Crítica de ‘La Profesora de Historia’: Poco más que buenas intenciones

Las críticas de José F. Pérez Pertejo: 
La Profesora de Historia

En La Profesora de Historia se nos cuentan los hechos ocurridos en el Instituto León Blum de la localidad francesa de Créteil durante un curso académico. La profesora Anne Gueguen (Arianne Ascaride), imparte la asignatura de historia a una clase de adolescentes muy diversos en todos los aspectos posibles, diferentes razas, religiones, posicionamientos políticos, actitudes vitales, implicación académica y corrientes estéticas se dan cita en un aula en el que el único presupuesto común a todos los alumnos parece ser la apatía y el desinterés con el que asisten a clase.
A la profesora Gueguen, una profesional de la enseñanza con 20 años de experiencia a sus espaldas, una inmensa vocación y la firme determinación de no aburrir, se le ocurre inscribir a sus alumnos en un concurso nacional sobre la resistencia y la deportación, con el tema “Los Niños y los Adolescentes en el sistema de concentración nazi”. A partir de ahí, la película transcurre dentro del género “cine en las aulas” con la ya conocida historia de motivación bien canalizada por parte de una profesora carismática para lograr que sus alumnos se impliquen en un proyecto colectivo y cambien su actitud hacia el colegio y la forma de relacionarse entre ellos.
Nada peor le puede pasar a una película basada en hechos reales que no resultar verosímil. Y ese es precisamente el gran problema de La Profesora de Historia. Me la creo porque sé que es una historia real y hago un verdadero ejercicio de fe, pero ni un ápice de mi fe es mérito de su guionista y directora Marie-Castille Mention-Schaar. Todo está tan subrayado, pero tan, tan, tan subrayado que no hay un gramo de sutileza ni en el guión escrito ni en la artificiosa y tramposa realización. Al espectador no se le deja otro camino que el de las baldosas que la directora ha colocado cuidadosamente para que nadie pise fuera de ellas, pero por si a alguien se le ocurre apartarse del camino, Marie-Castille Mention-Schaar ha salpicado el relato de señales que nos gritan: “¡Por aquí!, ¡Por aquí!”.
Los alumnos son dibujados con trazo gordo, tanto en el primer tramo de la película cuando son “malos” como cuando a partir de mediada la película son “buenos”. Y eso es culpa de la directora, no de los actores que los interpretan que están, en general, muy bien. Es tal el grado de exageración con el que son retratados en sus actitudes previas al proyecto y tal el nivel de “buenismo” con el que se nos presentan al final que haría falta una película de cuatro horas y mucha sutileza para que la transición resultara mínimamente creíble. 
El holocausto judío a cargo de los nazis durante la Segunda Guerra Mundial es un tema lo suficientemente abordado a lo largo de la historia del cine como para poder decir que no todas las películas que lo tratan, por necesarias y bienintencionadas que sean, son buenas. Y pocas cosas hay más difíciles y comprometidas que reprobar una obra bienintencionada, de hecho, aquí estoy yo justificándome por apartarme del camino y decir que La Profesora de Historia me parece una película mediocre. Y Dios me libre de discutir sus buenas intenciones, pero de buenas intenciones está empedrado el camino del infierno y llenas las filmotecas de películas que se quedaron en eso: en un ejercicio maniqueo y manipulador de los sentimientos del espectador de tal suerte que éste no pueda pensar por sí mismo.
Notable desde un punto de vista documental, pero tramposa desde un punto de vista cinematográfico es la aparición de Léon Zyguel, un auténtico superviviente de la deportación y de los campos de exterminio nazi, que invitado al aula donde los alumnos están desarrollando su proyecto tendrá un efecto conmovedor sobre ellos.
Lo más destacable del film es la brillante interpretación de Arianne Ascaride, una maravillosa actriz a la que estamos acostumbrados a ver en las películas de su marido Robert Guédiguian. Ascaride encarna a la profesora Gueguen con un perfecto equilibrio de naturalidad y sentimiento. Pocas veces he visto un personaje que consiga tanta fuerza desde una planteamiento de calma e infinita paciencia. Ella es la auténtica y única depositaria de la poca sutileza que hay en la película. 
Poco ayuda a La Profesora de Historia el paupérrimo doblaje al que ha sido sometida para su exhibición en España y no puedo ocultar que tal vez contribuya más de lo debido a la enorme dificultad que he encontrado para empatizar con estos chicos y esta profesora tan vocacional. Tal vez, esta historia podría haber sido mejor materia prima para un documental que para una comedia dramática como la que Marie-Castille Mention-Schaar ha filmado. Pero soy consciente de que todo esto son explicaciones que trato de encontrar para perdonarme a mí mismo no haberme implicado con material tan sensible. Otra vez será.

Un comentario en “Crítica de ‘La Profesora de Historia’: Poco más que buenas intenciones

Deja un comentario (si estás conforme con nuestra Política de Privacidad)

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

A %d blogueros les gusta esto: