Crítica de ‘Citizenfour’: Avalancha de información para iniciados en el caso Snowden

Las críticas de José F. Pérez Pertejo: 
Citizenfour

Para que un documental alcance distribución comercial y sea exhibido en salas de cine, al menos en nuestro país, tiene que, o bien ser muy bueno, o bien tratar sobre algún tema de trascendente actualidad (preferentemente con implicaciones políticas) o bien haber recibido algún premio cinematográfico de relevancia (fundamentalmente el Óscar). El documental que nos ocupa cumple sin ambages los dos últimos requisitos; acerca de su calidad como medio cinematográfico pueden establecerse algunas consideraciones al respecto.

Laura Poitras es una de las voces críticas de Estados Unidos, algo que según aseguran, es más difícil de lo que parece en el país que presume de ser la mayor democracia del mundo; el caso es que a pesar de las quejas, personas como Michael Moore o la propia Poitras realizan sus documentales-denuncia sin grandes obstáculos para su exhibición y distribución; y además son premiados con los más importantes galardones cinematográficos de su país. Algo no me cuadra.

Laura Poitras cierra con este film su trilogía de la América post 11-S que comenzó en 2006 con My Country My Country sobre la guerra de Irak y continuó en 2010 con The Oath acerca de la prisión de Guantánamo.

En diciembre de 2012, Laura Poitras comenzó a recibir correos electrónicos cifrados de una fuente anónima que trataba de buscar una forma segura de contactar con ella, dicha fuente anónima resultó ser Edward Snowden, consultor tecnológico para la NSA (Agencia de Seguridad Nacional) estadounidense y extrabajador de la CIA que a lo largo de 2013 hizo una serie de revelaciones difundidas a través de los periódicos The Guardian y The Washington Post acerca de cómo la NSA, a raíz del 11-S, se servía de las empresas de comunicación telefónica para espiar a todo el mundo con la excusa de la seguridad nacional. Dichas filtraciones fueron consideradas revelación de alto secreto por el gobierno estadounidense y por tanto con connotaciones criminales. A día de hoy, Edward Snowden vive en Rusia solicitando asilo político en numerosos países del mundo, especialmente en los que no tengan tratado de extradición con EEUU. 

Citizenfour es un minucioso documental que supone una auténtica avalancha de información y datos que pueden dejar un poco aturdido al espectador no iniciado en el caso Snowden y en cómo funcionan los sistemas de información, los metadatos y las instituciones encargadas de velar por la seguridad nacional de los países, fundamentalmente Estados Unidos.  
Lo más interesante, desde un punto de vista cinematográfico, son los diferentes viajes a través del mundo que la propia Poitras acompañada de los periodistas Glenn Greenwald y Ewen MacAskill realizaron a lo largo de los años 2013 y 2014 tratando de protegerse a sí mismos y la información desvelada por Snowden. Parte sustancial del relato transcurre en Hong Kong, donde se realizó el primer encuentro con el confidente, hasta entonces, anónimo. A partir de que en junio de 2013 EEUU acusa a Snowden de espionaje y pide la extradición a Hong Kong, Snowden debe huir y es entonces cuando entra en escena Julian Assange, fundador de Wiki Leaks que se implica personalmente en ayudarle a buscar asilo político en un país seguro. 
Desde ese momento, Snowden pierde cierto peso en cuanto a presencia en pantalla y el protagonismo es encarnado por el periodista Glenn Greenwald que asume la denuncia de las violaciones de la privacidad de los ciudadanos por parte del gobierno estadounidense. 
A pesar de que como documentalista Poitras no permanece neutral y toma partido contra las escuchas y los programas de espionaje, lo hace de manera sutil, manteniendo cierta distancia con los verdaderos protagonistas del asunto; y con su presencia, siempre fuera de plano, se sitúa en las antípodas de Michael Moore en el modo de entender el documentalismo.
El principal hándicap con que cuenta Citizenfour es la absoluta falta de atractivo como personaje del propio Snowden, un tipo de apariencia anodina y carácter introvertido que no resulta empático al espectador; tampoco Glenn Greenwald es el tipo más fotogénico del mundo, y aunque esto no es fundamental en el fondo de un documental al que se supone que tiene que contar hechos, sí es importante en la forma, de cara a elaborar un producto fílmico que resulte didáctico, informativo y entretenido durante los ciento catorce minutos que exige nuestra constante atención. 
No sé cómo resistirá Citizenfour el paso del tiempo, pero algo me dice que dentro de diez años, su valor será únicamente como fuente de información en una hemeroteca, como documental cinematográfico no supone ningún hito narrativo ni estilístico en el género.

En cualquier caso, a día de hoy, Citizenfour supone un inquietante elemento de reflexión acerca del limitado alcance de nuestra privacidad en un mundo en el que a través de las redes sociales compartirmos una importante cantidad de información que, aunque de apariencia intrascendente, nunca sabemos quién va a controlar.

Señor Obama, si le agrada la foto de mi perfil de Facebook, dele a “me gusta”. Me haría ilusión.

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