Crítica de ‘El año más violento’: La obstinación por seguir el camino más correcto

Las críticas de José F. Pérez Pertejo: 
El año más violento

¿Puede uno ser honrado en un mundo en el que nadie lo es?, ¿se puede dirigir con rectitud un negocio que tradicionalmente funciona a base de sobornos, trapicheos y desfalcos?, ¿es posible defenderse del acoso de las mafias sin utilizar un arma?, ¿puede un hombre escapar del estigma que su condición le inflige a ojos de los demás?
El año más violento toma su (quizás) engañoso título del año 1981 en el que se sitúa la historia que se nos cuenta y que según las estadísticas fue el año con más episodios de violencia en la ciudad de Nueva York. Y digo engañoso porque aunque la película no es ningún cuento de hadas, tampoco es especialmente violenta y el título podría llevar a engaño y disuadir a cierto tipo de espectadores que quieran evitar ver una carnicería. He visto episodios de alguna serie de televisión que en cuarenta minutos despliegan mucha más violencia que la que se puede ver a lo largo de las dos horas de metraje de este film.
A pesar de su exigua filmografía compuesta por sólo tres títulos, J. C. Chandor ha demostrado estar en posesión de eso tan difícil llamado talento narrativo y que se da por supuesto a todos los directores de cine sin que en realidad todos hayan sido dotados con ese don. A su muy interesante y didáctico debut sobre los inicios de la crisis financiera en E.E.U.U. titulada  Margin Call siguió esa rareza injustamente infravalorada que lleva por título Cuando todo está perdido en la que un fantástico Robert Redford en plena forma daba un auténtico recital interpretativo apoderándose en solitario de todo el metraje de la película sin apenas hablar. Ambas películas, con guión del propio J.C. Chandor son muy recomendables para quien no las haya visto y con El año más violento también escrita por el propio director, confirma que la suya es una de las más prometedoras carreras del cine americano actual. 
La historia transcurre en el turbio mundo de los transportistas de combustible en el cual, un inmigrante llamado Abel Morales (Oscar Isaac) ha creado una próspera y potente empresa que dirige con el inquebrantable espíritu de mantenerse siempre dentro de la ley  evitando a toda costa cualquier actividad o maniobra que pueda ser considerada ilegal o delictiva. “Siempre tengo claro dónde quiero llegar, de todos los caminos que hay para llegar allí, siempre hay uno que es el más correcto”. A pesar de esta determinación, el ecosistema en el que se desenvuelve y su condición de hispano inmigrante le sitúa permanentemente en el punto de mira de un fiscal interpretado por el actor afroamericano de moda David Oyelowo (Selma), que insiste en perseguirle e instigarle continuamente cual perro de presa desde el convencimiento de que sus actividades son ilegales. 
Pero la empresa del matrimonio Morales compuesto por Abel y su esposa Anna (Jessica Chastain) sufrirá además otro tipo de acoso, este sí violento, por parte de una banda de asaltantes de camiones que se dedican a robarle el combustible produciéndole cuantiosas pérdidas y una situación de desamparo y amenaza que además de poner su empresa al borde del colapso económico, terminará por afectar también a su vida familiar. 
El verdadero acierto de la película es que durante prácticamente todo el metraje, el espectador no tiene claro en ningún momento si la honradez de la que tanto presume Morales es real o impostada y la influencia que su esposa Anna y su abogado (un irreconocible Albert Brooks sin sus rizos habituales) ejercen sobre él contribuye a generar ese aire de ambigüedad moral que impregna todo el film. 
El ritmo de la película, en marcado ascenso desde un inicio más expositivo hasta un final vibrante es otro de los elementos que sujetan al espectador junto a un personaje, el de Abel Morales que le queda un poquito holgado a un Oscar Isaac que a menudo peca de (intentar) imitar a Al Pacino (al Pacino de los años 70 y 80, claro). De hecho, después de ver El año más violento me queda la duda de qué podría haber hecho aquel fantástico Pacino de El Padrino II o El Precio del Poder con un papel como este al cual hubiera barnizado con muchísimos más matices que un actor como Oscar Isaac que está mucho más cómodo en papeles más blandos como el que interpretó en el último film de los hermanos Coen, A propósito de Lewellyn Davis
Es cuanto al resto de intérpretes, cabe lamentar que el personaje de Jessica Chastain no tuviera un mayor desarrollo en el guión pues la película gana muchísimo cuando ella está en plano, es una verdadera pena y un desperdicio tener en el reparto a la actriz más en forma de Hollywood y que su papel (que por otra parte es clave en la trama) no adquiera un mayor protagonismo. Ella es sin duda, lo mejor de El año más violento. David Oyelowo y Albert Brooks están francamente bien y cabe destacar también la presencia de Catalina Sandino Moreno (María, llena eres de gracia) en un brevísimo papel, casi un cameo. 
El tono general del film encaja muy bien con la época que retrata, su estética y la forma de mostrar las calles de Nueva York me ha recordado a determinado cine que se hacía durante los 70 y en algunos momentos tuve flashes de aquella fantástica French Connection-Contra el Imperio de la Droga de William Friedklin. No es ajena a esta estética la oscura y fría fotografía de Bradford Young que muestra una Nueva York gris y turbia muy alejada de lo que a varias millas de distancia sucedería a buen seguro en Times Square o la Quinta Avenida. 
Película entretenida, vibrante a ratos y con un argumento que plantea conflictos morales de incuestionable interés para el espectador. Un protagonista con más talento y una mayor presencia de Jessica Chastain podrían haber convertido El año más violento en un título mayor.

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