Crítica de ‘El último lobo’: Entre la divulgación y lo sublime

Las críticas de Carlos Cuesta: El último lobo

El último lobo de Jean-Jacques Annaud me ha dejado el corazón dividido. Por un lado me ha maravillado cómo ha logrado plasmar en imágenes de una inmensa belleza y con un realismo extraordinario el alma y el paisaje de las estepas de Mongolia. En ese escenario majestuoso la acción nos transporta a finales de los años 60, en plena revolución cultural China, para criticar la drástica irrupción de dicho país en el hábitat natural y social de un pueblo nómada y de uno de sus animales totémicos, el lobo, verdadero protagonista y atractivo de la cinta. Por otro lado, no creo que este interesante relato naturalista y antropológico haya logrado el equilibrio apropiado entre divulgación y dramatización. El valor de la potencia visual y simbólica de la figura mítica del lobo y la sublime presencia de lo natural desborda el valor de unos diálogos simples y de una caracterización psicológica de los personajes un tanto superficial.
La película adapta la novela de ficción autobiográfica de Lü Jiamin Wolf Totem, firmada con el pseudónimo de Jian Rong. En ella nos cuentan como el joven Chen Zen (nombre del protagonista en la novela y en el film) se presentó voluntario a un programa de alfabetización de un poblado de la República de Mongolia. Aunque su cometido era enseñar a leer y escribir chino a su “familia adoptiva”, el muchacho se adentra él mismo en un proceso de culturización, fascinado por el modo de vida estepario, por sus costumbres, rituales y leyendas, y sobre todo por la veneración y temor que profesaban al lobo, presente de forma directa en su vida diaria. El último lobo pone el foco sobre el exterminio de este animal por parte de la República Popular China para afrontar a su vez el proceso de aculturación humano y hablarnos al tiempo acerca del liderazgo y la sumisión.

Merece la pena ir al cine para ver la hermosa y al tiempo dolorosa recreación de un mundo en vías de extinción lograda por la película. Tuve la suerte de ver la proyección en compañía de una persona que ha vivido el lujo de recorrer a caballo la estepa que la película representa  y que me aseguró que la fotografía planteada por Jean-Marie Dreujou nos acerca con absoluta precisión a los colores de la vegetación y el fulgor de los amaneceres y del ocaso. El contraste y la saturación del color y la composición de los planos son en conjunto mucho más que la expresión de un elogio a una tierra divina.
Y luego, o antes que todo, está el Lobo, con mayúscula. La emoción y el disfrute que genera la visión de unas imágenes tan agresivamente hermosas, tan orgullosamente comunicativas, tan estéticamente sobrecogedoras es imposible de explicar. Vayan al cine a ver en acción la inteligencia animal, el funcionamiento social de un ser vivo extraordinario, precioso, más allá de nuestra comprensión. Estoy dispuesto a perdonar cualquier truco visible para integrar al animal en la acción, cualquier chroma, si los hay, el excesivo perfeccionismo en la composición de los planos que puede pecar de artificioso. Me da todo igual. Quien consigue lograr una escena tan gloriosa como la de la persecución de los caballos por parte de los lobos o aquélla en la que estos depredadores asaltando el cercado de piedra que guarda al ganado merece una legión de aplausos.
Lo admito todo porque la sensación global es magnífica; pese a que no estoy muy conforme en cómo Annaud (El nombre de la rosa, Siete años en el Tíbet, El oso) ha integrado los discursos de los personajes en una misma obra junto a unas imágenes que se acercan inevitablemente al documental de naturaleza. Era imprescindible insertar al hombre y sus diálogos en el relato sobre el lobo porque aquí se habla de una lamentable interacción con el entorno natural pero también de un bochornoso proceso de colonización cultural. La metáfora que asocia al nómada con el lobo y al campesino con el cordero parece requerir de la retórica para encauzar la ideología del film. Sin embargo las palabras puestas en boca de los personajes se colocan al nivel de la evidencia, surgen de una manera un tanto artificial con un estilo divulgativo demasiado académico.
Asimismo, aunque el comunismo chino no es en absoluto un fenómeno de mi agrado, uno espera en una gran película cierta matización de los personajes. No dudo que la reforma agraria China en la zona mongola estuviera investida de la soberbia y la ignorancia planteada en El último lobo, pero la construcción de los personajes hace poco por mostrarnos a los oficiales chinos de una manera sino creíble al menos atractiva, con más elementos que la invocación de nuestro desprecio. Entiendo que es lo que debemos esperar del director de Enemigo a las puertas y Siete años en el Tíbet, pero uno ya no está para que lo planteen las historias como una mera contraposición de los buenos y los malos. De forma parecida, respecto a la preciosa banda sonora de James Horner (Braveheart, Troya), no es del todo agradable darle a la gente indicaciones sonoras poco sutiles de cuándo tiene que emocionarse.
Pero insisto. No hagan caso a la severidad seguramente envidiosa de mis palabras. El último lobo es un testimonio que merece ser visto y también escuchado. Si mis comentarios negativos hacia la película les hacen descartar esta película de sus planes, ignórenme. Quédense con los maravillosos planos en los que podemos leer la intención y los sentimientos y los lobos; con las secuencias en las que se tiene la sensación de adoptar el pulso cardiaco de la persecución animal; permítanse emocionarse y arrepentirse de no ser otro tipo de animal menos dañino y desgraciado que el hombre. Seguramente el principal obstáculo que haya encontrado Annaud es que la esencia del lobo no se puede domesticar ni presentar íntegra fuera de su hábitat real; con todo, el equipo de El último lobo ha conseguido la parte de la tarea que es humanamente posible, y le doy las gracias por ello.
Nota: La película ha sido estrenada el 25 de febrero en Francia, donde he tenido ocasión de verla en versión doblada al francés. Doy por hecho que la traducción le hace un flaco favor a esta producción francochina o chino-fancesa que merece ser vista en versión original. He podido leer que estaba previsto su estreno en España para el mes de abril pero que por el momento la fecha ha sido aplazada.

