Crítica de ‘Dom Hemingway’: Excentricidad británica

Las críticas de Miguel Moreno: Dom Hemingway
 
Richard Shepard, director de films como El Matador o La sombra del cazador, nos trae al Jude Law más malcarado y sinvergüenza de todos los mafiosos británicos: Dom Hemingway. Sus alocadas peripecias harán las delicias de unos y la pérdida de paciencia de otros. La cinta resulta tan irregular que lo mejor que podemos hacer es no apartar la vista de Jude Law, deleitarnos con la breve aparición de Emilia Clarke y olvidarnos poco a poco del resto.

 
 
 
Si algo hay que destacar de Dom Hemingway es la facilidad que ha tenido su director de afear la bonita cara de Jude Law, y presentarle como uno de los personajes más desagradables e histriónicos que ha tenido la oportunidad de interpretar. Acostumbrados a ver a Law en papeles de chico guapo y conquistador encantador, aquí es todo lo contrario. Un mafiosete venido a menos que tras salir de la cárcel, querrá cobrarse l que es suyo por mantener la boca cerrada, mientras se encuentra con situaciones inesperadas tras tanto tiempo entre barrotes. La trama, como veréis, no es precisamente el punto fuerte, e irá lastrando la cinta irremediablemente.  
 
Lo que prometía una enfurecida y descarrilada visión de ese micromundo con el peculiar personaje de Hemingway como principal atractivo, se irá diluyendo desgraciadamente gracias a un flojo guión y a unas “maneras” que, simulando a ese genio que es Quentin Tarantino irán precipitándose por la montaña hasta despeñarse sin remedio. Ni Shepard es Tarantino, ni su guión es a prueba de bombas. Y es una lástima, sobre todo por todo el esfuerzo puesto por parte de Law, que crea un personaje que, si no memorable, sí llega a los mínimos para ser disfrutable y ofrecer un puñado de escenas divertidas.
 
El problema principal lo ofrece precisamente su desmesura. El guión se arrastra hacia el final, mientras vemos a Hemingway pasar por mil penurias y desastres. Los 13 kilos que engordó nuestro galán de poco le han servido en esta ocasión, por mucho que haya cambiado su fisonomía el proyecto en el que se embarca no le favorece lo suficiente. Feo, bebedor, golfo y ladrón, Law se merece el único y breve aplauso de la función.
 
Un par de pinceladas de originalidad (todo el momento del accidente de tráfico) y momentos pretendidamente escandalosos y divertidos, como la escena con la que se abre el film, dan paso a otros muchos olvidables, que dejan el producto varios escalones por debajo de lo esperado, junto con un metraje excesivo, Si a esto le sumamos lo mucho que pretende imitar a directores de mayor enjundia como Guy Ritchie, y películas mucho mejor resueltas como pueden ser Snatch, cerdos y diamantes, con diálogos y situaciones realmente brillantes de las que aquí sólo vemos sucedáneos,  pronto nos veremos obligados a confinarla en el polvoriento cajón del olvido.
 
Enfrentarse a Dom Hemingway puede resultar un verdadero reto, tanto por un Jude Law excesivo en todas sus facetas, como por una historia que va perdiendo fuelle hasta hacernos perder el interés. Se sostiene, por contra, gracias a un guión medianamente original y la personalidad que imprime Law a su personaje, del cual nunca sabremos por dónde va a salir. Pero el conjunto finalmente, es muy prescindible y falto de fuerza. Como reza el cartel promocional, “Jude Law es Dom Hemingway, y tú no”. Para el caso, mucho me alegro de no serlo. Otra vez será. 

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