Crítica de ‘Jersey boys’: Representación melómana teatralizada

Las críticas de Óscar M.: Jersey boys
La trigésimo tercera película del actor Clint Eastwood como director es Jersey boys, adaptación al cine de la obra de teatro basada en la vida del cuarteto musical The four seasons, un grupo liderado por Frankie Valli (único miembro original del conjunto que actualmente continúa en activo) surgido en la década de los sesenta y que están considerados como uno de los mayores vendedores de discos de la historia.
Jersey boys se adapta directamente desde la obra teatral, por lo que contiene todos los clichés del género musical (que ya han podido verse en otras adaptaciones como Los miserables o Mamma mia!), como narrar la creación del grupo, las discusiones, la ruptura y el posterior reencuentro de los integrantes del grupo o el origen azaroso de los temas más emblemáticos de la banda.

Tal vez éste sea el mayor defecto de la película: que todo lo que el espectador ve en pantalla se asemeja demasiado al teatro y la película no arriesga a nivel visual, no consiguiendo alejarse lo suficiente de su representación teatral y manteniendo la estructura y narrativa de la obra. Tampoco ayuda que casi todo esté rodado en interiores (o que las escenas exteriores sean tan “artificiales”, aunque no es del todo algo negativo, ya que el ambiente de los años sesenta y setenta está perfectamente controlado) o los primeros planos de actores hablando directamente a cámara (hábil recurso para implicar al público y acelerar la acción), que bien podrían ser los actores del teatro en mitad de la representación.
Narrativamente recuerda mucho a otras adaptaciones como Dreamgirls y aunque hace una breve referencia a Behind the candelabra (ambas historias son paralelas en el tiempo) es excesivamente para todos los públicos y se obvian ciertos detalles históricos o se insinúan relaciones que tal vez podrían haber sido más explotadas al tratarse de una película, pero pasan levemente por la pantalla.
Y aunque a su favor tiene unos efectivos golpes de efecto cómicos y que huye de las escenas rebuscadas o morbosas (de nuevo, evitando crear algo más grande que la obra de teatro), intenta atacar a la fibra sensible del espectador con momentos como “My eyes adore you”, aunque Eastwood sólo consigue que el público se emocione con la interpretación de la mítica “Can’t take my eyes off of you” (canción favorita de Eastwood y el verdadero motivo de realizar la adaptación).
En el aspecto musical es obviamente inmejorable y los seguidores del grupo o de la obra de teatro saldrán encantados de la sala de cine, las canciones tienen un gran apoyo visual a la hora de representar fielmente las interpretaciones de los temas en los diferentes escenarios o actuaciones para televisión y, como curiosidad, destacar el videoclip final durante los créditos (otro guiño a la obra de teatro).
La interpretaciones de Vincent Piazza y John Lloyd Young (quien destaca como descubrimiento cinematográfico tras protagonizar la obra de teatro original y demuestra su talento a la hora de imitar los tonos del cantante Frankie Valli) son sobradamente complacientes, el personaje de Renée Marino puede rozar peligrosamente la sobreactuación en el tramo final de su personaje (aunque está soberbia en sus primeras escenas), pero quien está a sus anchas es Christopher Walken, su personificación de Gyp DeCarlo es tan natural que parece que siempre ha hecho este trabajo (como si la historia no fuera con él).
Ver la película en formato sing-a-long (que es el nombre que recibe una película cuando el patio de butacas canta y baila las canciones durante la proyección) y con una banda de música que apoya a los temas musicales es, sin duda, la mejor forma de ver Jersey boys: con música en directo, de manera desenfadada y pasando un buen rato escuchando buenas canciones.

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