Crítica de ‘Moiré’ (Cortometraje): Una ostia en plena cara

Las críticas de Óscar M.: Moiré
Pocas veces el cine se atreve con propuestas tan crudas y reales como lo hace Moiré, y lo hace porque puede y porque Juancho Bañuelos y Estefanía Cortés han escrito una historia brillante y natural que te atrapa en pocos minutos.
Moiré tiene como protagonista al pequeño Sergio (interpretado por Hugo Arbués, un joven actor de sólo 8 años que se merienda los diálogos como si fuera un bocata de chorizo), pero a pesar de ser el centro de la trama, la historia gira en torno a su madre soltera y a sus abuelos maternos.

El corto tiene un ritmo muy lento y pausado, pero desde la primera escena el espectador ya puede intuir que “algo” pasa con Sergio. Algo que sus familiares saben y unos están llevando mejor que otros. Un misterio que queda resuelto en el último tramo y que está mostrado con tanta sencillez que a nadie debería resultarle ni algo extraño ni un escándalo.
Pero antes de que el espectador pueda asimilar lo que lleva suponiendo durante todo el metraje y que ha quedado confirmado visualmente, Moiré te da una ostia en la cara y se acaba. Los cortos son así. Te remueven por dentro y te dejan con la boca abierta con la resolución.
El trabajo de Hugo está reforzado e inmejorablemente arropado por el de Inma Cuesta, Ana Gracia y Miguel Zúñiga (a su manera), los cuales desarrollan unos personajes muy sólidos, con muchas caras y con una personalidad muy fuerte. Otro acierto del guión.

Y todo ello con una iluminación sombría, unos tonos oscuros para las escenas familiares, que se contraponen a la luminosidad (y el colorido) de las escenas en las que Sergio juega en la habitación. Una joya.

Bañuelos y Cortés acaban de empezar (es su primer corto, tras colaborar en Los días no vividos), pero ya se nota que tienen un gran futuro cinematográfico (si la industria del cine se lo permite) por delante. Casi cada plano de Moiré te hace girar la cabeza buscando más información, como si pudieras abrir el plano y ver lo que hay “extra” en cada escena.
Pero donde realmente se demuestra su enorme profesionalidad y su brillante factura es en el plano final, donde Sergio es el absoluto protagonista y que cierra la trama. Una exquisitez visual y una planificación milimétrica que sólo son capaces de tener los grandes directores de cine.

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