Crítica de ‘El francotirador’: Catarsis bélica estadounidense

Las críticas de Carlos Cuesta: El francotirador
La guerra ha cambiado y el cine bélico le ha acompañado en su mutación. Cuando Estados Unidos asoció las represalias por el atentado de las Torres Gemelas a la guerra contra el terror inició una política de ataques preventivos que desembocó en una multiplicación de sus Vietnam. Afganistán e Iraq pasaron de cruzadas contra Bin Laden y las armas de destrucción masiva a cuestionables campañas en las que Norteamérica se desengraba. El francotirador es una manifestación de la existencia de un enemigo invisible que hostiga constantemente a los Estados Unidos. Sin embargo esa amenaza no es un hombre con turbante que lee el Corán sino la violencia instalada en su propia cultura que se reproduce como un virus a través del adoctrinamiento patriótico.
Hay algo inquietante pero no sorprendete en el tono ambiguo de la última película de Clint Eastwood, en el ejercicio crítico con pretensiones objetivas en torno a la figura de Chris Kyle (Bradley Cooper), el francotirador más mortífero de la historia militar de los Estados Unidos. Esta producción coloca una representación de la persona delante de la cámara y genera en torno a sus acciones una creíble descripción de la crudeza de la guerra, donde cada sombra es una amenaza e incluso un niño es un enemigo potencial. Pero al mismo tiempo la narración es denuncia por su propia gravedad y una defensa de la conciencia del personaje argumentada en la evidencia del peligro y de la integridad física de sus compañeros. Más aún, una consecuencia del condicionamiento paterno a través de una educación ultracatólica y patriótica. El francotirador es a la vez denuncia y acto exculpatorio y de ese conflicto surge tanto la incomodidad que provoca el film como su faceta más valorable.

La realización de las escenas de combate es elogiable, con un aspecto estupendo, un ritmo excelente y una atmósfera agobiante que traslada el miedo, el peligro y la duda desde la pantalla hasta la sala. La actuación de los personajes es totalmente convincente y arroja al espectador toda la credibilidad que necesita al acercarse a una trama basada en acontecimientos históricos. Quizá las únicas tachas técnicas se encuentren en la escena de la bala que parte hacia el enemigo, y que podemos ver realentizada en plena trayectoria (a mi gusto un tanto inapropiada), y por supuesto la tan criticada escena del bebé falso. Utilizar un muñeco en vez de un niño real es algo para lo que no encuentro justificación posible y que mancha una ejecución visual casi perfecta en el resto del metraje.

Frente a la perfección técnica opongo la falta de sentimiento. El francotirador no ha logrado emocionarme ni sobrecogerme. Quizá es una de esas historias que me queda lejanas porque habla de un héroe que no me pertenece y al que me cuesta identificarme, que no es universal, que es patrimonio exclusivamente americano. Puede ser que la encadenación de situaciones demasiados vistas bloquee el interés de una historia que en verdad es interesante: el estereotipo del padre violento, del sufrimiento y la espera agónica de la mujer que aguarda el regreso del soldado, del estrés postraumático del guerrero que no es capaz de regresar a la vida normal. Los conflictos del protagonista sólo son nuevos porque las guerras son nuevas. A mi modo de ver, el punto fuerte de este relato es la singularidad del personaje pero no creo que ésta esté bien explotada. Tal vez el problema radique en que las únicas condiciones que hacían excepcional a Chris Kyle son son puntería y la convicción ciega. El adiestramiento previo, el adoctrinamiento familiar, la reproducción de modelo social social aparentemente desastroso permiten al hombre disparar sobre cualquier objetivo en defensa de otros hombres que sólo se diferencian de las víctimas en su nacionalidad.
Tengo la sensación de que a El francotirador le falta la distancia temporal respecto de la Historia con mayúsculas, el reposo de los años para acercarse a la figura protagonista de una manera más profunda y menos oportunista. (Las siguientes líneas de este párrafo son Spoiler si no conoce la vida del hombre en la que está basada la película). Chris Kyle falleció en 2013, asesinado en en Estados Unidos en extrañas circunstancias por un veterano al que estaba intentando ayudar. Es irónico y absolutamente revelador que un hombre que había sobrevivido a tantas batallas y a un importante número de atentados fuera asesinado en su propio país por un compatriota. La paradoja necesita poca explicación, pero la escenificación de este hecho, apenas existente, legada a un rótulo al final de la película prácticamente impide la reacción del espectador. Lo inesperado de la tragedia, ocurrida después de que Bradley Cooper se hiciera con los derechos de la autobiogafía de Kyle, han influido forzadamente en la definición del proyecto.
Lo último de Clint Eastwood pese a todas las nominaciones y premios que atesora está muy lejos de lograr la complicidad de Gran Torino, de la emotividad de Million Dollar Baby o del dramatismo de El intercambio o Mystic River. Creo que el mismo director hizo algo mucho más interesante cuando enfrentó los dos bandos de una misma guerra en dos películas distintas: Cartas desde Iwo Jima y Banderas de nuestros padres. El francotirador es una película corriente sobre un hombre excepcional y lamentablemente común al mismo tiempo que desgraciadamente aquí no aparece, igual que el bebé de verdad que nunca llegó.

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Un comentario sobre “Crítica de ‘El francotirador’: Catarsis bélica estadounidense

  • el 27 febrero, 2015 a las 8:03 am
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    A mi es que "Cartas de Iwo Jima" y "Banderas de nuestros padres" me sorprendieron tanto que no pensara que Eatswood fuera capaz de hacerlas.

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