Crítica de ‘La entrega’: Cine negro atemporal

Las críticas de Óscar M.: La entrega
Una de las cosas que da calidad a una película es que sea capaz de llegar a varios tipos de espectador y que sea posible su visionado en varios momentos temporales. La entrega es una muestra perfecta de cómo conseguir dicho efecto: construir una historia de cine negro que podría haber sido hecha hace diez años o dentro de una década en el futuro.
La película narra cómo en un barrio cualquiera de una ciudad cualquiera la mafia acumula el dinero obtenido ilegalmente en un bar elegido al azar. Cada cierto tiempo un bar es elegido para albergar una gran cantidad de dinero, ni el propietario sabe que su bar será el elegido hasta la noche en cuestión. Lo malo es que los enemigos de la mafia están al acecho y también quieren hacerse con tan fabuloso botín.

La construcción del argumento de La entrega (basado en la novela corta “Animal rescue” de Dennis Lehane) recae claramente sobre tres actores que demuestran sus sobradas cualidades interpretativas sin el más mínimo esfuerzo: Tom Hardy (que borda el papel de camarero sin demasiadas preocupaciones y con una inteligencia limitada), Noomi Rapace (la chica aparentemente sin relación con ambiente del bar o las transacciones) y James Gandolfini (que continuó arrastrando el peso de su personaje en la serie Los Soprano con soltura, incluido su ya clásico “¡Que te jodan!”).
Los tres personajes se ven rodeados y enredados en una trama que se va complicando hábilmente por momentos, con giros de guión a veces sencillos o comunes y, en otros momentos, extremos, que les obligan a tomar decisiones drásticas, mientras que el espectador asiste estupefacto a una complicada historia con infinidad de niveles y múltiples capas ocultas, intentando desenredar una excelente historia poblada de secundarios e historias paralelas.
Todo narrado desde un punto de vista muy común, donde cada plano está aprovechado y cada escena tiene un motivo (aunque a veces la cotidianidad de los actos de los personajes pueda resultar intrascendente o los diálogos lleguen a carecer de sentido o coherencia) y con unas interpretaciones correctas, sobrias y coherentes, sin altibajos, aunque manteniendo un tono al mismo tiempo desasosegante y natural, conseguido gracias a una fotografía fría y casi helada (tanto en las escenas interiores como en los exteriores).

Estas características ayudan a no situar temporalmente la acción y consiguen que el espectador disfrute del argumento y las interpretaciones sin más preocupaciones, pudiendo recuperar su visionado dentro de una década, que mantendrá su atemporal atmósfera y su intriga intacta.

El hábil montaje es otro acierto que consigue que el espectador no se pierda y se interese por una historia bien narrada (a pesar de su complicación por la proliferación de nombres propios), que recurre a menudo a situaciones anteriormente vistas en la trama o a conversaciones entre personajes hablando de la escena anterior (obviando los estúpidos e innecesarios flashbacks mal editados de muchas películas actuales).

La entrega es una de las mejores películas de intriga del año sin necesidad de recurrir a pomposas puestas en escena o artificios innecesarios, sólo con unas correctas interpretaciones y una historia perfectamente redonda donde cada una de las tramas tiene una resolución.

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