Crítica de ‘Sexo fácil, películas tristes’: La ficción dentro de la vida

Las críticas de Cristina Pamplona “CrisKittyCris”: Sexo fácil, películas tristes


Chico y chica se conocen, se enamoran y viven el uno para el otro hasta que algo se cruza en su relación. Es entonces cuando la pareja ha de darse cuenta de que su amor es más fuerte que cualquier obstáculo y hacer lo imposible para tener su final feliz con beso. Es tan básico como eso, es la comedia romántica, ese género a menudo despreciado por predecible, artificioso y almibarado. Yo, ¿qué queréis que os diga?, para corazones rotos y fracasos amorosos ya tengo la realidad. Si Jennifer Aniston no puede ser feliz, ¿qué posibilidades tengo yo? Eso es lo que nos trae Alejo Flah que dirige y guioniza Sexo fácil, películas tristes: una comedia romántica al uso enfrentada a la gris realidad.

Pablo, un escritor argentino en una etapa profesional estancada, accede a escribir el guión de una comedia romántica. Al mismo tiempo seguimos la historia de Victor y Marina, los personajes de esa comedia que son marionetas de la imaginación de Pablo y que sufrirán los inevitables designios del género. Al contrario que sus protagonistas y su predecible final feliz, su creador se encuentra en una etapa de cambios, fracasos sentimentales e incertidumbre.

El espectador pendula entre realidad y ficción, unidas por la voz de Pablo. Esa transición se nota en la propia fotografía, a cargo de Julián Apezteguia, que se convierte en herramienta para diferenciar el drama de la comedia. Las ciudades, que se representan de modo muy arquetípico, son escenarios disfrazados para combinar con la historia que tiene lugar en ellas. Mientras que Buenos Aires, ciudad en la que vive Pablo, aparece gris y triste, la historia en el guión, ambientada en Madrid, es todo color y luz. Del mismo modo, el bache vital de Pablo contrasta con la felicidad en la relación de Victor y Marina.  

Un reparto atractivo y sólido protagonizado por Ernesto Alterio (El otro lado de la cama, Semen, una historia de amor), Quim Gutiérrez (Azuloscurocasinegro, La gran familia española), Marta Etura (Mientras duermes, Lo imposible) y Carlos Areces (Balada triste te trompeta, Los amantes pasajeros) se convierte sin duda en lo mejor de la cinta, si bien se echa de menos algo más de humor que aquí monopoliza, como siempre de forma genial, Areces. Es interesante el papel de Alterio, que interpreta a Pablo, porque, como él mismo dice en la película, es un autor atrapado entre la ficción y la realidad. Efectivamente, Pablo, que maneja a placer las vidas de sus protagonistas, es incapaz de dirigir la suya, convirtiéndose él mismo en un personaje en manos del guión de su propia vida.

La película, por desgracia, falla en su guión. Aunque la propuesta de Alejo Flah resulta muy atractiva, y defiende esa idea que yo misma comparto acerca de que a veces se necesita el cine precisamente para sanar la realidad, los homenajes a Cuando Harry encontró a Sally juegan en su contra ya que el espectador no puede evitar la comparación con la película de Rob Reiner. Y no es que esta sea peor, pero al enfrentarse a dos arcos argumentales, ninguno de los dos llega a estar completamente desarrollado; la parte de drama resulta algo plana y la de comedia romántica se queda en un quiero y no puedo. Las interesantes y a veces amargas reflexiones sobre las relaciones en pareja no son suficiente para sacar a flote el potencial que la película tenía.

Tampoco debemos ser injustos, el film entretiene y te deja buen sabor de boca, pero a aquellos aficionados a la comedia romántica les sabrá a poco y a los críticos con el género les parecerá más de lo mismo. No obstante, es una cinta honesta que no pretende más que el contar una bonita historia de amor, de la que el personaje de Pablo ya nos advierte: toda comedia romántica tiene clichés. Y el que avisa no es traidor.

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