Muere Shirley Temple a los 85 años

No hay dos sin tres. Si hace poco más de una semana nos dejaban Philip Seymour Hoffman y Maximilian Schell, hoy nos ha dicho adiós la primera niña de Hollywood (con permiso de Mary Pickford), Shirley Temple.

El rostro coronado por cincuenta y seis tirabuzones dorados que interpretó a la protagonista en la primera versión de La pequeña princesa (1939) o puso cara a Heidi por primera vez, ha fallecido hoy en su residencia en California a los 85 años. 


Shirley Temple comenzó en el cine con tan sólo cuatro años. Su aspecto angelical, su dulzura y un don especial para el claqué, la bautizaron en seguida como la hija de América, convirtiéndose en uno de los rostros más célebres del cine durante La gran depresión, y llegando a ser la estrella más taquillera de Hollywood durante cuatro años seguidos.
Los directores supieron explotar su talento para la danza añadiendo números musicales a su películas, pero no contentos del todo con la gallina de los huevos de oro, los magnates de la industria se las ingeniaron para mantenerla niña alterando su certificado de nacimiento hasta que ni ella misma supo la edad que tenía. 
Su profesionalidad y capacidad para centrarse en su trabajo maravillaba a sus compañeros, y en 1934 la Academia de los Oscar creó un premio especial para ella por su papel en Ojos cariñosos.
Shirley Temple nunca fue un juguete roto, y supo retirarse a tiempo cuando se dio cuenta de que nadie dejaría de verla como una niña. Trabajó durante unos quince años, y más tarde probó suerte en la televisión. Pero su camino ya se estaba dirigiendo hacia la diplomacia. 
Lo cierto es que para ser una de las estrellas del Hollywood dorado, su carrera cinematográfica queda achicada por su currículum posterior. Se involucró en el Partido Republicano, sirvió de delegada de Estados Unidos en el extranjero, fue embajadora en Ghana y Checoslovaquia, perteneció a la junta directiva de The Walt Disney Company, y recibió varios doctorados honoríficos de prestigiosas universidades americanas. 
Se va una mujer que desde niña mostró una determinación adulta para conseguir sus propósitos. Una de esas figuras que se han hecho icónicas a pesar de una carrera tan breve, y uno de los últimos rostros de la edad de oro de Hollywood.

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