciones para los descriptivos paisajes de la novela de Hardy. Para mantener pura la imagen de luz y colores, Bruss Christensen descartó filmar en digital y optó por filtros para poder captar la diferencia de calidez en las estaciones a lo largo de dos años que en realidad fueron filmadas en los tres meses de otoño. Con un ejemplar de la novela siempre a mano, Bruus Christensen se decidió por los primeros planos en los detalles del paisaje, en las flores y en las sombras, en como este acompaña a los personajes en su humor y prevé la muerte y el renacer.

Como no puede esperarse menos de un drama romántico de época, la banda sonora, compuesta por Craig Armstrong es absolutamente soberbia. Alejándose por completo de la música, igualmente destacable, de la versión de John Schlesinger, Armstrong deja a un lado los temas enraizados en el folclore rural y propone una banda sonora más intimista que hace que los protagonistas queden encerrados en una atmósfera ajena a la alegría pastoral de fondo. La apertura con un solo de violín, acompaña la vida sencilla de Bathsheba al comienzo de la película. Piezas como el dúo de violín y arpa llenan de sensibilidad romántica (en el mas puro sentido de la palabra) los paisajes de bosques interminables. El piano también tiene un lugar privilegiado que aparece en las escenas más dramáticas como la huida de Troy hacia el mar. El folclore queda reservado para los personajes, y una de las escenas centrales de la historia, la cena que comparte Bathsheba y sus trabajadores a la que se une Boldwood, guarda el tema que acompañó al tráiler de la película, Let No Man Steal Your Thyme, interpretado por Carey Mulligan y Michael Sheen.

David Nicholls (Siempre el mismo día, Grandes esperanzas) hace un muy buen trabajo con el guión que trata en esencia a la protagonista de Hardy, esa mujer en una situación privilegiada para su tiempo que puede permitirse ser independiente, pero que, no obstante, ha de luchar contra su propio deseo que es el que desencadena su drama. Su cruzada por mantenerse como una mujer sola y exitosa en un mundo de hombres se opone por completo al concepto de romance. Por ello, a pesar de los tres galanes de la película, el centro de atención siempre se mantiene en ella. No obstante el espectador echará de menos alguna medida de tiempo, porque las escenas transcurren sin saber si han pasado días, semanas o meses. No es un problema de guión, es un problema de metraje. A la película le falta media hora para desarrollarse perfectamente, además de para profundizar en los personajes de Fanny y el sargento Troy a los que no se termina de apreciar.

Al contrario que la protagonista de la versión de los sesenta, interpretada por la deslumbrante Julie Christie, la Bathsheba de Carey Mulligan no es coqueta, no flirtea con los hombres y, como ya le pasara al personaje más famoso de Hardy, Tess de los d’urberville, a veces parece que su belleza juega en su contra y que ha de luchar para equilibrar su propia identidad femenina con el concepto de femineidad que impera en la sociedad que la rodea. En este sentido, Carey Mulligan hace un papel espléndido reflejando en su rostro toda la fuerza que su delicado cuerpo esconde. Desde el minuto uno sabemos que es un espíritu libre y una mujer a la que no le asusta el trabajo, pero es cuando se ve dueña de una granja llena de labriegos cuando ha de demostrar agallas, y Mulligan sabe como mostrar miedo y fuerza en una sola expresión. Su Bathsheba no tontea inocentemente entre el sentimentalismo y la razón como puede hacerlo la interpretación de Julie Christie, sino que realmente muestra una adulta y compleja lucha entre corazón y mente.

De los tres pretendientes, Michael Sheen sobresale en su papel de vecino terrateniente, el señor Boldwood, una figura trágica que roza lo patético hasta despertar una lástima que aleja a Sheen del papel frío al que nos tiene acostumbrados en la serie Masters of Sex. Opuesto a él, Tom Sturridge interpreta al sargento Troy. Irresponsable, juerguista y sexual, sabes que es el hombre a evitar, y por eso es precisamente el que tienta a Bathsheba. Posiblemente la peor elección de papel en la película, Sturridge es guapo, de eso no hay duda, pero no resulta atractivo, y es tan niño que no crees que una mujer como Bathsheba no lo devore vivo. A medio camino está la solida interpretación de Matthias Schoenaerts, el actor europeo de moda, que aquí da vida al hombre entre los dos polos opuestos, Gabriel. Ambicioso, orgulloso, pero compasivo, es el hombre que empieza amando a Bathsheba como mujer y termina respetándola como persona. Su historia de amor es un viaje de conocimiento, en el que Gabriel actúa como confesor y amigo de ella más que como enamorado.

Lejos del mundanal ruido es una suntuosa producción en la que cada dólar se ha invertido en belleza, pero que va mas allá de un resultado superficial, con un guión fiel a la novela y unas interpretaciones más que correctas que hacen de ella una joya del drama de época.

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