Crítica de 'Cenicienta': Generosidad, valentía y un poquito de magia:Bibidiba Bidibú

Las críticas de José F. Pérez Pertejo: 
Cenicienta

Cuando en 1989 un jovencito norirlandés de 29 años fue nominado a los premios Óscar al Mejor Actor y al Mejor Director por su portentosa versión de Enrique V, el mundo cinematográfico hizo eso que tanto le gusta: alumbrar el nacimiento de la reencarnación de un mito del cine. En Francia buscan el nuevo Truffaut, en Suecia el nuevo Bergman, en Rusia el nuevo Tarkovski y en el Reino Unido, claro está, buscaban el nuevo Lawrence Olivier. Pero resulta que aquel norirlandés de nombre Kenneth Branagh que hoy tiene ya 54 años decidió hace mucho tiempo que haría lo que le diera la gana, y que cuando le apeteciera revisar clásicos shakesperianos lo haría y cuando le apeteciera hacer películas de acción o superhéroes o cuentos clásicos, ya fuera por dinero o por puro placer cinéfilo, también lo haría. Y eso, mucha gente no se lo ha perdonado. Asisto con perplejidad a las enconadas críticas que algunos esgrimen contra él por hacer este tipo de trabajos a los que tildan de alimenticios o en los que esperan que deje un sello de autor que claramente no corresponde.

A mí, en cambio, me resulta muy de agradecer encontrar a un director que antepone su oficio de director de cine a sus ínfulas autorales y por encima de todo respeta las reglas, y si le contratan para adaptar el cuento clásico de Perrault de acuerdo a la estética Disney que es quien produce, realiza la mejor película que cabe imaginar sobre este cuento utilizando de manera prodigiosa todos los elementos a su alcance.

¿Qué el resultado final es cursi? ¡Pues claro, leches! ¡Es la Cenicienta! ¿Qué esperaban? Han ido a ver un cuento de hadas producido por Disney y destinado fundamentalmente a público familiar, si querían una versión transgresora en la que la Cenicienta se drogara y el Hada Madrina se prostituyera en el bosque se han equivocado de película. Pero ténganlo claro. Los que se han equivocado son ustedes, no Kenneth Branagh.

Vamos con la película. Argumentalmente poco hay que decir, Cenicienta es un cuento de todos conocido y su célebre versión animada por Disney de 1950 la hemos visto, la mayoría de los espectadores, varias veces. La nueva versión que ahora nos ocupa, incorpora en aras de aumentar el metraje, la historia previa al comienzo de la versión animada, es decir, en esta película conocemos a los padres de Ella a la que todavía nadie ha llamado Cenicienta y asistimos a la pérdida, primero de su madre (Hayley Atwell) enferma y años más tarde, tras casarse con una viuda que resultará en su madrastra (Cate Blanchett) a su padre (Ben Chaplin). Esta especie de introducción acerca de la infancia de Ella-Cenicienta (Lily James) se ve con agrado y hace más comprensible el futuro carácter de la protagonista impregnado de bondad, de generosidad y de valentía, tal como prometió a su madre antes de perderla.

Todo el reparto de claro predominio británico a pesar de que la producción es estadounidense está a gran altura, pero la aparición de Cate Blanchett en escena hace ganar enteros a la película con la fantástica creación de un personaje que huye desde el principio del arquetipo de mala-malísima para dotar a la madrastra de un montón de matices, incluidos ciertos toques de comicidad, que hacen que la suya sea probablemente la mejor interpretación de la película. Se une así en el nuevo catálogo de “malas de cuento” a Angelina Jolie (Maléfica) y a Julia Roberts y Charlize Theron que interpretaron a la madrastra de Blancanieves en Blancanieves Mirror Mirror y Blancanieves y la Leyenda del Cazador respectivamente.

También está francamente bien Lily James como la encantadora Cenicienta y Richard Madden (el televisivo  Robb Stark de Juego de Tronos) como el apuesto príncipe, ambos consiguen coquetear con la cursilería que como hemos dicho está implícita en el propio cuento sin que resulte en ningún momento estomagante.

Las hermanastras, estas sí un tanto arquetípicas, son interpretadas con simpatía por Holliday Grainger y Sophie McShera (Downton Abbey) y el Hada Madrina es una Helena Bonham Carter que resulta irreconocible en los dos aspectos con los que aparece, primeramente por resultar demasiado fea y tras su transformación por resultar demasiado guapa.

Crítica de 'Cenicienta': Generosidad, valentía y un poquito de magia: Bibidiba Bidibú

Como apunté antes, Kenneth Branagh emplea su contrastado e incuestionable oficio como director para llevar la película con buen ritmo, con una concepción estética de los planos y de los movimientos de cámara que compone un todo armónico con la recreación digital de los efectos visuales, con el espléndido vestuario de Sandy Powell (tres premios Óscar la avalan), la portentosa dirección artística de Dante Ferreti (otros tres Óscar a sus espaldas), la luminosa y alegre fotografía de Haris Zambarloukos y la preciosa banda sonora de ¿quién si no? Patrick Doyle en su undécima colaboración con Kenneth Branagh para quien ha compuesto la música de todas sus películas salvo La Flauta Mágica (que la compuso un tal Mozart) y las que en lugar de música instrumental tienen canciones.

Yo también tengo muchas ganas de que Kenneth Branagh vuelva a llevar al cine una obra teatral de William Shakespeare. Adoro las que ya ha hecho, especialmente Enrique V, Mucho Ruido y Pocas Nueces y la versión íntegra de su Hamlet. Pero por mí, Kenneth Branagh como todos los directores, puede hacer lo que le dé la gana. Le criticaré con dureza el día (si llega) que lo haga mal, pero no el día que no haga la película que yo quiero ver. Ese será mi problema, no el suyo. Y resulta que si voy a ver Cenicienta, sé lo que quiero ver: Cenicienta.

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