Crítica de ‘Mejor otro día’: Eso te gustaría haber pensado antes de decidir ir al cine

Las críticas de Cristina Pamplona “CrisKittyCris”: Mejor otro día


Hay un dicho que reza «Es mejor estar sólo, que mal acompañado», aunque no sé si eso es aplicable al momento en que te encuentras en una cornisa a la espera de reunir la valentía suficiente para lanzarte al vacío. Tal vez esa en principio incómoda compañía nos salve la vida.

Esta es la premisa de Mejor otro día, la adaptación cinematográfica de la novela de Nick Hornby “A Long Way Down” (no me hagáis entrar en porqué en este país retitulamos las películas de manera tan absurda). Cuatro extraños se encuentran en la azotea de un edificio londinense la noche de Año nuevo. Cada uno de ellos tiene una razón para terminar con su vida, y, sin embargo, deciden que pospondrán su suicidio hasta San Valentín con el fin de servir de grupo de apoyo los unos a los otros y así decidir si se precipitaron a la hora de tomar una decisión tan definitiva.


La idea, en principio curiosa, y llevada con mucho humor y ternura por Hornby, se queda, en su versión cinematográfica, vacía y carente de encanto. Y es que Mejor otro día es demasiado sosa para ser comedia, y demasiado falsa para ser un drama.

Debí desconfiar en el momento en que me enteré que dirigía la cinta Pascal Chaumeil. Si bien es verdad que Los seductores es una agradable comedia, Llévame a la luna ya resultó algo mediocre. Con Mejor otro día sencillamente te preguntas como puede un director con tan buenos actores y una base argumental sólida naufragar de esa manera, sin llegar siquiera a avistar el puerto.

El encargado de la adaptación, Jack Thorne, que ha trabajado en varias series de la televisión inglesa, no ha sabido dar conexión a la vida de los cuatro protagonistas, y todo queda flotando esperando a que el espectador se imagine la historia, pero sin pistas y sin gracia a excepción de un par de chistes aquí y allí.

Si hay algo que salvar, es el elenco de actores. Un Pierce Brosnan (Muere otro día, Mamma Mia!) siempre correcto da el toque de salida al argumento con su incuestionable encanto británico. Qué decir de Toni Collette (La boda de Muriel, El sexto sentido)… perfecta,  dentro del poco juego que han sacado a su talento tanto para el drama como la comedia. Su Maureen es, sin duda, la de la novela, lástima que no nos hayan dejado verla más allá de un intento por provocar la lagrimilla, que además fracasa. Aaron Paul (Need for Speed) llegó de rebote al papel de J.J (pensado en un principio para Emile Hirsch) y se mete en él con calzador, haciendo que te preguntes si ha logrado deshacerse de Jesse Pinkman, el personaje que le hizo famoso en la serie Breaking Bad, aunque tal vez por eso me guste. Y por último, sin duda lo mejor de la película, la preciosa y divertida Imogen Poots (Need for Speed, 28 semanas después) que parece transpirar encanto, tanto es así que su personaje prima por encima del resto, y al final no sabes nada ni del suyo ni de el de los demás.

Sin duda es curioso que un libro de Nick Hornby, que tanto facilita la adaptación de sus libros, fracase tanto al ser convertido en guión, pero es que parece que ni Jack Thorne como guionista, ni Pascal Chaumeil como director hayan llegado a entender si lo que tenían entre manos era un drama o una comedia. Y en lugar de desarrollar a los personajes hasta que sus vidas parezcan algo más satisfactorias -lo suficiente como para no estamparse contra el suelo desde un decimocuarto piso-, los mantienen en un standby emocional y luego, sin lubricar siquiera, nos clavan un final cursi y poco creíble.  

El plato fuerte de las adaptaciones de novelas de Hornby, y de sus propios guiones, es la banda sonora. Como buen crítico musical que ha sido, sus novelas tienen su propia banda sonora…o la tenían, porque lejos de seguir el ejemplo de sus predecesoras, aquí la música pasa no a un segundo plano, sino a un plano tan alejado que apenas es perceptible. Algún tema conocido, como la versión de “I Will Survive” que hizo Cake, y otro que agradeces descubrir, como “Youth” de Daughter, pero por lo demás nada destacable. Incluso el genio de Dario Marianelli, que ganó el Oscar por la banda sonora de Expiación, parece haberse puesto a componer sin ganas, con el único fin de terminar pronto y cobrar.

En fin, por ahora, mi gran decepción del año. ¿Os sangrarán los ojos al verla? Obviamente no, ni siquiera merecería un puesto entre las diez peores películas de la historia, pero creo que será de agradecer verla en casa en DVD, o aprovechando una oferta dos por uno en el cine,  disfrutando de sus pocos golpes de humor, pero agradeciendo no haber malgastado tu dinero.

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