Crítica de ‘El Niño 44’: Niebla argumental sobre Moscú

Las críticas de Cristina Pamplona “CrisKittyCris”: El Niño 44

Qué fácil es reseñar una película cuando esta te entusiasma y qué pereza da si es justo al contrario. Acudí a ver El Niño 44 realmente encantada. ¿Una película de espías en la Rusia de los años 50? Me apunto. Sin embargo, El Niño 44 está hundida casi desde los primeros quince minutos por un guión que arranca y se cala incesantemente y por un reparto presidido por dos grandes actores que parece que en esta ocasión solo quieren cobrar el cheque.

Ambientada en la Rusia de Stalin, la historia comienza durante el Holodomor ucraniano en los años 30, mientras que la trama principal se sitúa en los 50. Leo ha pasado de ser un héroe de guerra a trabajar para la MGB investigando, persiguiendo y capturando traidores a la patria. En un país donde se niega la existencia de asesinos por ser una enfermedad del Occidente capitalista, el gobierno tapa una serie de crímenes a niños atribuyéndolos a accidentes ferroviarios. Leo, que ha vivido siempre creyendo en los principios stalinista se ve de repente enfrentado a la mentira para la que lleva años trabajando.

El novelista y guionista Richard Price (El color del dinero, Melodía de seducción) se une al director sueco Daniel Espinosa (El invitado, Dinero fácil) en la adaptación de la exitosa novela de Tom Rob Smith y enmaraña los hilos argumentales creando una trama confusa en la que nada está completamente desarrollado. La carrera de Leo en el MGB, su relación con su esposa Raisa, los terribles asesinatos, comienza perfectamente definido y se va evaporando dejando una niebla argumental en la que el desenlace satisfactorio «ni está, ni se le espera».

Todo esto juega en detrimento de la que debería ser la tangente central de la historia; los crímenes de los niños, por algo la peli se llama como se llama, pero al intentar centrarse tanto en el protagonista, el asesino se convierte en un elemento casi anecdótico, y Paddy Considine (En América, Pride), sin duda una de las mejores caras de la interpretación británica, queda desaprovechado en un personaje que en su intento de convertirse en algo parecido al Hans Beckert de Peter Lorre en M, el vampiro de Düsseldorf, no llega a malo de Scooby Doo, y tan solo vislumbramos lo que podría haber sido en su confesión final, pero está tan poco explotado en el resto de la película que para entonces ya es tarde y lo único que quieres es que termine cuanto antes.

Pero el defecto principal hemos de buscarlo en su desastre interpretativo (Ojo, en su versión original). Tom Hardy (Origen, El caballero oscuro: La leyenda renace) no ha logrado quitarse el papel de Bane de encima y por lo visto ahora ya no sabe actuar si no es con estúpidos acentos. Estamos en Rusia, todos sois rusos, no hace falta forzar las erres para que nos lo creamos. «Perro al parreser esto hase de la película algo mucho más real». Gary Oldman (Drácula de Bram Stoker, León: el profesional), aunque mucho más sutil, también fuerza su acento en su papel de Deminov, y claro, uno no puede evitar pensar en su participación en la serie Friends cuando, al querer dar consejos de interpretación a Joey le dice que ha de escupir al pronunciar. Así que al final solo puedes salvar el trabajo de Vincent Cassel (Cisne negro, Un método peligroso) y Charles Dance (el infame papá de los Lanister) en sus breves papeles secundarios.

Y como no hay mal sin bien, El Niño 44 se salva del olvido absoluto con un impecable trabajo técnico. El vestuario de Jenny Beavan (El discurso del rey, Mad Max: Furia en la carretera) y la fotografía de Oliver Wood (El ultimátum de Bourne, Cara a Cara) enfatizan lo lúgubre, gris y clautrofóbico de la Rusia de Stalin en su década más paranoica, en la que cada ciudadano debía cuidar cada palabra, cada movimiento, para no ser tachado de traidor.

Desgraciadamente este intento de thriller no se puede encasillar en ningún subgénero; no es una película de espías, no es una película policiaca, no es una película de amor, sino que, al querer serlo todo, termina deshinchándose por sus muchos agujeros de guión, dejando al espectador con la sensación de que si bien no se ha aburrido, ha pasado algo más de dos horas que pronto quedarán olvidadas en el gulag de su mente.

2 comentarios sobre “Crítica de ‘El Niño 44’: Niebla argumental sobre Moscú

  • el 16 diciembre, 2016 a las 19:32
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    Buena critica, la he visto hace poco y coincido. Y buena, la critica, porque he leido alguna otra en que los criticos se enfocan inconscientemente mas en alardear de sus conocimientos cinefilos con similes, metaforas etc respecto a otras peliculas, que en hacer una critica sin mas sobre el film. Lo breve si bueno dos veces bueno. Saludos

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    • el 18 diciembre, 2016 a las 18:38
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      Muchas gracias, Alex. Sí, al salir del pase lo único de lo que se hablaba era de M el vampiro de Dusseldorf. Me parece sensato hacer comparaciones cuando las influencias están claras, pero si no creo que es información de más que lo único que oculta es que no sabes qué más añadir a la crítica. Igualmente, me considero más espectadora con la opción de dar mi opinión que crítica de cine.

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