Crítica de ‘Siempre Alice’: cine de otro tiempo en manos de Julianne Moore

Las críticas de José F. Pérez Pertejo: 
Siempre Alice

Alguna vez he pensado qué haría si mi casa estuviera ardiendo y sólo pudiera salvar una cosa (material se entiende, personas al margen) y siempre he llegado a la conclusión de que cogería mis álbumes de fotos y trataría de salvarlos todos metidos en una caja. Indudablemente tengo alguna pertenencia que en términos meramente económicos es más valiosa, pero sería posible volverla a comprar o reemplazar por otra. Pero no mis viejas fotos, mis recuerdos, mi memoria.

Soy consciente de que en nuestra época, gracias a los discos duros, las nubes y demás zarandajas tecnológicas es relativamente sencillo guardar una copia de seguridad a salvo de catástrofes naturales; pero los que ya tenemos unos años, el único recuerdo que conservamos de nuestras primeras décadas consiste en unas cuantas fotos de papel y con suerte, alguna vieja videocasete con rudimentarias grabaciones familiares.

Lo mismo me ocurre con mi cuerpo. Creo estar preparado para envejecer con dignidad y asumir que con el paso de los años perderé fuerza, velocidad, agilidad e incluso destreza; pero no estoy preparado para que el implacable tiempo me arrebate la memoria, la lucidez y el entendimiento.

Y de esto precisamente trata Siempre Alice, una elegante película dirigida por Richard Glatzer y Wash Westmoreland sobre un guión escrito por ellos mismos basado en la novela homónima de Lisa Génova. Alice Howland es una profesora e investigadora de neurolingüística que a los pocos días de celebrar su quincuagésimo cumpleaños comienza con los primeros síntomas que desembocarán en el diagnóstico de una forma precoz de enfermedad de Alzheimer. A partir de ese momento, lo que hasta entonces ha sido su vida se irá diluyendo como un azucarillo en el transcurrir de su vida académica y familiar.

Glatzer y Westmoreland han construido una película clásica en la forma y sencilla en su discurrir narrativo, y esto, que precisamente hará que la película pase como una obra menor (acaso lo sea), es precisamente su mayor virtud; pues desde el principio queda claro que la única pretensión del film es contar una historia y para ello apoyan todo su trabajo como guionistas y directores en el más potente ingrediente que tienen para hacerlo: una actriz sublime y majestuosa llamada Julianne Moore que vuelve (y van ya muchas veces) a dar un soberbio recital interpretativo sin necesidad de deformidades, prótesis de maquillaje, tics y aspavientos exagerados que han conducido tantas veces a glorificar a un intérprete y a llenarlo de premios.

Julianne Moore nos ofrece durante toda la película su rostro desnudo, sin apenas maquillaje, y sin hacer ni un solo gesto de más nos encoge el alma con su miedo, con su tormento, con su dolor, con su frustración y con su culpa. Ha ganado el Globo de Oro y ganará casi con seguridad el Óscar, pero que nadie la meta en el saco de intérpretes ganadores del Óscar por interpretar a un loco, tarado o enfermo, porque no hay nada de eso en la interpretación de Julianne Moore. En su trabajo sólo hay humanidad y honestidad interpretativa.

El resto de los intérpretes se limita a cumplir con su papel de comparsa, es una lástima que Alec Baldwin sea una vez más desaprovechado haciendo mucho menos de lo que podría hacer, pero indudablemente no es su película, me ha resultado curioso volver a ver a la pareja Alec Baldwin y Julianne Moore en papeles tan dramáticos después de verles haciendo el ganso en la cuarta temporada de la magnífica comedia televisiva Rockefeller Plaza. Tampoco es la película de Kristen Stewart que está bastante mejor de lo que yo esperaba de ella a la vista de su currículum y el resto, Kate Bosworth y Hunter Parrish incluídos se limitan a estar.

El guión no se pierde en vericuetos y esquiva las tramas accesorias con cierta pereza, el pasado de Alice está apenas despachado con dos alusiones a sus raíces familiares y los vínculos entre ella y sus hijos son únicamente un flojo aderezo al plato principal que como se ha dicho es el trabajo de Moore

Siempre Alice es un tipo de cine que ya no se lleva, sin saltos narrativos ni virtuosismos de montaje, emparenta por su concepción formal y estilística con determinado tipo de cine que se hizo mucho a finales de los 70 y comienzos de los 80, y no seré yo quien le censure esta falta de ambición fílmica pues como espectador, a veces, sólo necesito que me cuenten una historia bien contada (no todo va a ser Christopher Nolan) y Siempre Alice lo hace sin demasiadas trampas, únicamente podría acusarse al film de cierto abuso de la música no diegética en algún momento especialmente intenso, pero eso lo han hecho hasta los grandes del cine, así que el que esté libre de pecado que tire la primera piedra.

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