Crítica de ‘La Mecánica del Corazón’: La sublimación del amor

Crítica de ‘La Mecánica del Corazón’: La sublimación del amor
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Las críticas de José F. Pérez Pertejo:  La Mecánica del Corazón

Mathias Malzieu es uno de esos artistas multidisciplinares que lo mismo escribe un cuento que compone y canta para su banda, el grupo francés Dyonisos. Ahora, ha decidido dar el salto al cine de la mano de Stéphane Berla para codirigir juntos la adaptación cinematográfica de su propia novela “Jack et la mécanique du coeur” del año 2007. La novela que con el título La mecánica del corazón fue editada en España por Mondadori en 2008 ha supuesto un éxito de ventas fundamentalmente en Francia, pero también en España y prácticamente allá donde se ha publicado.

Con notable retraso llega a España esta fantástica versión cinematográfica animada de la película que en Francia optó al César a la mejor película de animación, aunque finalmente no lo obtuvo.

Tal vez, lo primero que debería ser dicho a la hora de hablar de este film es que no se trata de una película infantil. Esto no quiere decir que no pueda ser vista, disfrutada y parcialmente entendida por los niños, pero no es una película destinada a consumo infantil. Es cierto que adopta una estética que podría invitar a pensar lo contrario, y no es menos cierto que mucha gente identifica todo producto animado como apropiado para la infancia (el que escribe todavía no puede evitar la estupefacción cada vez que ve a un niño delante de un episodio de Los Simpsons). Quizá la adolescencia (ya saben, esa edad tan apacible y tranquila) sea la edad adecuada para comenzar a entender todo lo que pasa aquí. Pero tampoco es una película para adolescentes. La mecánica del corazón es una película adulta.

La mecánica del corazón nos cuenta la historia de Jack, un niño nacido en Edimburgo un día tan frío que hace que su corazón se congele, su madre, una mujer de la calle lo abandona en manos de Madelaine, una suerte de inventora que le implanta un reloj de cuco en el lugar de su maltrecho y gélido corazón. A partir de ahí, Jack vivirá con su corazón mecánico debiendo observar tres normas fundamentales: no jugar con las manecillas del reloj, controlar su ira, y sobre todo y bajo ningún concepto, no enamorarse jamás. Su primera infancia transcurre recluida en la casa de Madeleine acompañado de una galería de curiosos personajes, uno de ellos, Luna, doblado tanto en la versión francesa como en la española por Rossy de Palma. El día de su undécimo cumpleaños, Jack recibe permiso para salir a la calle donde el destino hará que se enamore de una adorable chiquilla casi ciega, que para más señas es cantante y andaluza. A partir de ahí Jack comienza su odisea en pos del amor que le llevará viajando de Edimburgo a París y de aquí a Granada. 

Impagables son también las referencias históricas (finales del siglo XIX) con la aparición de personajes reales como Jack el Destripador o uno de los pioneros del cine, Georges Melies, cuya fascinante personalidad ya sedujo a Martin Scorsese en la preciosa La Invención de Hugo.

La historia que ya es de por sí suficientemente pasional es llevada en todo momento con un romanticismo exacerbado tanto en lo estilístico como en lo filosófico, la imposibilidad del amor como antítesis de la salud en un sentido literal es sublimada con un canto a la libertad y a la supremacía del sentimiento frente a la razón. Jack conoce muy bien las normas, pero su conocimiento está únicamente grabado en su mente como un mantra repetido desde su nacimiento, nunca lo ha interiorizado como un verdadero código a seguir.

En cuanto a lo estilístico, la animación es visualmente exquisita con rostros dulces y aniñados de apariencia frágil como las figuras de porcelana y está impregnada por entero también de ese aire romántico que tenía, por ejemplo, la pintura de Caspar David Friedrich, de hecho los personajes masculinos, vestidos con larga levita negra parecen sacados de alguno de sus cuadros.

Finalmente la fantástica banda sonora, compuesta por el grupo Dyonisos que como se ha dicho es la banda liderada por el propio Mathias Malzieu, está repleta de preciosas y diversas canciones que no se han traducido al español. En España, al menos la versión doblada que es la que tuve ocasión de ver, tiene la versión inglesa de las canciones (subtituladas en español), lo cual resulta un tanto extraño teniendo en cuenta que en la versión original, las canciones son cantadas en francés por el propio grupo Dyonisos, ya que “Jack et la mécanique du coeur” es además el título del sexto álbum de estudio de la banda.

La mecánica del corazón es de obligada visión para románticos empedernidos, para todos aquellos con un amor platónico anidado en su corazón, aunque no sea mecánico, y para quienes quieran disfrutar de noventa minutos de un derroche de música, magia, imaginación, surrealismo y sublimación del amor como emoción pura. 

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