Crítica de ‘Home, hogar dulce hogar’: Indigesto refrito animado

Las críticas de José F. Pérez Pertejo: Home, hogar dulce hogar
 
Home, retitulada en España como Home, Hogar dulce Hogar, es la última película de animación llegada a la cartelera española procedente de los estudios Dreamworks Animation, y lamentablemente estos estudios siguen con su tónica habitual de darnos una de cal y otra de arena. Si el año pasado nos ofrecieron la más que estimable Como entrenar a tu dragón 2, este año ha tocado la de arena con un aburridísimo refrito de historias vistas un montón de veces.
 
Metan en la coctelera una dosis de invasión alienígena tipo la serie V, los visitantes, otra de Marco buscando a su mamá por todo el planeta, una porción de seres marginados que buscan la aceptación de los demás y una pizca de road movie con dos personajes radicalmente diferentes pero condenados a entenderse y el resultado será este film indigesto en el que la (escasa) comicidad está conseguida a base de chistes “pedoculocacapis” y golpes y mamporros propios de un torpe slapstick de dudoso gusto. Y para abundar más en el despropósito, esos contadísimos momentos de comicidad son utilizados en el tráiler promocional de la película, con lo que aquellos que se hayan reído viendo el tráiler, que se olviden de hacerlo durante la película. No hay más. 
 
La historia es bien sencilla, una raza de alienígenas, los Boov al mando de su líder el capitán Smeck, colonizan la tierra (de manera ¿pacífica?) huyendo de sus enemigos los Gorg. Uno de estos alienígenas llamado Oh conoce a una niña-adolescente llamada Tip (de Coll no hay noticias en la película) que busca a su madre a la que ha perdido durante la invasión. Ambos viven una serie de aventuras hasta un final absolutamente previsible. 
 
Añadamos un puñado de canciones de Rihanna (en la versión original dobla a Tip) que en algunos momentos están totalmente metidas con calzador y encajan con la película como Pocoyó musicalizado con las baladas de José Luis Perales.
 
Pero el problema no es sólo que no haya nada nuevo en Home, hogar dulce hogar, el problema es que este compendio de “ya vistos” utiliza un guión pobremente escrito, que además está mal contado y que utiliza unos personajes poco queribles cuando no aborrecibles como el protagonista Oh que convierte al Jar Jar Binks del Episodio I de Star Wars en una criatura empática. De hecho, la forma de hablar de Oh utilizando formas y tiempos verbales incorrectos y colocando de manera arbitraria los pronombres y los artículos es exactamente la misma forma de hablar que tenía el referido Jar Jar Binks. Y si no tenía gracia entonces, señores guionistas, deberían haber sospechado que iba a seguir sin tenerla. 
 
No soy un experto en técnicas de animación por lo que no voy a entrar en profundidades, pero no es necesario serlo para apreciar que la animación de Home, hogar dulce hogar es ramplona, simple hasta la saciedad y no aporta absolutamente nada a lo que ya hemos visto. 
 
Y agarrándonos al tópico de que las comparaciones son odiosas, encaremos de una vez cuál es el gran problema de Home, hogar dulce hogar, y éste no es otro que los Boov, los alienígenas invasores al cual pertenece Oh, son una copia burda, descafeinada y sin gracia de los geniales Minions de las películas de Gru, mi villano favorito. Y no, los Boov ni tienen gracia, ni caen bien, ni consiguen crear un clima en el que el espectador se divierta, se implique o simplemente asista con interés a lo que está ocurriendo. Pero claro, a estas alturas todos sabemos que de lo que se trata es de además de la película, vender toda una suerte de merchandising asociado, y la auténtica mina de oro que en este sentido han sido los Minions abre la veta para que en los próximos meses seamos inundados por camisetas, llaveros, juguetes, videojuegos, pegatinas y demás zarandajas. De hecho, nada más salir del cine pude comprobar como una conocida marca de comida rápida obsequiaba con un muñequito del protagonista con cada menú infantil. 
 
Home, hogar dulce hogar es el claro ejemplo de que en animación no vale todo, que no se puede tratar a los niños como idiotas y que los guionistas, animadores y creativos deben recordar que los niños van al cine acompañados de sus padres, y que si bien no es estrictamente necesario que las películas tengan dos niveles de lectura, uno para los niños y otro para los adultos (algo en lo que son maestros los de Pixar, por ejemplo), un respeto a la inteligencia del espectador adulto forma parte de las más elementales buenas formas.

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