Crítica de ‘Project Almanac’: Viajes en el tiempo para adolescentes

Las críticas de Óscar M.: Project Almanac
El pasado 2012 se estrenó Chronicle, una nueva versión de qué es ser diferente en la adolescencia cuando se consiguen superpoderes especiales. En aquella se desarrollaban todas las posibilidades y maldades que un joven podía hacer con una fuerza sobrehumana y mucha rabia contenida.
En el presente tenemos Project Almanac, que nace casi de la misma idea, pero aplicada a los viajes en el tiempo. Explorando la posibilidad de volver a vivir el pasado con la capacidad de recordarlo y modificarlo a nuestro antojo y en nuestro beneficio.

La estética de Project Almanac sigue muy de cerca a Chronicle y es imposible no comparar ambas producciones. Las dos utilizan el recurso de “cámara en mano” o “metraje encontrado” (que parece que sigue causando furor entre los jóvenes, aunque ya no tenga nada de novedoso en el mundo del cine) y ambas introducen el componente científico mezclado con el de la ciencia ficción para conseguir que la nueva audiencia acuda a las salas de cine (aunque lo que a ellos les guste sea descargarse la película desde casa).
Las similitudes con la película de Josh Trank son constantes: ambientación, estilo argumental, efectos especiales… pero no por ello la propuesta de Welcome to yesterday (primer título que tuvo la película) es menos entretenida o divertida. De hecho, el aspecto desenfadado y de diversión está más presente en ésta (quizás por la producción de MTV Films, llegando incluso a introducir una visita al Festival de música Lollapalooza) que en la de los nuevos superhéroes.
Como la anterior, la película está protagonizada por actores poco conocidos y que representan a casi todos los tipos de adolescentes para que la audiencia se sienta identificada: el guapo protagonista inteligente, el amigo gordito que es rechazado por sus compañeros, el representante étnico, la hermana rubia acosada y la chica morena estrella del instituto e interés amoroso del protagonista. Con un reparto tan amplio, los guionistas casi han conseguido que sea Dawson crece con viajes en el tiempo, y el director Dean Israelite atrapa la naturalidad con unas interpretaciones correctas de unos personajes muy comunes.
Siguiendo con las comparaciones, si extrapolamos el componente de cienciaficción al de las drogas, ambas películas introducen muy bien el concepto de lo atractivo que puede parecer para los jóvenes probar cosas nuevas, pero en los dos casos hay que tener muy presente que los actos tienen repercusiones posteriores y pueden provocar daños irreparables, como la muerte (en las dos representadas con la desaparición de un amigo por una acción irresponsable).
Tanto musicalmente como a nivel de montaje vuelve a notarse la presencia de MTV Films, la esencia del videoclip impera en todo el metraje, llegando a su máxima representación con la asistencia al Festival. Además, son innumerables las referencias a la cultura popular, tanto a películas como a series de televisión, de forma física (cuando ven un DVD) o a través de divertidas conversaciones.
Dejando de lado las constantes dudas temporales y paradojas que pueden surgir (como por qué no se encuentran consigo mismos cuando vuelven al pasado una y otra vez para que uno de ellos apruebe un examen o cuando se saltan “literalmente” el desplazamiento físico al volver de sus viajes), la película tiene la idea principal de pasarlo bien y disfrutar del momento, transmitiendo al público el conocido ideal del “carpe diem”, porque el pasado no volverá y no habrá segundas oportunidades.
Project Almanac ofrece todo lo que se puede esperar de una película por y para adolescentes: pasar un rato entretenido, diversión sin preocupaciones (pero sí con consecuencias), aprender algo de ciencia y disfrutar del presente, porque no sabemos qué nos deparará el futuro.

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