El próximo 5 de mayo llegan a Filmin las tres temporadas completas de Hannibal, la aclamada serie creada por Bryan Fuller y protagonizada por Mads Mikkelsen y Hugh Dancy. Ganadora de siete premios Saturn, la serie recupera el origen de la relación entre Hannibal Lecter y Will Graham para convertirlo en algo mucho más extraño, sofisticado e inclasificable que un thriller criminal convencional.
Tras años fuera de las plataformas, y convertida con los años en una obra de culto, Hannibal fue celebrada por su audacia formal y su radical singularidad, un thriller psicológico, sensual y perverso que reinventó el universo de Thomas Harris.
En la serie, Will Graham, que trabaja en el FBI como analista de crímenes, tiene una capacidad innata para empatizar con los psicópatas, lo que le permite entender sus motivaciones. Pero, cuando se da cuenta de que la mente del asesino en serie que está buscando es demasiado compleja incluso para él, recaba la ayuda de uno de principales psiquiatras del país, el Dr. Hannibal Lecter.
Antes de Mads Mikkelsen, el doctor Hannibal Lecter tuvo dos encarnaciones legendarias: Brian Cox en Manhunter y Anthony Hopkins en El silencio de los corderos. Pero Bryan Fuller quería llevar el personaje hacia otro territorio, menos monstruo icónico y más presencia seductora, mitológica e inquietante.
Su elección fue Mikkelsen, pese a las reticencias iniciales de la NBC, que prefería nombres más reconocibles como Hugh Grant o John Cusack. Fuller lo tuvo claro desde el principio. A lo largo de 36 episodios, Mikkelsen construye un Hannibal sofisticado, perverso y magnético, muy lejos de un simple villano. Su química con Hugh Dancy, en el papel de Will Graham, es además uno de los grandes motores de la serie, cargando la relación entre ambos de una tensión emocional y erótica que redefine por completo el material original.
Lejos de limitarse a adaptar a Thomas Harris, Bryan Fuller convierte Hannibal en una reinterpretación radical de su universo. Cuando convocaba a los directores de la serie les advertía:
Esto no es un episodio de televisión. Es una película de autor pretenciosa.
Y la serie responde exactamente a esa premisa: con una estética exuberante, casi operística, transforma cada crimen en una instalación artística, cada cena en una naturaleza muerta siniestra y cada episodio divaga entre el horror, la poesía y el camp.

Pero una de sus grandes innovaciones está en cómo Fuller desplaza el centro del relato hacia una lectura queer de la relación entre Hannibal y Will. Para el creador, esa dimensión ya estaba latente en el material original y llevarla más lejos fue “una extensión natural” de ese universo. Lo que en otras versiones era apenas subtexto aquí se convierte en motor dramático: una intimidad ambigua, a ratos romántica, a ratos depredadora, que Fuller ha descrito incluso en términos de atracción erótica.
Extraña, excesiva y asombrosamente libre para una serie emitida en una gran cadena generalista, Hannibal sigue siendo un caso prácticamente irrepetible.
Descubre más desde No es cine todo lo que reluce
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.




























