Crítica de ‘Whiplash’: Cuando la música late en las venas

Las críticas de Miguel Moreno: Whiplash


El director novel Damien Chazelle propina un latigazo a nuestra cartelera con Whiplash. Una cinta tremendamente disfrutable por varios aspectos. En primer lugar, es destacable comentar que no tiene por qué gustarte el Jazz para disfrutarla, ni la música en particular. En segundo lugar, las interpretaciones y la dirección resultan tan sólidas que el largometraje resulta muy poderoso: te atrapará desde el principio y no te soltará hasta su fantástico final. No es de extrañar que la crítica especializada se haya deshecho en halagos. Sus 5 nominaciones a los Oscar la avalan, aparte de ser mejor película y llevarse el premio del público en el festival de Sundance.
 

Whiplash no contiene un argumento nuevo. Es más, recuerda al de otros clásicos, que tocando otros aspectos, tienen hoy su lugar de honor en la historia del cine. No obstante, resulta una narración tan atrapante, en gran parte gracias a sus interpretaciones y su ritmo, que no resulta un problema.

La premisa es la siguiente: Un joven baterista de Jazz que estudia en una escuela de música (Miles Teller) resulta escogido por un famoso y duro profesor (un prodigioso J.K. Simmons) que le pondrá al límite para sacar lo mejor de él. A partir de aquí, la obsesión del joven por convertirse en alguien le llevará hasta las últimas consecuencias. La música es un personaje más, y en Whiplash tiene protagonismo honorífico.

La potencia del film es indiscutible gracias a un ritmo bien marcado por el director. En mi caso, que no amo el Jazz con particularidad, la película llegó a apasionarme. Podría resultar tediosa de haber sido abordada por otros ángulos, pero nada más lejos de la realidad, ya que trata la música, y una tan particular como es el estilo que toca, de una forma accesible para cualquier espectador.

El trabajo actoral es uno de sus cimientos más sólidos. El joven Teller realiza una interpretación asombrosa, pero es Simmons el que se lleva los laureles. La mano de hierro con la que dirige sus clases es temida por todos los alumnos, y el baterista lo comprobará hasta las últimas consecuencias, llegando a un clímax final que hará que no puedas apartar los ojos de la pantalla.

Algo a tener en cuenta de el film es que no se limita a que el espectador la vea. Le hace partícipe, le pasa por encima. Cuando termina casi podemos sentir la liberación de la mano que nos atenazaba el cuello, como si fuera el personaje de Fletcher. Sentimos la música golpeando fuertemente en el pecho, latiendo dentro de nosotros. Ese es el gran triunfo de Damien Chazelle, nos introduce en la pasión que sienten sus personajes, y el conflicto que surge y se va alimentando entre ellos.

Se tocan, además, temas que aunque recurrentes, siempre son interesantes: La obsesión por destacar, las consecuencias que acarrea, y la línea que distingue lo bueno de lo excelente. Por otra parte, la relación del personaje de Teller con la chica, aunque no es desechable, si resulta la parte del film en la que se aprecia menos fuerza. Sin embargo, es también un necesario reflejo en el que mirarse: Lo que dejamos atrás por perseguir un sueño. Siempre se paga un precio por ello.

Whiplash resulta un refrescante y electrizante film. Recomendable hasta el último redoble de batería final, si consigue atraparte no te soltará. Nunca J. K. Simmons estuvo mejor, y de hecho querremos verle más en la gran pantalla a partir de ahora, a pesar de haber estado relegado siempre a papeles secundarios. La música resonará dentro de nosotros durante días tras su visionado. Y marca una clara línea de distancia a través de uno de sus mejores diálogos: la diferencia entre ser alguien normal, o alcanzar la excelencia, está tan sólo a dos pasos, que son estas dos palabras: Buen trabajo.

Un redoble de batería que, como un “latigazo”, merece nuestro aplauso al final.

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Un comentario sobre “Crítica de ‘Whiplash’: Cuando la música late en las venas

  • el 11 febrero, 2015 a las 4:12 pm
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    Impresionante. La he visto y me parece una obra maestra. Un ejemplo más de que no hacen falta explosiones, tíos sin camiseta y una banda sonora comercial para que una película te atraiga desde el primer minuto hasta el último…¡Y qué último minuto! Casi no deseaba que acabase la película.

    Estoy poniéndome al día para los Oscars de este año y de momento, Birdman y Whiplash tienen algo en común que me llama la atención. La batería como elemento más de la película. Algo que a priori, no llama la atención, pero que, gracias a esta, consigue que el interés no decaiga en un ningún momento.

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