Crítica de ‘¿Qué he hecho yo para merecer esto!!’: Avalancha de procacidades encadenadas

Las críticas de Carlos Cuesta: ¿Qué he hecho yo para merecer esto!!

Entre el primer largometraje de Almodóvar y ¿Qué he hecho yo para merecer esto!! hay sólo seis años de diferencia; ese breve espacio de tiempo nos da una idea de lo cerca que estamos del origen de esta filmografía y de su esencia. En esta etapa se subraya el espíritu provocador del cineasta, tanto en la forma como en el argumento y en la manera de desarrollarlo. El título presente nos vale como ejemplo. El suplicio doméstico de Gloria (Carmen Maura) es el discurso principal de una película en la que los personajes y sus excentricidades relatadas en tramas paralelas se amontonan, se superponen y cohabitan, mostrando la vida como algo alocado, imprevisible, caótico, trágico, absurdo, agotador y agobiante.
Gloria es una ama de casa que se gana la vida como asistenta y que se encuentra atascada en un matrimonio infeliz con un taxista (Ángel de Andres López, Manos a la obra); él es el puro estereotipo del marido insensible que una vez en casa no para de quejarse de no merecer un plato frío después de haber trabajado todo el día. Ambos viven con sus dos hijos menores (uno trafica con droga y el otro se acuesta con el padre de su mejor amigo) y con la madre del marido (Chus Lampreave), una mujer muy simpática, tacaña y lunática que está deseando abandonar Madrid. Juntos componen la foto de una familia más miserable que humilde y en estas circunstancias la mujer acude a las drogas para aguantar una agotadora jornada y una vida insoportable.

Antes de adentrarme a fondo en la filmografía de Almodóvar  conservaba la idea de que sus películas eran una amalgama de rarezas, de acumulación de estampas marginales en relatos excitados por el consumo de droga y el sexo promiscuo o de alquiler; elementos puestos a cocer en la olla de la España cañí que daban como resultado un guiso difícil de clasificar. Es la idea que me sugiere esta película que ahora comentamos. La mezcla de culturas, de situaciones aparentemente inconexas y la avalancha de procacidades provocadoras tiene una digestión más que difícil.
En ¿Qué he hecho yo para merecer esto!! está muy presente una de las paradojas fundamentales del director, la de adentrarse en la España profunda, y una vez allí mezclar ese escenario con el deseo de mostrar otros idiomas, otras culturas, la existencia de otros países y de vida más allá de los límites de la cutre, colorista y folclórica cotidianidad española. 
Casi todo en la película nos habla de infelicidad, de confusión, de ganas de escapar, a través de las penalidades de una fabulosa Carmen Maura atrapada en un matrimonio sumiso que se nos presenta como una suerte de prostitución (idea enfatizada por la actuación de un joven Almodóvar interpretando La bien pagá). Mientras vivimos esta historia de abnegación femenina, comprobamos que la vida vecinal urbana se plantea como como algo estrambótico  y surrealista. Madrid es como un personaje más, pernicioso para la vida de las personas, y por eso abandonar esa ciudad y regresar al pueblo se presenta como el único bálsamo capaz de curar tanta desdicha (una idea que ya hemos reseñado en películas anteriores).
El marido de la protagonista es un hombre poco cariñoso y atrapado en los recuerdos de un pasado más feliz en Alemania. Escucha una y otra vez una canción germana que Gloria no soporta y que se convierte en un símbolo de la monotonía de una vida que se repite sin fin. Por obra de los azares forzados que acostumbran a colarse en las películas de este realizador, uno de los clientes del taxista reconoce la canción, dando pie a una conversación sobre el talento de este hombre para la falsificación. Todo ello da lugar a una subtrama y a que ciertos personajes se relacionen entre sí, provocando nuevos encuentros y más casualidades, nada absolutamente definitivo ni imprescindible, pero que nos irá acercando a los pensamientos de los personajes. 
Con tanto revoltijo es complicado concebir el propósito de algunas secuencias. El cliente pretende dar un pelotazo falsificando la biografía de Hitler, aprovechando el talento delictivo del taxista y el hecho de que ya inventó en el pasado una obras similar. Para ello recurre a una antigua amiga alemana del taxista, dando lugar a una extraña conversación en francés que aborta un intento de suicidio de la mujer (¿por qué en francés, si ella es alemana y Almodóvar podría haber concebido el guión con un cliente que hablara alemán?). Finalmente la mujer termina suicidándose en otra escena. Todo se queda en un McGuffin, en un recurso rebuscado para hacer avanzar la acción.
Este bombardeo de ideas quizá haya que plantearlo dentro del contexto de una obra cinematográfica completa. Los conceptos recurrentes entre unas y otras películas del director se retoman en escenarios diferentes pero reconocibles. El tránsito de una idea obsesiva en la cabeza del director tiene su desarrollo completo en títulos posteriores ejecutados por un Almodóvar más sereno. Si dejamos reposar ¿Qué he hecho yo para merecer esto!! (alejándola del Madrid de los 80 y de La Movida) y la barnizamos un poco parece convertirse en Volver. Uno puede reconocer algo del personaje de Penélope Cruz en la Carmen Maura de ¿Qué he hecho yo…, y algo o casi todo de Chus Lampreave en las Lampreaves de Volver y de La flor de mi secreto. 
Pese a la penosa situación de los personajes que aparecen en esta historia, en el relato también encontramos un lado cómico muy bien explotado. Chus Lampreave es graciosa, natural, alocada, muy divertida con sus frases sin orden ni concierto, con su lagarto encontrado en la calle al que bautiza con el nombre de Dinero. Por su parte, Verónica Forqué interpreta a la vecina de al lado, una jovial prostituta que se apodera de una buena colección de frases hilarantes: “Qué frío hace en tu casa”, dice un tanto indignada y medio desnuda, para rematar preguntando a su vecina si no tendrá por ahí un látigo. El cliente del taxista justifica el desorden de su casa con una divertida excusa: “Está todo manga por hombro. Es que mi mujer y yo nos dedicamos a la literatura”. Este mismo autor, en una conversación, recibe la siguiente contestación de su mujer: “¿por qué no te maquillas tú la polla?”. El hombre concluye la absurda conversación que venían entablando sobre las noticias y una guerra diciendo “El Líbano eres tú”.
¿Cómo encaja todo esto en el mismo puzzle? Almodóvar se ha revelado muchas veces como un maestro del collage. La barriada, las vecinas, las porteras, las asistentas, el frío de Madrid y las ganas de abandonar la ciudad conviven con todas esas cosas que me hemos contado, con una niña con poderes mentales (que a mí me sobra en esta historia) y con un ama de casa que limpia un gimnasio de kendo. Ella mira como los artistas marciales practican y se desahoga entrenando con su fregona, o con una espada de bambú cuando los deportistas se han marchado. Acaba matando a su marido con un certero golpe de esgrima propinado con una pata de jamón. La paradoja almodovariana acaba encontrando la manera de unir la esgrima japonesa con algo tan español como un jamón serrano.

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