Crítica de ‘Dioses y perros’: Boxeo, amor y la luz al final del túnel

Las criticas de Fernando QuinteroDioses y perros

Pasca está inmerso en una vida gris que él mismo se ha autoimpuesto. Pasa sus días cuidando de su hermano minusválido, recibiendo golpes como sparring e intentando ayudar a Fonsi, su mejor amigo, un exboxeador alcohólico que malvive al borde del abismo con una mujer y un hijo que cuidar. Anclado en la crisis y la falta de esperanza, tratará de despertar de su pesadilla, ante la irrupción en su vida de Adela, una joven profesora que llega al barrio y le hace volver a ver las cosas de una manera más optimista. Pero los problemas con Toni y, sobretodo, con Fonsi le situarán en una difícil encrucijada que cambiará su vida para siempre. Y la de los que lo rodean.

Algo que caracteriza al cine español, es la gran personalidad que tienen los personajes de las películas, aunque hay algunas veces que se exagera. Sin destripar mucho, podemos ver como Adela (el personaje de Megan Montaner) es quizá demasiado exagerado en sus primeros minutos, aunque esto se olvida en los minutos posteriores de la película, llegando el personaje a enamorar en algunos momentos. Quizá sea porque todos hemos conocido alguien así o quizá porque esto se debe a la evolución del personaje. Sea como sea, Megan Montaner no sólo se propone conseguir el afecto de Pasca (Hugo Silva), sino que consigue llevarse el de los espectadores (al menos el mio)
En esta película hay un fondo social y personal que no oculta nada y que, por así decirlo tiene cuatro categorías. La crisis, el amor, la familia y el boxeo. Estas son las cuatro palabras que definen la película y que evolucionan en todo momento, siendo la finalidad de la misma. Por eso, este marco en donde se mueve la película, es muy realista, algo que se agradece en el cine actual. Típico del cine patrio, donde lo problemas sociales nunca se han ocultado y, como si fueran envidiables, se muestran  con gran orgullo.
Chapó por la relación que muestran entre Hugo Silva y Elio González con sus personajes. El vinculo que tienen los hermanos y que ha querido mostrar David Marqués, es de lo mejor que se puede encontrar en la película. Digo esto con conciencia y sabiendo que las relaciones entre hermanos nunca son como se muestran en las pantallas de cine y televisión. Aquí podemos ver como mientras uno sale de la ducha, el otro entra para hacer de vientre (finamente hablando), desprendiendo el hedor por toda la casa y fastidiando al hermano que ha quedado con su novia. Nunca una relación fraternal me había parecido tan bien plasmada y llevada de una manera tan fiel al cine y lo digo con conocimiento de causa.
Esto hace que sienta una debilidad con el personaje de Pasca, quien ha sabido llevar Hugo Silva en todo instante con dignidad. La manera en la que antepone a los que ha hecho daño antes de a sí mismo, me ha hecho sentirme identificado y bajar la guardia en algunos instantes y con la seguridad que no seré el único que le habrá pasado esto, en cuanto a la proyección de la película.
Un dato llamativo es que en Dioses y perros vemos curiosamente a Adrían Gordillo (El Mecos de la serie de televisión Aida) y curiosamente vuelve a interpretar al típico niñatillo ladrón de barrio de extrarradio. Mi duda al verle en esta película es, ¿por qué le dan trabajo si ya hemos visto en televisión que no sabe actuar?
David Marqués ha sabido utilizar muy bien la fotografía, sabiendo jugar a la perfección con las escenas y sabiendo en todo momento cuando recurrir a esos tonos oscuros que acompañan en casi todos los instantes a Pasca, por no decir que son todos. Vuelvo a alabar el trabajo de Hugo Silva por ser una parte fundamental en este sentido.
Los momentos musicales son llevados de buena manera por parte de Mario de Benito, teniéndolo fácil tras el consentimiento de Tylas J. Pallas para utilizar todo su material. Estos instantes donde la música de Pallas suenan a ritmo de las escenas son trepidantes.
Dioses y perros me ha dejado un tanto frío. Me ha gustado, pero  pensé que vería una versión moderna y españolizada de Snatch: Cerdos y diamantes, siendo su cartel y el telón de fondo del boxeo lo que me inducía a pensar esto. No obstante, dentro de esta frialdad, se han hallado pequeños destellos que hacen que Dioses y perros no disguste del todo.
Nota: Crítica recuperada y editada de su primera publicación con motivo de su proyección en el 17 Festival de Málaga.

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