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7 comentarios sobre “Crítica de ‘El último lobo’: Entre la divulgación y lo sublime

  • el 19 abril, 2015 a las 01:24
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    Gracias Carlos Cuesta por tu crítica. Me ha ido bien leerla para recordar, tienes razón, la belleza del LOBO.
    He salido del cine desanimada. Con la sensación de haber visto muy bellas imágenes, pero una película muy floja. Parece mentira cómo en un drama tan auténtico, los personajes parecen casi fantasmagóricos, sin ninguna fuerza o credibilidad. Tu hablas de buenos y malos … y yo todavía me pregunto en que momento el malo se vuelve bueno … ese "vigilante de pastos" tan ingenuamente convertido ..!
    Por otra parte, a parte de una crudeza y dureza asumida y asimilable de la vida natural (las persecuciones,la sangre de la caza, los desgarros y aullidos …) mi sensibilidad ha quedado herida en cuanto al trato de los animales. Hablo directamente de maltrato al cachorrillo de lobo en muchas ocasiones, atado a una cadena, arrastrado por un carro … casi al borde de la denuncia (si es que no lo vale !!). Sinceramente, en ese punto he sufrido. Así que para mi,el mensaje naturalista, ha sido MUY ambiguo. No me he sentido a gusto.
    En algún momento, la música también me ha chirriado en los oídos a nivel emocional. En alguna persecución realmente dramática y dura, la música sonaba tipo "aventuras" y me ha parecido casi "irrespetuosa" con la sensibilidad del momento. No soy nada experta en esto, pero justamente por este motivo, me ha llamado mucho la atención el hecho de darme cuenta o sentir este desfase.
    El lobo es maravilloso. La naturaleza es grande y bella. Los humanos somos realmente torpes para convivir con todo esto. Lo hemos demostrado, tal y como va el mundo… pero en mi opinión, la realización de esta película también es torpe .

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  • el 3 mayo, 2015 a las 10:25
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    A ver anónimo…., no confundas naturalista con animalista, son dos términos de significados muy diferentes.
    Las escenas son las que son, ¿como si no plasmar la perspectiva del trato animal en la China de los 60?. De todas formas, las escenas a las que haces referencia no son tan graves. No podemos ser más papistas que el papa.
    Con el autor de este blog estoy muy de acuerdo. Sin ser una gran película, es una buena película para ver en el cine y levantar conciencias sobre que narices estamos haciendo con este planeta y con nuestros congeneres. Se trata de una historia que se repite en la humanidad. P.E.: los indios americanos, los indios amazónicos, …
    No solo estamos exterminando naturaleza, también culturas y modos de vida, seres humanos en definitiva.

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    • el 5 diciembre, 2015 a las 02:25
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      He parado la película a la mitad, si, a la mitad, querido rafa porque las imágenes que estaba viendo respecto al lobo no es que sean desagradables son lo siguiente hieren sensibilidades(si es que se tienen), veo que le quitan toda SU comida cazada que matan a SUS crias, que utizan como reclamo a un cachorro para matar indiscriminadamente a los que puedan y por lo visto aún no he llegado a la escena, gore donde arrastran en una carreta a un lobo… Me puse la película porque esperaba ver algo menos sádico, ni más papistas que el papa ni más hereje que alguno… No son graves? Haztelo mirar. No he visto más que maltrato en 60min. Escenas preciosas de la estepa y maltrato animal. Eso he visto y odio mi rechinar de dientes por la crueldad del ser humano una vez más… En fin ya veré si la termino.

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  • el 5 julio, 2015 a las 17:37
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    Escribo desde México. La he visto en su idioma original con mi hijo. Me ha gustado mucho, y me ha servido para explicarle a mi hijo de la Revolución China, de la intromisión del hombre y la destrucción de la naturaleza, de los pueblos nómadas, hasta decirle que de ésas estepas salió Gengis Khan. Él estuvo maravillado con los lobos…los diálogos como bien dicen, flojos, pero a quién le importan después de mirar la actuación de los lobos.

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  • el 5 marzo, 2016 a las 22:57
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    Película: "El último lobo", o mejor dicho La MATANZA de los lobos.
    Rabia, Angustia, malestar y decepción.
    Una película de matanza, maltrato al lobo y al caballo. Ver como matan cachorros de forma cruel, ver como un anormal, maltrata y encarcela a un lobezno durante toda su infancia, y después, sin capacidades de buscarle la vida, lo "libera" para que muera cruelmente, solo, sin posibilidad de encontrar pareja ni saber relacionarse, ya que ha estado toda su infancia aislado en un zulo, y maltratado por los humanos.
    Realmente genera repulsión…
    No recomendada para personas amantes de los animales o personas sensibles.

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